No callemos

Foto: Danni Caminal

Otro fin de semana marcado por las agresiones sexuales a mujeres. Otros dos días que debieran haber sido de disfrute y alegría pero que se han convertido en jornadas de miedo.

Mientras Sevilla amanecía plagada de pancartas y carteles en los que se leía “Ni abuso, ni violación. Manada absolución” o “Prenda libertad”, en Benicàssim, agentes de la Unidad Orgánica de la Policía Judicial de la Guardia Civil detenían a cuatro hombres acusados de agredir sexualmente a una joven en una playa. En Barcelona, los Mossos d’Esquadra identificaban a varias personas en relación con otra agresión sexual en grupo sufrida por una menor durante la madrugada del pasado viernes en la sala Razzmatazz.

En lo que va de año hemos asistido, además de a la sentencia de la manada, a denuncias de violaciones grupales en otros puntos del Estado. Alicante, Málaga, Madrid… En España se denuncian al año 1.200 violaciones, tres al día, una cada ocho horas. Son agresiones sexuales que se producen tanto en el ámbito privado como en espacios públicos.

En Barcelona se ha impulsado el protocolo “No callemos” contra las agresiones y el acoso en espacio de ocio nocturno privado de la ciudad. Se trata de una medida pionera en España, y a la que ya se han sumado nueve salas y tres festivales. El objetivo de esta iniciativa es hacer visibles y castigar ese tipo de actuaciones, que no haya impunidad y que todos y todas nos corresponsabilicemos de lo que supone para las mujeres que los espacios de ocio se conviertan en lugares hostiles.

La iniciativa “No callemos” dota a los responsables y trabajadores de estos locales de herramientas para detectar situaciones de posible acoso y para atender a las víctimas de agresiones. El Ayuntamiento de Barcelona se ha encargado de formar al personal para saber qué es una agresión, cómo atender a las víctimas, detectar al agresor y conocer las derivaciones del caso, según la voluntad de la persona y el grado de agresión.

Además, las salas y festivales realizarán acciones de prevención como evitar criterios sexistas de acceso al espacio –como precios diferenciados por sexo y evaluar las zonas oscuras o escondidas para priorizar su vigilancia.

Ojalá este protocolo se haga extensivo a todas las ciudades. Las mujeres queremos disfrutar de forma relajada y sin miedo de que nos pueda agredir cuando solo pretendemos pasarlo bien.

Seguiremos denunciando. No callemos.

 

 

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