Ellas los aman jóvenes

Jair Bolsonaro es uno de esos presidentes que vienen a demostrar que una sociedad mal informada y poco formada es capaz de elegirle a pesar de su evidente despotismo y su rechazo a todo lo que no se enmarque en su propio pensamiento radical. En Brasil hay casi doce millones de analfabetos y el objetivo de su presidente no es precisamente hacer que esto cambie. Una sociedad anestesiada e ignorante es muy favorable para los intereses de individuos como Bolsonaro. Bueno, en realidad a Donal Trump también le eligieron sus compatriotas a quienes se supone un mayor grado de educación y formación, pero esto es otra historia.

A lo que yo me quiero referir es a las risotadas que el mandatario brasileño lanzó y a su refrendo a las burlas de un internauta que se mofó de la diferencia de edad que hay entre el líder francés, Emmanuel Macron y su esposa Briguitte. Entre ambos hay una diferencia de 24 años, siendo él el más joven. Entre Bolsonaro y su esposa hay una diferencia de 27, pero en ese caso la joven es ella. El internauta aseguró que las críticas del brasileño hacia el francés se debían a su envidia por la joven esposa del de Brasil frente a la ancianidad de la del francés. Y su presidente le rió la gracia.

A lo largo de la historia han sido muchas las parejas en las que ella ha sido bastante más joven que el. También a la inversa, pero en ese caso la mujer ha tenido que soportar las miradas extrañas y las críticas por convivir con un hombre mucho más joven que ella.

Al hilo de esto me gustaría presentaros el libro «Amores contra el tiempo» escrito por Dolores Conquero, una mujer que pasó muchos años de su vida con un hombre más joven que ella y que sabe muy bien lo que eso significa. Dolores quiso unir a algunas mujeres que han pasado por esa experiencia «porque cada pareja que se forma en la que ella es mayor que él, derriba un trocito de prejuicio y a lo mejor, algún día, se acaba con este tabú».

Estas son algunas de las mujeres que rompieron barreras y se atrevieron a vivir con sus amores contra el tiempo:

Dolores Ibárruri, Pasionaria

Dolores Ibárruri, mujer de minero y madre de seis hijos, sufrió la discriminación sexual por parte de sus enemigos políticos y de sus propios compañeros de lucha. Cuando ya se había separado de su marido y vivía en Madrid dedicada en cuerpo y alma a su escaño de diputada por Asturias, Pasionaria conoció a Francisco Antón, un joven militante del partido. Él, de 28 y ella, de 42, iniciaron una discreta relación que más tarde le traería problemas.

Los camaradas increpaban a Antón por atreverse a vivir con un símbolo de la lucha obrera, y a ella por mancillar la imagen del partido de puertas para afuera. Por culpa de esto, la propaganda franquista la tildaba de «tiorra roja», «comehombres» e incluso «puta de burdel». Conquero asegura en su libro que, entre los insultos y la moralina leninista -«que entendía la libertad sexual como promiscuidad»-, Pasionaria superó muchos tabúes sobre la condición femenina en política, pero no en materia sexual.

Marie Curie

Tras la muerte de su marido en 1906, la científica llevó el luto en silencio y soledad, e incluso prohibió a sus hijas nombrar al padre en su presencia. Algunos años después, su colega de laboratorio, Paul Langevin, se convertiría también en su amante. Cinco años más joven y legalmente casado, su affaire fue demasiado jugoso para las publicaciones conservadoras de la época. Tales niveles alcanzó el tema que, cuando Curie recibió el telegrama como ganadora de su segundo Nobel, le recomendaron no acudir en persona a recoger el premio para evitar escándalos. «No puedo aceptar por principios la idea de que la apreciación del trabajo científico pueda estar influida por el libelo y la calumnia acerca de mi vida privada», respondió ella al comité. No se dejó vencer, pero el escarnio público sufrido en Francia le afectaría durante toda su carrera. Hasta el punto de que, en sucesivas visitas y homenajes recibidos en otros países, solo puso una condición: «que allí nadie, jamás, vuelva a sacar el tema de mi relación con Langevin».

Coco Chanel

A los 39 años, Coco se sintió fascinada por el duque ruso Dimtri Romanov, que tenía ocho años menos y había colaborado en el asesinato de Rasputin. A los 57, comenzó una relación con un joven oficial alemán destinado en París y cuyo affaire le costó bastante caro tras la Segunda Guerra Mundial.

Con ninguno de ellos fructificó el amor, pero en cambio sus negocios iban viento en popa. Sus biógrafos dicen que sentía satisfecha su ambición al final de sus días, por eso se entretenía con un mayordomo al que sacaba cuatro décadas y al que enseñó el oficio de joyero para matar el tiempo.

Victoria de Inglaterra

Tras la traumática muerte de Alberto, la reina Victoria se apoyó en John Brown, un criado escocés que pronto se convirtió en su sombra. Sus hijos no lo entendían, la prensa inglesa lo tildó de escándalo y por la corte corrían los comentarios más maliciosos.

Su fiel «amigo» escocés murió 19 años después de haber llegado a palacio, y Victoria lo definió como una segunda viudedad. Escribió de su puño y letra su biografía, pero sus asesores se negaron a publicarla por el daño que podía causar a la Corona. Aún no habían visto nada. Cuando la reina tenía 67 años, apareció el criado indio Abdul Karim, que multiplicó el escepticismo que había causado Brown años antes. Primero, por las cuatro décadas de diferencia de edad con Victoria y, segundo, por su origen.

Pero de nuevo, la monarca hizo caso omiso a las críticas y dejó que la acompañase a todas horas y a todas partes. El pueblo la reconocía como símbolo de su grandeza imperial y a la vez la empezó a sentir cerca por estos espejismos de sencillez.

Gala

Cuando Dalí conoció a Gala en 1929, ella estaba casada con el poeta Paul Eluard y tenía una hija de once años. «Acaba de llegar una mujer magnífica», le confesó el artista a Luis Buñuel, que ese verano se hospedaba también en su casa de Cadaqués.

El padre de Dalí no soportaba a Gala pues en su imaginación, en vez de amor, veía el capricho de una mujer diez años más madura y a su hijo como una especie de gigoló. Según avanzó su relación, y como recuerda Conquero, a Gala le tocó el reparto más ingrato y machista de papeles: él era visto como espíritu creativo y ella como la dura, materialista y meticona en el arte de su pareja.

Su excentricidad y prácticas amorosas liberales dieron lugar a habladurías, pero lo cierto es que, cuando Gala murió a los 87 años, Dali se dejó morir poco a poco. «No come, no duerme, es presa fácil de sus eternas y temidas neurosis», dice la escritora en el libro. Aunque sus cuerpos finalmente no descansaron juntos, sus nombres están tan unidos como cuando él firmaba sus obras como Gala-Salvador Dalí.

Como vemos han sido muchas las mujeres que desafiaron a la moral establecida, se pusieron el mundo por montera y rompieron esos viejos tabúes que tanto daño han hecho a la libertad sexual de las mujeres.

Ahora, personajes como Trump o Bolsonaro pretenden ridiculizar a Macron por su relación con una mujer madura. Son incapaces de darle la vuelta y ver la porrada de años que ellos les sacan a sus mujeres. No hay equilibrio, no.

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