RAE: Nosotras existimos

La vicepresidenta del gobierno español, Carmen Calvo, pidió hace tiempo a la Real Academia de la Lengua Española un informe sobre la posibilidad de modificar el texto de la Constitución para adaptarla al lenguaje inclusivo. Pretendía Calvo que la ley suprema por la que se rigen los hombres y mujeres de este país incluyese mediante el lenguaje a los dos géneros, pero la pretensión se ha quedado en eso, en un deseo no cumplido.

La RAE no ve motivos para modificar el texto y lo ve «gramaticalmente impecable» así que salvo mínimas reformas, la Constitución se queda como está. Solo ha encontrado un par de zonas de «incertidumbre» en todo el articulado en lo que al género se refiere.

La primera tiene que ver con las fuerzas armadas. Dice la Constitución que «los españoles tienen el derecho y el deber de defender a España». En el año 79 eran escasas las mujeres que pertenecían a esas fuerzas pero dado su aumento, 40 años después sí que puede haberse quedado anacrónica la frase, dicen. Eso sí, como en el imaginario popular cuando se dice «los españoles» intuitivamente entran ellos y nosotras pues nada, se queda como está. Será en el imaginario de los y las académicas porque en el mio solo aparezco cuando dicen «las» y no «los».

Otra de las incertidumbres que encuentra la RAE hace referencia a la Jefatura del Estado. Puede que sí, puede que la reina aparezca como subordinada al rey y que «no urge pero sería conveniente desdoblar la palabra rey y reina». Y como el término «princesa» no aparece, tampoco urge pero no estaría mal incluirlo.

Así que la RAE, la entidad que cada año incluye nuevos términos en el diccionario porque su uso popular así lo indica, no considera necesario visibilizar mediante el lenguaje a las mujeres.

Parece increíble que un organismo que se encarga de velar por el buen uso del lenguaje, que es el que construye la realidad, no tenga en cuenta el clamor de tantas y tantas mujeres que pedimos algo tan sencillo y justo como ser visibles.

Podemos decir almóndiga, toballa, culamen o moniato pero no podemos decir «los y las españolas» en la Constitución. ¡Qué pena de lenguaje, qué pena de academia!

Consejo de Ministras

¿Consejo de Ministras? ¿Consejo de Ministros? ¿Consejo de Ministras y Ministros? ¿Cuál es la expresión más apropiada ahora que ese organismo está formado por once hombres y once mujeres?

Hay quien lo tiene claro. El español tiene ese género neutro que nos engloba a todos y todas y por lo tanto hay que seguir empleando lo del Consejo de Ministros. Hay también quien considera que esa fórmula ha sido utilizada en el tiempo en el que la presencia de las mujeres en la política era escasa pero que hoy, con paridad absoluta, se podría utilizar lo de Consejo de Ministras. Una tercera vía dice que si hay un mayor número de mujeres que de hombres es cuando está indicado decir lo de Ministras pero no cuando ellos son mayoría.

Así que en todo esto ha terciado la RAE, la Real Academia de la Lengua Española, con la intención de solucionar el entuerto y que hablemos con propiedad. Aboga por seguir utilizando el género neutro, es decir, Consejo de Ministros pero le parece también correcto el uso de «Consejo de Ministros y Ministras».

Esta última fórmula es por la que voy a optar yo. Me parece inclusiva y justa, algo que no me parece el famoso género neutro.

A lo largo de su historia la RAE ha ampliado los vocablos a los que da cabida por el hecho de ser utilizados de manera masiva y popular. Es decir, la Academia tiene capacidad de maniobra y decide cada año que, por ejemplo, palabras como caranchoa, guasapear o lideresa entren a formar parte del diccionario. Parece que ha llegado el momento de ampliar el uso del género femenino y no emplear el neutro por defecto. Hay que hacer un ejercicio de trabajo personal para que cuando hablemos incluyamos a las mujeres a través del lenguaje. La comunicación, cómo decimos las cosas y a quien incluimos o excluimos en cada caso, determina la forma con la que nos relacionamos hombres, mujeres.

No es un Consejo de Ministros porque hay mujeres en la misma proporción. No es Consejo de Ministras porque hay hombres representados de la misma manera. Hablemos entonces sí, de Consejo de Ministros y Ministras aunque aún haya a quien le chirríe usar el masculino y el femenino. Dejar a alguien fuera está muy feo y ¡qué cosas! siempre son las mismas las que se quedan al margen.

