Apuntes de la quedada runner

La quedada runner convocada como acto de homenaje a Laura Luelmo, mujer corredora asesinada en Huelva, tuvo una respuesta rotunda. Más de 1.500  personas se sumaron a un llamamiento surgido desde la rabia y la indignación. Por supuesto que todos los asesinatos nos provocan el mismo sentimiento. La condición de “runner” de Laura me movió a lanzar un mensaje a las redes sociales y a los medios pidiendo a las mujeres corredoras que nos concentrásemos en Bilbao para sacar a la luz algo que ya veníamos denunciando desde hace meses: la inseguridad que sentimos cuando corremos.

Durante toda la semana hemos sido testigos de muchos testimonios en los que las mujeres que corren referían situaciones de acoso durante sus entrenamientos. Y formas de actuar que poco tienen que ver con la libertad de movimientos: planificar recorridos, no correr por lugares poco iluminados o poco transitados, comunicar a tu entorno por donde vas a correr o llevar teléfono son algunas de las recomendaciones que nos hacen “por si acaso”.

En la quedada runner, mujeres de todas las edades se sintieron reflejadas en las historias de las demás. Da igual que tengas 20, 40 o 60 años. Hay mujeres de todas las edades corriendo y todas sentimos que “nos puede pasar a cualquiera” en referencia a las situaciones de acoso o agresión que algunas, por desgracia, ya han vivido en sus propias carnes.

Hubo muchos momentos emocionantes durante la quedada. 

El primero, la emoción que sentí cuando un hombre se acercó a mí para darme las gracias por organizar la quedada. Me dijo que era del pueblo de Zamora de  Laura y que me agradeció en nombre de todo el pueblo que Bilbao le hubiese rendido homenaje. Se me encogió el corazón.

Me gustó ver, además, que fueron muchos los hombres que quisieron acompañarnos y que se sumaron a la reivindicación de calles y caminos libres para correr. Lo dije en mi pequeña intervención: cuantos más hombres se sumen a nuestras peticiones más corto será el camino que nos separa de la igualdad.

Otro momento para la reflexión lo vivimos tras el minuto de silencio y al iniciar la carrera. Yo salí la primera y enseguida me vi rodeada de niños y niñas que querían correr con nosotras. Inmediatamente pensé que hay esperanza. Si los padres y madres de esas criaturas les han explicado porqué estábamos corriendo en grupo por Bilbao, se habrán llevado una buena lección de igualdad.

Lo dicho, hay esperanza.

Ojalá no tengamos que convocar más quedadas como esta.

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