Percepciones electorales

El sondeo que publica DEIA este fin de semana prevé una participación razonablemente alta el próximo domingo. Pasaría del 65% de 2008 al 73% ahora. Es cierto que hace cuatro años la izquierda patriótica no se presentó y eso explica esa subida pero, en todo caso, ¿dónde queda el desprestigio de la política? ¿qué está en juego en estas elecciones que contrarresta ese desprestigio? Creo que la respuesta es que lo que está en juego es la consoldación definitiva de la paz.

Los vascos no nos hacemos ilusiones con respecto al papel de los partidos en la salida de la crisis; tampoco creemos que en los partidos haya gente preparada. Así las cosas, los motivos para votar a una u otra opción electoral tienen, erróneamente, poco que ver con esas cuestiones.

Los vascos, en conjunto, no parecemos muy satisfechos con los líderes del PP; quizás a eso se deba el pobre resultado que prevé el sondeo para este partido en la CAV. A pesar de todo, yo no lo acabo de tener tan claro. La tendencia a favor del cambio de gobierno en España no se va a manifestar aquí con la misma intensidad, pero creo que esa ola tendrá sus efectos.

A favor del PSE juegan varios factores. Es el partido cuyo candidato a presidente de gobierno despierta, por comparación con el del PP, más simpatías entre nosotros. Sus cabezas de listas aúnan conocimiento público y buena valoración. Y finalmente, es el partido al que más méritos se le otorgan en relación con el cese de la actividad terrorista. Al respecto, es muy llamativo que entre quienes manifiestan su intención de votar al PP, casi se igualan los porcentajes de los que atribuyen más mérito en ese aspecto al propio PP y quienes se lo atribuyen al PSE. En contra, claro está, actúa el desastre económico español, del que el electorado reponsabiliza, en buena medida, a los gobiernos de Rodríguez Zapatero.

A favor de Amaiur actúa, en primer lugar, el estado de movilización permanente de su electorado tradicional. Por otro lado, y esto ya ocurrió en las elecciones de mayo, muchos nacionalistas de izquierdas ya no castigan a esa opción política como lo hacían en el pasado por tener la percepción de que era connivente con el terrorismo. Y por último, también juega a su favor el hecho de que un buen número de votantes nacionalistas piense que es el modo más eficaz de conjurar una posible vuelta de ETA a las andadas. No es cierto que eso sea así, pero mucha gente lo piensa.

El PNV se encuentra en una posición intermedia, con las ventajas e inconvenientes que ello conlleva. A su favor juega el papel que se le atribuye de defensa de los intereses de Euskadi, -o sea, de los vascos-, en Madrid. Por otro lado, en lo concerniente a la búsqueda de la paz, se le reconoce un papel proactivo, y aunque seguramente tal papel ha sido y será determinante, esa percepción no ha acabado de calar en el electorado.

Resulta significativo que las percepciones del electorado del PNV con especto a las circunstancias del final del terrorismo se aproximan o coinciden con las percepciones medias del conjunto del electorado. Las del resto de electores se alejan en una dirección (PSE y PP) o la contraria (Amaiur) de los valores medios, pero las de los votantes del PNV se asemejan de forma notable a esas percepciones medias. El electorado nacionalista ocupa, por lo tanto, una posición central en la sociología política vasca, y eso complica a sus líderes las cosas. Es la servidumbre de la centralidad, el escenario al que deberá enfrentarse en adelante. En un mapa político con cuatro grandes actores muy equilibrados, las opciones centrales del rombo se encontrarán en condiciones idóneas para articular mayorías de gobierno pero, en contrapartida, deberán acertar con el discurso y las políticas que desarrollen.