Mandatarios terroríficos

Combatir a quienes no respetan los derechos humanos. Ese debe ser el objetivo de quienes en estos momentos se encuentran a un paso de tener un presidente homófobo, machista y racista. Hablo de Jair Bolsonaro, el parece futuro presidente de un país, Brasil, que acaba de obtener el 46 % de los votos en la primera ronda de votaciones. La segunda, la que se celebrará el 28 de octubre, será la definitiva.

Preocupa extraordinariamente la posibilidad de que un líder de la ultraderecha llegue a ser el máximo mandatario de un país que encabeza a los «brics», países con mayor proyección y capacidad de desarrollo: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica.

A Jair Bolsonaro, un capitán de la reserva del Ejército, le definen sus palabras. Ahí van algunas de sus frases más «célebres»:

«Jamás te violaría porque no te lo mereces» (2003, a una diputada en la Cámara Baja).

«No emplearía (hombres y mujeres) con el mismo salario. Pero hay muchas mujeres competentes» (2016, en una entrevista en TV).

«Sería incapaz de amar un hijo homosexual. No voy a ser hipócrita aquí. Prefiero que un hijo mío muera en un accidente a que aparezca con un bigotudo por ahí» (2011, en una entrevista en una revista).

«No voy a combatir ni discriminar, pero si veo a dos hombres besándose en la calle los voy a golpear» (2002, en entrevista).

«Estoy a favor de la tortura. Y el pueblo está a favor también» (1999, en entrevista en TV).

 «No corro ese riesgo porque mis hijos fueron muy bien educados» (2011, en entrevista en TV respondiendo a la pregunta sobre cuál sería su reacción si alguno de sus hijos se enamorase de una mujer negra).

 «Es una desgracia ser patrón en este país, con tantos derechos para los trabajadores» (2014, entrevista en diario).

«El afrodescendiente más flaco allá pesaba siete arrobas. No hacen nada. Creo que ni para procrear sirven más» (2017, tras visitar un «quilombo», poblado en donde viven personas de descendencia africana, y comparándolos con vacas).

Pero no solo preocupa que alguien así llegue al poder en Brasil. Lo que inquieta de verdad es saber que cada vez encontramos más mandatarios del mismo corte. Solo hay que recordar la relación de Donald Trump con las minorías, las mujeres o las personas migrantes. O el impulso que en Francia ha cogido Marine Le Pen o en Italia Matteo Salvini, retratados igualmente por sus palabras y sus hechos xenófobos, racistas y anti derechos humanos. Más cerca aún, este fin de semana escuchábamos al líder de VOX, Santiago Abascal, denunciar ante casi diez mil personas «la invasión de la inmigración ilegal», que «los criminales son mayoritariamente extrajeros» o que quieren «recuperar la dignidad de las mujeres que nos quieren quitar con políticas de cuotas».

Tenemos al enemigo dentro. Gobernantes o representantes políticos de ese calado solo merman las libertades, provocan división social y utilizan el populismo para ganarse a una sociedad que no les merece.

 

 

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