Mil asesinadas, no muertas

Mujeres tumbadas en señal de protesta contra la violencia de género

En el siniestro contador de mujeres asesinadas a manos de sus pareja o expareja hemos alcanzado la cifra redonda de mil. Mil mujeres que no «murieron» sino que fueron asesinadas por la persona con la que compartían su vida.

Entre Diana, la mujer que puso en marcha la cuenta en el año 2003, y Beatriz, asesinada ayer por su pareja en Alboraia, hay otras 998 mujeres que han pasado a engrosar una lista en la que solo se incluyen aquellos casos en los que un hombre ha matado a su pareja o expareja pero deja fuera otros casos como los crímenes sexuales o esos en los que el asesino mata a familiares o amigas que las protegían. Esto quiere decir que la cifra es aún más abultada que esas mil.

Me duele cada una de esas mujeres, las mil y las que no salen en el ranking, las mil y todas las que cada día se enfrentan a una particular «jornada negra» sometidas a malos tratos físicos y psicológicos. Pero hay algo que además de dolerme, me preocupa mucho.

En los últimos meses hemos asistido a la creación y puesta en público de una corriente negacionista que pone en tela de juicio las cifras de la violencia de género, especialmente de las denuncias, y que equipara esta violencia con todas las tipologias de violencia. No, no están solo en el ámbito de la extrema derecha. Incluso reconocidos miembros de la izquierda aseguran que todas las violencias han de ser tratadas por igual. No lo creo, no lo comparto y soy beligerante con esa premisa.

Frente a quienes creen que ha de ser juzgado por igual que un hombre se les enfrente porque se siente superior y un caso de violencia de género yo pongo mil mujeres asesinadas encima de la mesa. Frente a quienes opinan que las mujeres nos colocamos en un papel de víctimas «muy de mujer» , yo vuelvo a poner a esas mil mujeres asesinadas sobre el tapete. Y así podríamos continuar hasta el infinito y más allá.

En España, la tasa de homicidios es baja. Por lo tanto, que mil mujeres hayan sido asesinadas deja claro el componente de género y de violencia estructural y unida a la desigualdad que tienen estos asesinatos. Aquí, una mujer tiene muchas más probabilidades de ser asesinada por su pareja o expareja que en cualquier otro ámbito.

Y me preocupa mucho, además, lo poco que interesa a la ciudadanía este problema de primera magnitud. Los barómetros del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) muestran como el porcentaje de población que nombra la violencia de género como una de sus principales preocupaciones oscila entre apenas un 1% y un 3%.

Triste contador este que no va a quedarse estancado. Triste el país que no protege a las mujeres que le piden a gritos ayuda. Hay un importante porcentaje de mujeres que han sido asesinadas después de denunciar a su pareja y eso, sí, es un gravísimo fracaso del sistema.

Mil mujeres ASESINADAS y la mayor preocupación de algunos de nuestros políticos es qué sillón van a ocupar en el futuro gobierno. Piensen en mil mujeres muertas tumbadas en el suelo, una tras otra. Estremece.

Ni una más. Ni una menos.

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