C/Ana Orantes

Ana Orantes, la primera mujer que denunció públicamente las agresiones físicas y psicológicas a las que le sometía su marido, ya tiene su calle en Sevilla. Yo me alegro infinito de que un ayuntamiento haya tomado esta decisión con la que ser recuerda el coraje y el valor de una mujer que dijo basta y recurrió a un medio tan potente como la televisión para denunciar el calvario que a diario sufren cientos de mujeres. La denuncia le costó a Ana la vida. Su marido la asesinó dos semanas después, la quemó viva.

La propuesta de dedicar una calle a Ana Orantes partió de
la Asociación Hombres por la Igualdad de Sevilla y ahora, en pleno centro de la ciudad, junto a la Plaza Pedro Zerolo y la Alameda de Hércules, está ya rotulada.

El alcalde de Sevilla, Juan Espadas, decía en el acto de inauguración que “hace 21 años, la sociedad le falló a Ana Orantes”. “Ella fue ejemplo de las víctimas de una violencia machista y salvaje que tenían que salir a la calle a decir basta ya. Lo denunció ante todos y ante todas, pero no fuimos capaces de dar la respuesta que teníamos que dar. 21 años después tenemos que conseguir dar una respuesta definitiva a este drama que nos duele en el pecho y en el corazón”. Nunca mejor dicho.

Es importante que la primera mujer que se atrevió a hacer público su sufrimiento sea recordada por toda la ciudadanía. Por aquellos/as que tenemos grabado en la memoria el testimonio de Ana Orantes y por la gente más jóven, para que sepan quién fue la primera mujer que
sacó la violencia machista del ámbito doméstico para convertirla en un asunto de interés público e impulsó el cambio de la legislación, la judicatura y la perspectiva que se mantenía sobre estos asesinatos hasta ese momento.

La próxima vez que vaya a Sevilla pasaré por la calle Ana Orantes. Como homenaje, como recuerdo y como respeto.

Matanza viral y en directo

Ya hemos visto a través de una red social la primera matanza en directo. Por supuesto, se ha convertido en viral, es decir, ha saltado de móvil en móvil sin que casi nadie se haya parado a pensar en las consecuencias de que miles y miles de personas confundan la vida real con un videojuego.

El autor de la matanza de 49 personas en dos mezquitas de Nueva Zelanda no solo retransmitió su ataque en directo por Facebook durante 17 minutos sin que los responsables de la red hicieran algo por impedirlo. Previamente Brenton Tarrant, el asesino, avisó de sus planes también en las redes sociales. El vídeo ha corrido como la pólvora y ha reabierto el debate sobre la nula capacidad de las empresas tecnológicas para frenar este tipo de publicaciones y para controlar los mensajes de odio que se lanzan en las redes.

Hace un par de años, Facebook creó una herramienta para frenar las publicaciones violentas. Sin embargo, durante la matanza en las mezquitas de Christchurch, la red social fue incapaz de cortar esa comunicación que, además, había sido anunciada por el atacante que incluso pidió a sus seguidores que siguiesen la escena en directo.

Instagram, Twitter, Youtube, Facebook, cualquiera de estas redes sociales han servido para viralizar un contenido que nos hace reflexionar sobre su papel como canalizador de mensajes violentos y sus consecuencias. Y sobre todo reflexionar acerca de la posibilidad de réplica de situaciones similares.

Ha sido la primera matanza anunciada y retransmitida sin que nadie la haya podido parar. Cada día las redes sociales nos dan la oportunidad de retransmitir nuestra vida y nuestras acciones sin filtro alguno. Horas y horas de vídeos que nadie visiona previamente y que saltan a la red sin saber qué consecuencias puede tener que circulen libremente. Matanzas, agresiones, violaciones y mil situaciones violentas se convierten en virales. Eso sí, quien comparte estos vídeos y le da al famoso “me gusta” también es responsable de que la cadena no se rompa. Hay que ser muy desalmado para dar “like” a una matanza como la de Nueva Zelanda. Y ha tenido miles y miles de ellos.

