El macho desconcertado y la langosta

Llevo días oyendo hablar de Jordan Peterson, un psicólogo y profesor canadiense que se ha convertido en el gurú de miles de jóvenes que dicen sentirse protegidos y respaldados por la ideología de este hombre ante el ataque de las “langostas”. Sí sí, las langostas, han leído bien. Asegura que desde hace 350 millones de años, las hembras langosta eligen a los mejores machos para la procreación mientras ellos pelean por el territorio. La misma división de tareas que hemos repetido los humanos, asegura. Las langostas somos nosotras, amigas lectoras. Los machos luchan por el territorio, las hembras por el mejor macho.

En una entrevista concedida al diario El País, el tal Peterson asegura, por ejemplo, que “hay múltiples razones para que los hombres ganen más que las mujeres: hacen trabajos más peligrosos, en el exterior, se desplazan, trabajan más horas, eligen trabajos orientados a las cosas y no a las personas y ahí es más fácil escalar. Las mujeres son más agradables por temperamento, no por prejuicio, y asociar esto a los prejuicios contra las mujeres es un análisis muy simplificado de la situación”.

Más perlas: “Los hombres no eligen a las mujeres en base a su estatus socioeconómico, y las mujeres sí. Si eres mujer y vas a estar en posición de vulnerabilidad porque vas a tener hijos, buscarás un hombre hipercompetente y generoso. Ellas eligen hombres más ricos. También tres o cuatro años mayores, con mejor situación económica, más responsables. Y ellos se juntan con mujeres por debajo de su escala”.

Respecto a la violencia de género, el impulsor de la teoría de la langosta asegura que es más probable que seas víctima de ella si eres hombre, pero que suele ser una consecuencia de la falta de proporcionalidad en la fuerza. “Si una mujer pega a su marido es probable que no le haga demasiado daño”.

Totalitarios de guante morado, así es como se refiere a aquellas personas que trabajamos por la igualdad, la no discriminación y la búsqueda, entre otras cosas, de un lenguaje inclusivo.

Lo preocupante de todo esto no es solo que personas como Peterson lancen este tipo de mensajes. Lo preocupante es que alguien que predica la afirmación masculina desde la diferencia y la superioridad tenga ya más de dos millones de compradores de sus “12 reglas para vivir, un antídoto al caos” y que el 80% sean hombres, especialmente jóvenes a los que se les hace saber que quienes intentan “feminizarles” a la fuerza son unas fascistas.

Peligro, otro más.

 

 

 

 

 

 

El tamaño sí importa

Me gusta mucho comprobar que a mi alrededor son cada vez más personas las que viven con las gafas moradas puestas. Quiere esto decir que estamos mirando la vida con los ojos alerta ante la desigualdad, que no pasamos por alto las situaciones discriminatorias y que alzamos la voz cuando vemos algo que nos chirría. Lo digo porque cada día me llegan denuncias de titulares en prensa, imágenes publicitarias, diferencias en empresas, etc, etc, etc. Son denuncias que lanzan hombres y mujeres comprometidos/as y militantes, como yo, del feminismo, es decir, de la igualdad entre sexos.

Ayer fueron varias las personas que me enviaron una doble fotografía con la imagen de las y los ganadores del trofeo Teresa Herrera de fútbol. Las dos categorías, la masculina y la femenina, las ganó el Athletic de Bilbao, pero recibieron premios diferentes. Ellos, una enorme Torre de Hércules que está considerado uno de los trofeos más grandes del mundo. Para ellas otra Torre de Hércules pero 50 centímetros más pequeña.

¿Qué mueve a un Club a no equiparar los tamaños de los trofeos para no dar lugar a situaciones de desigualdad? Posiblemente no lo hagan con intención de establecer diferencias, pero lo hacen. Puede que la falta de personas en su directiva que vivan con las gafas moradas puestas o con cierta sensibilidad hacia la perspectiva de género sea el motivo de tan burda diferencia.

