Matanza viral y en directo

Ya hemos visto a través de una red social la primera matanza en directo. Por supuesto, se ha convertido en viral, es decir, ha saltado de móvil en móvil sin que casi nadie se haya parado a pensar en las consecuencias de que miles y miles de personas confundan la vida real con un videojuego.

El autor de la matanza de 49 personas en dos mezquitas de Nueva Zelanda no solo retransmitió su ataque en directo por Facebook durante 17 minutos sin que los responsables de la red hicieran algo por impedirlo. Previamente Brenton Tarrant, el asesino, avisó de sus planes también en las redes sociales. El vídeo ha corrido como la pólvora y ha reabierto el debate sobre la nula capacidad de las empresas tecnológicas para frenar este tipo de publicaciones y para controlar los mensajes de odio que se lanzan en las redes.

Hace un par de años, Facebook creó una herramienta para frenar las publicaciones violentas. Sin embargo, durante la matanza en las mezquitas de Christchurch, la red social fue incapaz de cortar esa comunicación que, además, había sido anunciada por el atacante que incluso pidió a sus seguidores que siguiesen la escena en directo.

Instagram, Twitter, Youtube, Facebook, cualquiera de estas redes sociales han servido para viralizar un contenido que nos hace reflexionar sobre su papel como canalizador de mensajes violentos y sus consecuencias. Y sobre todo reflexionar acerca de la posibilidad de réplica de situaciones similares.

Ha sido la primera matanza anunciada y retransmitida sin que nadie la haya podido parar. Cada día las redes sociales nos dan la oportunidad de retransmitir nuestra vida y nuestras acciones sin filtro alguno. Horas y horas de vídeos que nadie visiona previamente y que saltan a la red sin saber qué consecuencias puede tener que circulen libremente. Matanzas, agresiones, violaciones y mil situaciones violentas se convierten en virales. Eso sí, quien comparte estos vídeos y le da al famoso «me gusta» también es responsable de que la cadena no se rompa. Hay que ser muy desalmado para dar «like» a una matanza como la de Nueva Zelanda. Y ha tenido miles y miles de ellos.

Peligro.

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