Gitanos trapaceros.

El colectivo gitano ha rodado un vídeo con el que vuelve a pedir a la RAE, a la Real Academia Española de la Lengua, que retire la definición que figura en el último diccionario de la palabra gitano.

Merece la pena verlo. Es una sucesión de apariciones de niños y niñas que van diciendo qué les gusta hacer y que les gustaría ser en el futuro. Les gusta jugar a papás y a mamás con sus amigas, tomar helados, pintarse las uñas, si tuviesen un barco se irían de viaje, a Hawai o a Miami. Alguno quiere estudiar derecho y a otra le van más las matemáticas, la lengua…

Son niños y niñas. Son gitanos.

En un momento de vídeo se les pide que cojan el diccionario y busquen la palabra gitano. Se encuentran con que, entre las distintas acepciones, una de ellas les equipara a “trapacero”. Y van leyendo: “trapacero, persona que emplea trapazas con astucia, falsedad y mentira con el ánimo de engañar.”

Leído esto, se les cambia la cara. Abren mucho los ojos, se quedan serios y dicen cosas como “los gitanos no hacemos eso”, “es una mentira”, “eso lo hacen también otras personas”, “no me parece justo”, “no me gusta que diga eso el diccionario”.

El uso que hacemos de la lengua nos define. Recuerdo, hace ya muchos años, haber utilizado términos como “gitanada” para referirme a algo feo y sucio. O la noche de San Juan, en la que todos y todas llegábamos a casa diciendo “huelo a gitano” porque el olíamos a humo. Afortunadamente esos tiempos pasaron y algunos hemos hecho un esfuerzo, con absoluto convencimiento, para evitar ese lenguaje discriminatorio y estigmatizante.

Desde que se publicó el nuevo volumen del diccionario, el colectivo gitano ha peleado por que esa definición de gitano desaparezca. Consideran que contribuye a mantener y reforzar la imagen social negativa de los gitanos. No ha habido suerte.

La RAE asegura que no va a censurar ni quitar del diccionario la acepción polémica porque se trata de uno de los usos del castellano actual. Se ha comprometido a buscar fórmulas para que se entienda su significado peyorativo, pero nada más.

Argumentan que el diccionario no puede sustituir a la educación a la hora de erradicar los usos inconvenientes de las palabras. Puede que tengan parte de razón, pero estarán conmigo en que el diccionario, el manejo y uso que hacemos del lenguaje, lo definen ellos. Forman también parte de la educación de la ciudadanía.

Otra de las peticiones que han lanzado desde la Fundación Secretariado Gitano es la retirada de algunos programas de televisión en los que se reproducen imágenes estereotipadas y caricaturescas de las familias gitanas. Hacer espectáculo de una comunidad étnica ayuda muy poco a combatir la brecha entre unos y otros.

Es un buen momento para hacer un ejercicio de revisión de nuestro lenguaje y de nuestras actitudes. Especialmente los y las periodistas. Jugamos una importante influencia en la sociedad y debemos contribuir a desterrar tópicos. Pongámonos a ello.

#Yonosoytrapacero

trapacero

8 comentarios sobre “Gitanos trapaceros.”

  1. No sé si me parecen más penosas las acepciones del diccionario, que las justificaciones de la RAE para no quitarlas…
    (y, lo confieso: desconocía la palabra «trapacero).

  2. La pervivencia del proceso de deshumanización que se llevó a cabo desde el siglo XVI contra los gitanos y que culminó en 1749 con el proyecto de «exterminio», se halla en el diccionario de la academia de la lengua, que lejos de limpiar los prejuicios, fijar la dignidad de las personas, y dar el esplendor que merece una cultura tradicionalmente ninguneada, se dedica a la comodidad de reproducir la pobredumbre que ni limpia, ni fija, ni da el esplendor que merece la lengua española.

  3. Los gitanos son gitanos y no lo pueden remediar. La propia palabra gitano tiene un carácter peyorativo. ¿Van a renunciar los gitanos a su gitanez? No. De hí que la trapacería que los acompaña. La RAE no va a cambiar la realidad. No te fíes de la Virgen, pero mucho menos de un gitano. ¿Vamos a cambiar el significado de Virgen? No sé si me explico.

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