Las redes sociales han echado chispas con este asunto. En general, tanto hombres como mujeres han opinado que no hay razón para esta diferencia de tamaño pero también he leído muchos mensajes en los que se afirma que el fútbol femenino no genera los mismos ingresos que el masculino y que por tanto los premios han de ser acordes a su rentabilidad.

Opino que la repercusión del deporte femenino será mayor y más rentable cuanta más difusión le den los medios de comunicación. Hasta hace bien poco, las disciplinas femeninas pasaban absolutamente desapercibidas. Ha sido la labor de quienes estamos “dale que te pego” a la reivindicación la que nos ha llevado a ocupar algo más de espacio en la prensa, la radio y la televisión. Solo un poco más que hace unos años, de momento. Cuanto más se hable de nuestro trabajo más conocerá el público la existencia de mujeres en todos los deportes y mayor será su repercusión. Aumentará así el público y con ello, los ingresos publicitarios.

Mientras tanto, dejémonos de trofeos grandes y pequeños. El grande para ellos, los futbolistas. El pequeño para esas chicas que dan patadas al balón. Así no.

Y tampoco fomentamos la participación de las mujeres en otros deportes haciendo pruebas diferenciadas para ellas y para ellos. Es el caso de esta carrera a disputar en Llanos del Camello. Propone para ellos un recorrido de 6,4 kilómetros y para nosotras uno de 4,6. De locos.

 

De premio, un bikini

Que las iniciativas en favor de la igualdad tengan respaldo público es fundamental para que lleguen a buen puerto. Lo triste es que conseguirlo dependa única y exclusivamente de la sensibilidad que los y las políticas tengan en este sentido.

Hoy quiero felicitar a la senadora de Nueva Canarias, María José López Santana, por llevar al Senado una proposición de ley para reformar la Ley de Igualdad y que las administraciones públicas sólo puedan organizar, financiar, subvencionar o patrocinar competiciones deportivas que concedan el mismo premio para hombres y para mujeres, siempre que se trate de la misma disciplina y categoría. Esta premisa afectaría tanto a las competiciones profesionales como a las de aficionados.

Tiene razón la senadora cuando afirma que la desigualdad en los premios está más generalizada de lo que pensamos. Siguen abundando las pruebas como algún maratón que otorga un premio de 800 euros para ellos y de 400 para ellas o ese campeonato de surf que destacaba María José y en el que al ganador se le premió con mil euros y a la ganadora con un bikini, sí, sí, un bikini.

Cierto es que cada prueba tiene derecho a establecer los premios como quiera, pero no es menos cierto que cuando están respaldadas por instituciones y dinero público deben respetar escrupulosamente la ley y ser igualitarios. Las pruebas organizadas por empresas privadas también deben respetar la ley pero tristemente sus decisiones las toman en muchos casos sin perspectiva de género.

Hay que agradecer la sensibilidad que muestran cada vez más responsables públicos en torno a la igualdad. Llegará un momento en que ni nos planteemos si una medida está tomado o no con perspectiva de género. Ojalá no sea un sueño ese momento. El deporte debe servir, entre otras muchas cosas, para transmitir valores. La igualdad es uno de ellos.

 

 

 

Behobia con #RunneaWomenTeam

Una de cada cuatro personas que hemos corrido la última edición de la Behobia San Sebastian somos mujeres. Esta carrera se ha marcado como objetivo conseguir que para el 2015, el 50% de corredores sean hombres y el otro 50, mujeres. Vamos por buen camino. Este año hemos corrido un 24% de mujeres.

Ha habido cambios importantes en este sentido. La “Feria del Corredor” ya no se llama así sino que se llama “feria de la carrera” y muchos de los actos paralelos a la carrera han tenido que ver con mujeres.

Yo he corrido este año con el #runneawomenteam, un grupo de diez mujeres que nos habíamos propuesto cruzar esa meta animando a otras muchas a hacer lo mismo.

Pinchad AQUÍ para saber cómo ha sido.