Desaparecido

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Volvemos de Bruselas con el corazón encogido y con rabia. Ha sido una cuestión de causa/efecto. Ver el sufrimiento de quienes han visto desaparecer a un hijo, un hermano o un amigo y sentir rabia por su soledad, por su búsqueda sin apoyo, por sus fotocopias con la cara de su del querido en una mano y el celo para pegarlo en las farolas en otra.

Solo en Europa desaparecen cada año unas 250.000 personas. El 4% de los casos quedan sin resolver y figuran como «desapariciones involuntarias».

Imaginémonos que una tarde nuestro hijo sale de casa y no vuelve más. Ni una pista, ni una llamada, ni un indicio, ni un cadaver en muchas ocasiones. En otras sí, en otras, como el el caso del hermano de Blanca Martinez, te dan un cadaver pero, diez años después de la desaparición, su estado hace imposible la identificación. Eso si, no tiene riñones ni corazón. Entierras ese cadaver, pero no tienes la seguridad de que sea su cuerpo. Y no sabes que ha pasado durante todos esos años.

El caso del jóven de Galdakao Hodei Egiluz, desaparecido hace ya dos años, ha sacado a la luz otros muchos casos que estaban como apagados, escondidos. La labor incansable de sus padres, de sus amigos y del alcalde de Galdakao, Ibón Uribe, ha reavivado casos que dejaron de tener presencia mediática. Casos como el de Borja Lazaro, desaparecido en Colombia, o el de Pau Miralles, a quien se le perdió la pista en Holanda y cuyos familiares recuperaron su cadáver en un río. Trocito a trocito. Nadie echó una mano. No hubo levantamiento de cadáver ante un juez. Nada de ayuda, nada de investigación. Nada.

Todo esto se ha contado en una sesión celebrada en una comisión del Parlamento Europeo que pretende ser el punto de partida para establecer un protocolo de actuación común en todo el continente.

Hay varios factores que dificultan la búsqueda de personas desaparecidas. La falta de coordinación entre Estados, la imposibilidad de cruzar datos entre distintas policias y la inexistencia de una forma común de actuar ante estos casos son algunos de los obstáculos con los que se encuentran quienes sufren la desaparición de alguien. ¿Porqué no se pueden cruzar datos entre cuerpos policiales de distintos países?. Porque decidir q se hace una base de datos común implica ceder soberanía, y parece que a nadie le gusta como suena eso. A cambio de ese posicionamiento político tenemos un sistema ineficaz que provoca dolor y desesperación entre quienes buscan al desaparecido.

He tenido la suerte de poder compartir charla, mesa y mantel con los padres de Hodei Egiluz, la madre de Borja Lazaro, el tío de Pau Miralles, con Blanca, que no sabe si ha enterrado a su hermano o a otro, con Joaquín, que busca a su hijo desde hace siete años….

Poder mirar a los ojos a esas personas que ya nunca serán las mismas de antes de la desaparición ha sido un regalo. Estar con ellos te pone delante de la vida, hace carne y huesos el sufrimiento. Y ojos. Ojos que miran más allá de lo que se ve. He visto mujeres que solo miran hacia delante, hombres serenos pero no resignados, personas que no caen en la desesperación y también alguna rota, profundamente herida, con dolor continuo.

Ojala que su lucha tenga efecto, se apruebe un protocolo común, encuentren a sus hijos, hermanos, amigos. De momento estoy agradecida porque hayan compartido sus vivencias conmigo y con  quienes, a través de la radio, han conocido lo que pasa y cómo pasa. Entre todos hemos puesto otro granito de arena en esta batalla.

Desaparecidos. Sigamos buscando.

 

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