Amor total y definitivo

Vaya por delante que los cursillos prematrimoniales que la iglesia católica hace cumplir a las parejas formadas por hombre y mujer (las formadas solo por hombres o solo por mujeres no son admitidas en esa institución) me parecen absolutamente respetables. Al fin y al cabo es su negocio y ellos ponen las normas. Quienes quieran casarse por la iglesia deberán respetarlas y conocer bajo qué premisas y postulados se casan cuando deciden hacerlo en esa religión y no en otra.

Dicho esto vamos con lo que nos ocupan. “Itinerario de Formación y Acompañamiento de novios Juntos en Camino, + Q2«, el proyecto de la iglesia católica para acompañar, preparar y ayudar a los jóvenes que están viviendo su noviazgo hacia la vocación matrimonial. El itinerario, compuesto de doce temas, se desarrollará a los largo de los dos años previos al matrimonio. No es de carácter obligatorio por lo que los contrayentes podrán seguir con los anteriores cursillos de 20 horas que el obispo Iceta considera » insuficientes».

Recuerdo un libro muy similar a esta propuesta que había en mi domicilio familiar. Supongo que era el que facilitaron a mi padre y a mi madre cuando decidieron casarse. No era un libro religioso pero sí planteaba más o menos lo mismo que el itinerario que ahora promueve la iglesia. Era un texto absolutamente machista en el que la mujer debía siempre estar preparada para recibir al hombre en el momento que este quisiera y como quisiera. Hay cosas que no cambian demasiado porque en el texto «actual» se ofrecen directrices similares.

Muy comentada ha sido esa que propone a los maridos que los días en los que tenga intenciones de tener relaciones sexuales con su mujer se ocupe de algunas tareas domésticas y lleve a los niños al parque. Así, la mujer podrá echarse una siesta, estará más descansada a la hora de practicar y no sentirá pereza, que ya sabemos que es uno de los siete pecados capitales. Al parecer se dieron cuenta en el último momento de que se pueden tener relaciones sexuales a otra hora que no sea la nocturna y que el postulado era directamente machista y anacrónico y decidieron eliminarlo.

‘Que cada uno de vosotros ame a su mujer como a sí mismo, y que la mujer respete al marido’, “la capacidad de comunicación es una habilidad que reside en un área del cerebro que está típicamente más desarrollada en las mujeres que en los hombres por lo que en general la mujer tendrá mayores destrezas comunicativas que el varón. Además, la mujer prioriza las relaciones humanas y la comunicación frente a otras actividades y por lo tanto tiene una mayor necesidad de estas”, «el área encargada de pensar en el sexo es 2,5 veces mayor en el hombre que en la mujer. Es por esto por lo que se aprecia un mayor deseo o pensamientos más recurrentes en ese sentido en el varón que en la mujer”. Osea, que somos nosotras las que tenemos que respetar, que somos muy de hablar y de volverles locos con nuestra palabrería de 8.500 palabras diarias frente a las 3.500 que utilizan ellos y que lo de pensar en sexo es cosa de hombres.

La Iglesia pretende frenar el número de divorcios con este itinerario. El 40% de las parejas se rompen en los primeros cinco años de convivencia y el 60% aguanta hasta los 15. La idea es que cuando demos el sí, lo hagamos para siempre. “Los esposos, libremente, se entregan el uno al otro, de forma total y definitiva”. No se han dado cuenta de que el amor, sí, es eterno pero solo mientras dura.  

Fútbol, industria sin escrúpulos

«El fútbol es una industria». No son mis palabras, no, son las de Ernesto Valverde, el entrenador del Barca. No es que Valverde nos haya descubierto la pólvora, es simplemente que no le gusta la nueva fórmula de la Supercopa que se está disputando en Arabia Saudí. A mí lo que no me gusta es que se dispute allí, al margen de que sean dos, cuatro o veinte los equipos implicados en el negocio. Efectivamente, el fútbol es una industria a la que le faltan escrúpulos. Cuanto más dinero pueda mover, y algunos ganar, menos importa si el lugar en el que se disputa protege a su población y sus derechos.

