Carpe diem, si no recortan

ciencia

Quienes en los últimos años han firmado la reducción de las partidas económicas que se destinan a la investigación en España, deberían recibir una llamada como la que yo he recibido hoy.

Una persona aquejada de una enfermedad neurodegenerativa, que lleva casi ocho años peleando contra su avance, ha entrado a formar parte de un ensayo clínico que, al menos en ella, está dando buenos resultados. En un corto periodo, con el tratamiento de un fármaco que ya existe y que se está aplicando como prueba, su mejoría ha sido ostensible. Hay esperanza.

La llamada en la que me lo ha contado no ha podido estar más llena de emoción. Alguien que se veía condenado a vivir en una silla de ruedas e ir perdiendo sus capacidades, ve luz al final del túnel. Hemos reído y hemos llorado mientras relataba los cambios que ha experimentado con ese tratamiento y, sobre todo, hemos hablado de vida, de renacer, de sentir que la vida vuelve para ella a merecer la pena. Hay quien le dice que no se emocione demasiado y espere a ver la evolución, por si la cosa se tuerce. Yo le digo que no, que se emocione, viva, cante, suba y baje escaleras y mire hacia adelante porque lo de atrás, ya dolió bastante. Que atrape el momento, vamos.

Cuando he colgado el teléfono he pensado en la cantidad de personas que esperan avances científicos que les lleven a mejorar su vida y a tratar su enfermedad. Aunque en algunos casos solo se consiga cronificar y no curar, pero que haya esperanza.

Muchos científicos/as han pasado por los micrófonos en los que yo he estado para denunciar la escasez de recursos y la falta de voluntad política para fomentar la investigación. En cifras, la inversión real en 2016 estará un 25% por debajo de la que se realizaba en el año 2000.

Con la llegada del PP al gobierno, la inversión pública en ciencia sufrió un duro varapalo con una reducción del 26%, hasta situarse por debajo del 0,6% del PIB, lejos de la media comunitaria que roza el 1%. Habría que retroceder a 1983 para encontrar números similares.

El número de investigadores/as también se ha reducido considerablemente. Se ha producido una reducción masiva de las plantillas de jóvenes investigadores que se ven obligados a emigrar para poder desarrollar su labor científica.

Tampoco con el gobierno Zapatero las cosas habían ido mucho mejor. En los primeros años de su mandato se estableció un techo histórico de inversión en ciencia que rozaba las recomendaciones europeas. El inicio de la crisis trajo recortes hasta reducir en un 12% la inversión.

Los centros investigadores de referencia se hayan en situaciones muy delicadas y se ven obligados a hacer malabares para mantener la competitividad científica. Se retrocede sin parar y, en unos pocos años, se ha destruido todo lo que había costado más de 30 años poner en marcha. Ha habido científicos que han pagado de su propio bolsillo los proyectos que tenían en marcha para no pararlos, pero esa es una situación insostenible.

En diez días comienza una nueva campaña electoral. Que nadie se olvide de la investigación en sus programas. La llamada de alguien que vuelve a sonreír gracias a la ciencia debería remover conciencias.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *