Correr sin miedo

Laura Luemo tiene 26 años, era natural de Zamora, profesora y se había trasladado recientemente hasta el municipio onubense de El Campillo para hacer una sustitución en un colegio de Huelva. En su maleta no podía faltar algo que todas las personas que corremos llevamos siempre: las zapatillas.

Hace unos días Laura salió a correr y no volvió. Su rastro se perdió a 9 kilómetros del pueblo desde el que salió a hacer unos kilómetros. Hoy la han encontrado muerta.

Hace un par de meses, la corredora Elena Loyo denunciaba el acoso al que se había visto sometida mientras entrenaba por su zona. Un coche la seguía de manera insistente y tuvo que correr mucho para lograr zafarse de esa persecución.

Yo escribí un artículo sobre el acoso a las mujeres que corren en mi blog en Runnea y hoy quiero compartir con todos los lectores y lectoras de Veterana B algunas reflexiones de las que se hacían en ese post.

Cada día somos más las mujeres que salimos a correr. Lo hacemos tanto en grupo como en solitario porque cada una tiene sus gustos y sus necesidades de entrenamiento. Sin embargo, noticias como la del acoso a Loyo o la desaparición de Laura mientras corrían nos provocan un miedo que atenaza, condiciona y causan que una actividad tan sana y saludable física y emocionalmente como el correr sea abandonada. Por desgracia, casi todas sabemos la angustia y el miedo que nos recorre cuando nos sentimos amenazadas por un acosador.

No es la primera vez que tenemos noticias de sucesos de estas características. Tanto es así que incluso se han publicado “recomendaciones” dirigidas a las mujeres que corren. Estos consejos van desde no recogerse el pelo en coleta porque somos muy fáciles de atrapar cuando nos peinamos así hasta que tomemos clases de defensa personal por si sufrimos un ataque cuando corremos.

Se nos aconseja además correr en lugares con buena visibilidad, pero si esto no es posible debemos elegir recorridos perfectamente iluminados. También nos piden que vayamos por tramos transitados y que a medida que cae el sol evitemos los lugares desiertos. Nos recomiendan que cambiemos nuestro recorrido por uno urbano a pesar de que tengamos que esquivar gente o pararnos en los semáforos. Antes de salir de casa debemos comunicar a nuestra familia o algún amigo/a el recorrido que haremos y el tiempo estimado que estaremos fuera y mejor si corremos sin música porque así tendremos el oído alerta y evitaremos sobresaltos. Tenemos además que variar nuestras rutinas y horarios porque así evitaremos dar a conocer a extraños donde y a qué hora estamos cada día. Y que si somos aficionadas a compartir nuestros entrenos en las redes sociales, mejor cambiamos de hábito para no dar pistas. Quienes todo esto nos aconsejan dicen que no hagamos pública la sesión desde la puerta de casa para evitar que se sepa dónde vivimos y que encendamos el GPS a varios metros del portal.

Seguro que quienes lanzan estas consideraciones a tener en cuenta por las corredoras lo hacen por nuestra seguridad y con la mejor de las intenciones, pero yo no puedo evitar sentir rabia y desamparo. Por supuesto que pueden aplicarse a hombres y a mujeres para garantizar un entrenamiento sin sobresaltos, aunque somos nosotras las principales destinatarias. La posibilidad de una situación de acoso y abuso se agudiza para el género femenino.

He hecho un pequeñísimo trabajo de campo con corredoras de mi entorno y les he lanzado varias preguntas para saber cuáles son sus miedos cuando corren, si es que los tienen, y que hacen para sentirse seguras.

Les he preguntado si salen tranquilas a correr en cualquier sitio y a cualquier hora, si han variado sus recorridos por temor y si prefieren salir en grupo.

La respuesta mayoritaria ha sido que en general sí, se sienten tranquilas, pero no cuando salen de noche, por ejemplo. Entonces varían sus recorridos por precaución y van por lugares más transitados.

Todas evitan zonas consideradas peligrosas y no corren solas por lugares en los que no hay gente. Eligen zonas urbanas, iluminadas y con afluencia de personas para evitar riesgos. Es decir, no se sienten libres para elegir el recorrido que quieren hacer, evitan tramos y zonas alejadas y condicionan sus entrenamientos dependiendo de la hora del día a la que salgan. Me pregunto cuántos hombres se plantean todo esto antes de calzarse las zapas y salir a correr.

Otra de las cuestiones que les he planteado hace referencia a si han vivido alguna situación de acoso mientras corríanTodas, absolutamente todas, han señalado que aunque no han tenido ninguna agresión física si reciben comentarios obscenos, pitadas desde los coches, silbidos y miradas de las que te desnudan. Cuentan situaciones como esta: “el otro día casualidad fui a correr por la mañana y hacía mucho calor. Me quité la camiseta y me quedé en top deportivo. Ellos suelen ir en grupo y madre mía, menuda manera de mirarme de arriba abajo. Eso sí, yo cabeza bien alta y a mi rollo”.

Algunas señalan además que esos comentarios no se producen cuando van acompañadas por un corredor hombre; entonces los mensajes suelen convertirse en palabras de ánimo y apoyo. Curioso.

Las mujeres que corremos, al igual que las que no lo hacen, queremos sentirnos libres de hacerlo por donde nos gusta y a la hora que nos venga bien. No queremos ser las valientes que arriesgan sino las libres para correr sin temor a ser perseguidas, acosadas o algo peor. Denunciar este tipo de situaciones es la única manera de acabar con ellas. Por un running libre para vosotros y para nosotras.

 

 

3 comentarios sobre “Correr sin miedo”

  1. Soy Runner, hombre, mi chica tamby lo es, y por desgracia es verdad, yo nunca me he sentido acosado y salgo a correr despreocupado y por donde me apetece, ella cuando sale sola no, y ha tenido algún susto. Personalmente creo que es un problema de educación y no va a ser fácil de solucionar a corto plazo por mucho que se denuncie… Ánimo a todos los Runners y deportistas

  2. No soy corredora pero me siento muy identificada con tu artículo, que por cierto, es estupendo. Yo no corro, pero madrugo para ir a trabajar y entro al garaje que está en una calle por donde no pasa nadie o vuelvo tarde de una cena y mi calle está desierta. Muchas veces no me siento del todo segura.
    Hoy en día es muy peligroso ser mujer y andar sola por las calles. Es muy triste, pero es la verdad.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *