Pacto ético contra el morbo

Ha comenzado el juicio por el asesinato del niño Gabriel Cruz, aquel niño desaparecido en Almeria y que fue encontrado muerto días después. La entonces novia de su padre fue la asesina confesa.

Recordarán el minucioso seguimiento que se hizo de ese caso y tampoco habrán olvidado lo mucho que se rebuscó en la vida de los familiares del niño en un intento por parte de los medios de comunicación de contar cosas cuanto más escabrosas, mejor, fuesen o no ciertas. También entonces hablamos de la vergüenza que nos producía ver, escuchar y leer algunos medios empeñados en mostrar todo el morbo posible.

Hace varios meses se estreno un documental de cinco capítulos en el que podíamos recordar todo lo que rodeó al caso de las niñas de Alcaser. En aquel momento, Nieves Herrero se convirtió en la impulsora de la telebasura. Mucho se ha hablado de ella pero tampoco hay que olvidar que otros profesionales de prestigio, como Pepe Navarro, convirtieron el caso en un verdadero estercolero. Es sin duda un documental muy recomendable para quienes quieran volver a ver aquel despropósito.

Después de aquel caso han sido desgraciadamente muchos otros los que hemos seguido con una mezcla de repugnancia y sonrojo. Sin ir más lejos, la desaparición de Blanca Fernandez Ochoa. No solo la televisión ha vuelto a jugar sucio. La imagen del hijo de la fallecida llorando sobre una mesa y semidesnudo publicada en portada por el diario El Mundo ha sido un buen ejemplo de vergüenza.

Viendo la que se viene encima, la madre del niño Gabriel contactó con el presidente del Consejo Audiovisual Anadaluz, el veterano periodista Antonio Checa, para que efectuara una llamada a los profesionales de la información que evitara “excesos” como los producidos durante la cobertura de la búsqueda de Gabriel y de la detención e interrogatorio de la autora confesa de la muerte del niño, Ana Julia Quezada.

Además, los padres de Gabriel han elaborado un documento en el que se pide evitar informaciones “relativas a los informes forenses que se le practicaron, que puedan dañar su imagen y ocasionen un perjuicio y dolor enorme a sus seres queridos”. No se niegan a que se informe pero nos piden a los y las periodistas que seamos cuidadosos con la imagen de un menor. Quieren evitar un tratamiento sensacionalista y morboso de la información y que no
no se produzcan interferencias que pudieran cuestionar que se trata de un juicio justo y con todas las garantías .

Una vez más somos quienes manejamos la información quienes tenemos la responsabilidad de cumplir los deseos de la familia y dos premisas fundamentales: que lo que contemos no añada más dolor al ya inmenso dolor de la familia y que no interfiera en la investigación.

Ojalá en este caso seamos capaces de cumplir con lo que se nos reclama. Precisamente hoy escuchaba en el Boulevard de Radio Euskadi al Juez Decano de Bilbao, Aner Uriarte, lanzar un tirón de orejas para quienes informamos. Se refería al caso de la agresión sexual grupal que se produjo durante la Aste Nagusia bilbaína y aseguraba que el tratamiento informativo de esta agresión no fue el correcto e incluso perjudicó a la investigación. Llegamos a publicar el primer auto, que se suponía era secreto por respeto a la víctima pero se filtró y le dimos pábulo cuando ni siquiera había llegado al juez.

Tenemos que hacer examen de conciencia. Y quienes reciben la información y disfrutan de ese morbo, también.

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