Verde clandestino

El verde esperanza ha sido el color que ha acompañado la lucha de las mujeres argentinas por conseguir que la ley del aborto de 1921 fuese sustituida por otra en la que las mujeres pudiesen abortar sin arriesgarse a ser detenidas a menos que hubieran sido violadas. La ola celeste, contraria a la reforma, ha ganado la batalla.

En un país en el que los abortos clandestinos son la principal causa de muerte materna, sobre todo entre las mujeres pobres, en el que se interrumpen 41 embarazos a la hora, y en el que niñas de entre diez y 14 años se ven obligadas a dar a luz a 3.000 bebés al año, en Argentina, el Senado ha rechazado una nueva ley del aborto con 31 votos a favor y 38 en contra.

El aborto seguirá siendo clandestino y las argentinas no tendrán el mismo derecho a la interrupción voluntaria del embarazo que las mujeres de una buena parte del mundo.

Se calcula que cada año se realizan unas 500.000 interrupciones clandestinas del embarazo, la mayoría en condiciones de precariedad. En más de la mitad del país, principalmente en la regiones más pobres y conservadoras, el aborto es la principal causa de mortalidad materna.

Sin embargo, aunque el Senado haya rechazado una nueva ley que sí fue aprobada en el Congreso, nada será igual en Argentina. Miles y miles de mujeres se han echado a la calle en multitudinarias marchas en las que han denunciado el feminicidio y la discriminación de género al tiempo que han creado las condiciones políticas para reclamar los derechos reproductivos.

El 70% de las mujeres apoyan la despenalización. Ellas van a ser el motor que lleve de nuevo la propuesta a las Cámaras en el plazo de un año.

Cada bando a utilizado sus argumentos. Los defensores de la ley defienden que  se trata de un tema de salud pública, que amenaza a miles de mujeres, que está basado en números, ciencia, datos. Los críticos del proyecto, en cambio, apelaron al argumento moral: el aborto es matar, dijeron, y se trata de “salvar las dos vidas”.

Yo me quedo con la pregunta que lanzaba el político Julio Catalán Magni a  los miembros de la Cámara Alta al terminar la votación: “¿Estamos representando lo que la sociedad espera de nosotros?” Me da a mi que no.

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