Científicos, pintores y cuentistas

La pasada semana tuve el privilegio de escuchar a algunos de los científicos más destacados del mundo. Fue en Donostia, en el marco del encuentro “Passion for Knowledge”. Hablaron de ciencia, sí, pero también hablaron del mundo, de los seres humanos, de sus anhelos, de los retos que afronta la Humanidad. Fue un verdadero placer oir lo que decían. Comprobé, una vez más, que la gente de gran nivel suele tener cosas interesantes que decir y suele decirlas, además, muy bien, -de manera que lo podemos entender todos-, y con un entusiasmo contagioso.

Anteayer estuve en la inauguración de la exposición de Jesus Mari Lazkano en el Bellas Artes de Bilbao. Jesus Mari es un crack. Conozco a algunas personas, pocas, a las que no gusta su pintura. A mí me entusiasma, desde hace años. La obra que pintó para la Universidad del País Vasco y que hoy “adorna” su Aula Magna, en Leioa, es impresionante; y recoge muy bien la esencia de lo que es la universidad vasca: la institución que crea y transmite conocimiento del más alto nivel en todos los campos del saber y que lo hace en un entorno y un país concreto, Euskadi. La exposición que acaba de inaugurar Jesus Mari es espectacular; es la representación pictórica de una transición, entre la arquitectura y la naturaleza, y un homenaje explícito al museo. La exposición consiste en un conjunto de imágenes extraordinarias en las que naturaleza y arquitectura se encuentran, a veces se oponen y a veces se interpenetran. Jesus Mari no solo es un pintor excelente; se expresa, además, muy bien. Quizás tenga que ver con su condición de profesor universitario. Merece la pena escucharle hablar de su obra, sus cuadros adquieren otra dimensión.

Ayer asistí a un coloquio entre escritores. La Casa del Libro reunió ayer a Jon Bilbao, Txani Rodríguez y Pedro Ugarte para hablar de cuentos. Hablaron de cuentos y de literatura. Y me ocurrió una cosa que siempre me pasa cuando oigo hablar a buenos escritores. Me interesa lo que dicen. Suele ser personas inteligentes (aunque hay excepciones notables), que dedican mucho tiempo a reflexionar sobre los seres humanos, sobre su condición, sus miserias y sus grandezas. Y luego escriben. Inventan (o recrean) situaciones que les sirven para plasmar lo que han pensado, su visión de la naturaleza humana. Pues bien, además de que me suele interesar lo que dicen, también me gusta cómo lo dicen. Alguien pensará que eso no tiene mayor misterio; al fin y al cabo son escritores. No digo que no, pero me sigue pareciendo envidiable el dominio que tienen de la lengua; lo bien que la utilizan: la palabra precisa, el matiz idóneo, el tono adecuado. Con ellos no hay confusión ni en los términos ni en los registros.

Esto era todo, todo lo que quería contar. Aquí no hay sorpresa final, ni tampoco mensaje ¿o si?