VIOLACIÓN

Acabo de brindar como celebración de la sentencia firme contra la manada, la que les condena a, entre otras cosas, quince años de cárcel. Ha sido de manera espontánea. Disfrutábamos de unos de los conciertos de Bilbao Bizkaia Harro y al ir a brindar con nuestros botellines de cerveza, los hemos levantado y hemos dicho: «Por la sentencia». No hacía falta añadir nada más.

Con ese gesto hemos celebrado una justicia justa. Increíble escribir esta perogruyada de «justicia justa» pero hasta ahora, en este caso, teníamos la sensación de que la balanza iba a ser incapaz de equilibrarse.

El Tribunal Supremo ha aumentado las penas que se les había impuesto con una sentencia sobre la que no cabe recurso, salvo en Europa, y que sienta jurisprudencia. Eso quiere decir que jueces y juezas pueden basarse en ella para dictar futuras sentencias en casos similares. Desgraciadamente los habrá.

José Ángel Prenda, Alfonso Cabezuelo, Ángel Boza, Antonio Manuel Guerrero y Jesús Escudero han pasado esta noche en prisión. Se quejaba su abogado, al que durante todo el proceso algunos medios de comunicación han dado pábulo en su criminalización hacia la víctima, de que la sentencia está viciada por intervenciones políticas. Criticaba además que se haya hecho pública «demasiado rápido» y que se haya encarcelado a sus defendidos «sin tiempo para que se despidan de sus familias». Por suerte este abogado tiene la batalla totalmente perdida ya.

Poco hay que añadir a lo que ya se ha escrito y dicho sobre el tema. Solo decir que hoy las mujeres, especialmente, nos sentimos más libres, más protegidas. Por fin se ha hecho justicia y se ha llamado a las cosas por su nombre. Eso sí, tenemos una manada encarcelada. Cuidado. Quedan muchas sueltas.

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