Peligro.

Que se mueran las feas

Mujeres italianas protestan por la decisión judicial

Esta es la primera frase que se me ha venido a la cabeza cuando he leído que dos acusados de violación han sido absueltos porque la víctima era “demasiado masculina, fea y poco atractiva para ser violada”. No es de extrañar que la sentencia haya levantado toda una ola de indignación en Italia, que es donde se ha dictado.

Llama la atención que las juezas que han tomado esa decisión hayan sido tres mujeres que han hecho suyos los argumentos de los acusados, para quienes la chica tenía un aspecto muy masculino, era fea y no les gustaba para nada, hasta el punto de que el presunto autor de la violación la tenía registrada en su teléfono con el nombre de “vikingo”. 

Tras conocerse la sentencia, la red feminista Rebels Network organizó manifestaciones con mensajes como ” Vergüenza, indignación, la magistratura necesita formación”. No nos son ajenos este tipo de lemas. Por desgracia los hemos utilizado también aquí después de conocer montones de sentencias vergonzantes a través de las cuales se revictimiza a las agredidas. Parece que a parte de quienes reparten supuesta justicia no les vale con que se sufra una agresión por parte de unos energúmenos que drogan y agreden sino que hay que darles doble ración con insultos y tratamiento vejatorio.

Afortunadamente las protestas generalizadas no han caído en saco roto. El Ministerio de Justicia de Italia ha anunciado que va a examinar la sentencia que anulaba la condena a 5 y 3 años de cárcel que se había dictado anteriormente para los dos acusados de haber drogado y violado a la joven de 22 años a la que consideraban fea, masculina y “cero violable”.

Sin duda, las palabras que se utilizan, no solo en la justicia sino en la vida civil, constituyen en ocasiones como esta una forma más de violencia contra la mujer.

Por supuesto que sí, que se necesitan profesionales de la justicia mejor formados en estos asuntos y , sobre todo, más empáticos. Solo les ha faltado tararear aquello de “que se mueran las feas”. Total, son solo feas.



Causalidades

Creo más en las causalidades que en las casualidades. Y más en el caso que va a ocupar este artículo.

Cuando la hinchada del Athletic llenó las gradas de San Mamés con casi 50.000 personas viendo un partido del equipo femenino fueron muchas las personas que hablaron del buen tiempo, de que la entrada era gratis o de que había ganas de juerga para justificar el récord histórico. Fue el partido de fútbol femenino con más público de la historia.

El pasado fin de semana se volvieron a batir récords de asistencia de actividades deportivas protagonizadas por mujeres. Más de 10.000 personas fueron a ver al Osasuna “de chicas” mientras que en baloncesto se establecía también una marca histórica cuando casi 13.000 almas llenaban el graderío del Wizink Center de Madrid. Habitualmente a las mujeres del Estudiantes les ven, en un buen día, unas 600 personas. El finde pasado multiplicaron esa cifra hasta alcanzar un dato jamás alcanzado antes.

¿Casualidad? No, causalidad. Y la causa no hay que buscarla lejos. Si tantas personas han decidido ir a ver deporte femenino es, ni más ni menos, porque el mensaje va calando, cada vez más público sabe que también las mujeres dan espectáculo y las disciplinas protagonizadas por mujeres van cobrando más importancia a medida que se hacen más visibles.

De esto también somos responsables los medios de comunicación. Cuanto más visibilicemos una causa, más fácil será que el público sepa que tal o cual encuentro va a disputarse y opte por acudir a los estadios. De lo que no se habla, no existe. Lo sabemos bien en todos los ámbitos de la vida. Si jamás hablamos del fútbol, el baloncesto, el atletismo, el tenis o cualquier otro deporte protagonizado por féminas nadie sabrá que existe, tendrá menos repercusión pública y no generará esos tan cacareados “rendimientos” que sí genera el deporte masculino sobre el cual escribimos con ríos de tinta. Qué digo ríos, auténticos océanos.