En el caso que nos ocupa, pese a haberse denunciado por activa y por pasiva la situación que viven no solo las mujeres sino cualquiera que piense, sienta o viva diferente, el negocio ha seguido adelante. Desde la Federación Española de Fútbol no han movido un solo dedo para frenar lo propuesto por su Presidente, es decir, jugar en un país que ofrece suculentos beneficios por hacerlo. Ya sabemos que hay quien se tapa la nariz y sigue avanzando en la inmundicia. Otros, por desgracia, no necesitan ni taparse la nariz. 

Se vanaglorian algunos de que gracias a la Supercopa hay mujeres que entran libremente en los campos de fútbol. Pues bien, les convendría acercarse a las vivencias que están teniendo algunas de las mujeres periodistas que han ido a cubrir el campeonato. Acceder al campo sí pero cuando han ido a acceder a la piscina de su hotel para darse un chapuzón después de currar, su gozo se ha ido al pozo al haberles negado la entrada por el mero hecho de ser mujeres. Y esto es solo un botón un poco tonto que sirve como muestra de situaciones mucho más graves, gravísimas, que se dan en un país que ha sabido camelar a la federación española de fútbol y utilizarla en su favor. Vamos, que han lanzado la caña y han conseguido que piquen quienes solo ven dólares y miran hacia otro lado en lo que a degradación se refiere, ya sea de mujeres, de homosexuales o cualquier otro grupo débil y manipulable dadas las circustancias.

Han andado vivos los saudís. Saben que el fútbol mueve a miles de personas que se olvidan absolutamente de lo que ocurre a su alrededor cuando rueda el balón y lo han utilizado para blanquear sus lapidaciones de mujeres y homosexuales, entre otras muchas cosas terribles. No, las mujeres, por ejemplo, no pueden moverse libremente por el país ni pueden tomar decisiones sin consentimiento masculino pero como han podido entrar a los campos de juego para presenciar los encuentros, la libertad ya es total. ¡Ni por el forro!

Cuando se planteó que esta supercopa se jugase en Arabia Saudí, muchos, muchas nos echamos las manos a la cabeza viendo la jugada: dinero para las arcas españolas a cambio de vender una imagen de igualdad y respeto falsas absolutamente. Y para más inri, desde la propia Real Federación Española de Fútbol se publica un tuit en el que se ve a una mujer presenciando un partido con el texto siguiente: «Foto para la historia. Por primera vez las mujeres acceden en condiciones de igualdad a un partido de fútbol». Efectivamente es una foto para la historia pero sobre todo porque viene a demostrar que, volvemos a Valverde, el fútbol es una industria. Sin escrúpulos. 

Quince años

Termina este 2019 al mismo tiempo que la Ley Integral contra la Violencia de Género cumple quince años. En ese tiempo, más de un millón y medio de mujeres han denunciado maltrato.

Lo cierto es que los datos, las cifras, no son demasiado alentadoras. Termina el año 2019 con 55 mujeres asesinadas y con 1033 en el triste contador que llevamos desde que se comenzó a contabilizar a las víctimas en el año 2003.

¿Es buena esta ley? Rotundamente sí. Tener una ley que proteja a las mujeres es bueno de salida pero hay obstáculos que aún hay que salvar y modificaciones que hacer. No parece que sea una prioridad de la clase política, más preocupada de ocupar sus sillones que de evitar las agresiones y los asesinatos. Que no digo yo que no les preocupen pero lo cierto es que no les «ocupan».

Entre los cambios importantes a introducir en la ley destaca la necesidad de que todas las mujeres violentadas por el mero hecho de serlo engorden las estadísticas. No se trata de sumar por sumar sino de que la magnitud del problema quede patente sobre la mesa. Las víctimas contabilizadas son muchas, sí, pero la triste realidad indica que son muchas más. Aquellas mujeres que no han sido agredidas por sus parejas o exparejas siguen sin formar parte de ese listado. Ahí hay un reto importante: modificar el concepto de víctima de la violencia de género.

Hay mucho más pero otro de los fundamentales es aportar los fondos económicos necesarios para poner en marcha nuevos juzgados que atiendan a la víctimas. Eso sí, nuevos juzgados con jueces y juezas instruidas en perspectiva de género para aplicar la norma con las gafas moradas puestas.

Quince años protegidas por la Ley, sí, pero quince años en los que las mujeres continúan sintiendo el pretendido acompañamiento como algo lejano.

Llega el 2020. ¿Avanzamos?