Necesitamos seguir transitando por este camino y que cada vez el deporte protagonizado por mujeres ocupe más espacio en los periódicos y más minutos en la radio y la televisión. Aún es esta una asignatura pendiente porque “poderoso caballero es don dinero” y sigue ocupando mayor espacio el deporte que más ingresos genera. Sin embargo ha llegado el momento de que todos y todas demos un paso adelante, exijamos el mismo trato para el deporte de ellos y de ellas y podamos disfrutar de la igualdad también en el deporte.

“Nos decían que era imposible, por eso lo hicimos”. Es, en plural, una frase del célebre Mark Twain que bien refleja la realidad. Queda un camino inmenso para la alcanzar la paridad pero ya que estamos metidas en ese camino, no salgamos ni dejemos que nos saquen.

Hay mil motivos

Hay mil motivos. Este es uno de los lemas de este 8 de marzo.

Yo hoy me sumo al manifiesto de las mujeres periodistas vascas y lo suscribo punto por punto:

La Asociación Vasca de Periodistas y el Colegio Vasco de Periodistas, con motivo del 8 de marzo y con el recuerdo siempre presente de la lucha de miles de mujeres durante tantos años en pos de los mismos derechos que los hombres, quiere manifestar todo su apoyo a las manifestaciones, movilizaciones, paros y marchas que este día se desarrollen para seguir avanzando hacia la plena igualdad mujer/hombre.

. Porque al tiempo que nos congratulamos de la igualdad legal mujer/hombre prácticamente alcanzada en nuestro entorno, no podemos callar ante la desigualdad real que permanece en la vida cotidiana.

. Porque objetivamente la falta de igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres es una batalla aún por ganar.   

. Porque en el ámbito familiar la mujer es todavía la responsable principal de las labores domésticas, la cuidadora principal de niños, de mayores y en su caso de los enfermos.  Y porque en ejercer estos roles no está la desigualdad, sino en el hecho de no poder elegir serlo o no, y porque además no se reconoce que esto es también trabajo.

. Porque siendo mejores estudiantes y obteniendo mejores calificaciones, sus carreras profesionales son más cortas y menos brillantes, con un suelo de barro y un techo de cristal evidentes.

. Porque estar en pareja, estar embarazada o tener hijos aún marca negativamente a la hora de contratar a una mujer.

. Porque hay trabajos feminizados (frecuentemente los peores remunerados) y otros masculinizados, con pocos visos de corregir la tendencia.

. Porque a igual trabajo todavía son muchas las mujeres que cobran menos salario. 

. Porque la presencia femenina en los puestos de decisión política, social y sobre todo del ámbito empresarial y financiero es muy inferior a lo que correspondería a la mitad de la población.

. Porque existiendo una ley contra la violencia de género, las miles de denuncias por maltrato, abusos y agresiones sexuales siguen teniendo como víctimas propiciatorias de forma abrumadoramente mayoritaria a mujeres. Y en la cúspide de la desigualdad, las decenas de mujeres asesinadas a manos de parejas o ex, por el hecho de ser mujer. 

. Porque la explotación sexual, la prostitución y la trata siguen teniendo a la mujer como víctima propiciatoria y principal.

. Porque si en nuestro país la lucha ha arrancado algunos derechos, hay países donde la mujer aún no tiene reconocidos derechos básicos como la educación, el matrimonio libre ni la igualdad civil ante la ley.

. Y en último lugar, aunque no por ello menos importante, ahora que ciertos grupos políticos y sociales proponen sin rubor alguno derogar los derechos conseguidos por las mujeres para llevarlas de nuevo a posiciones de desigualdad, la AVP y el CVP consideran obligado posicionarse a favor del feminismo colaborativo y por la garantía de los derechos ya logrados.

. Porque el feminismo no es un movimiento contra los hombres, sino contra el machismo que subordina a la mujer por el hecho de serlo.

. PORQUE LOS DERECHOS DE LAS MUJERES SON TAMBIÉN DERECHOS HUMANOS