El tamaño ¿importa?

Me sorprende que a la noticia en torno al futuro decreto del Gobierno Vasco, aún en borrador, con las nuevas normas de construcción y habitabilidad tanto de los elementos comunes de los edificios como de cada vivienda no se le haya dado más cancha. Lo digo porque será una de las primeras normativas que tienen que ver con la arquitectura que se hagan con perspectiva de género y con el objetivo de facilitar la seguridad y la integración en las tareas domésticas que todavía siguen separadas por sexos y que de forma mayoritaria siguen siendo asumidas por las mujeres.

¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? Pues que desde el Gobierno Vasco consideran que el pequeño tamaño de las cocinas ha sido el motivo por el que los hombres no han entrado en ese espacio de la casa. No puedo estar más en desacuerdo. Históricamente la cocina ha sido uno de los espacios más amplios de los domicilios. En ella se celebraban las reuniones familiares, los momentos de charla y de reflexión acerca de unas y otras situaciones domésticas. Si los hombres no han entrado ha sido porque no han querido y porque el rol de cocinera se le ha dado a ella y no a él. Por muy grande que fuese el espacio, y lo era en la mayoría de las casas, al hombre no se le encontraba ahí. «Es que no sabe ni freír un huevo» es una de las frases que más hemos escuchado dirigida hacia quienes no tocaban un cacharro.

El Departamento de Vivienda continua trabajando para diseñar los edificios de manera que faciliten la igualdad en materia de seguridad y corresponsabilidad. Entre la medidas propuestas especifica que la cocina tendrá como mínimo siete metros cuadrados y la sala de estar, 14. «El espacio para cocinar tendrá preferentemente las dimensiones de cocina comedor, en su defecto el espacio se diseñará colindante con el comedor de forma que pueda unirse de forma directa y o tener una conexión visual directa», especifica el borrador en su Anexo III.

Asegura el viceconsejero de Vivienda del Gobierno vaso, Pedro Jáuregui, que «podemos hacer que la cocina se convierta en un espacio común, pero común de verdad, que la cocina se convierta en un espacio de la unidad convivencial, no solo de la mujer. ¿Cómo? Promoviendo que las cocinas, que hasta ahora están en una esquina, estén más integradas en el salón. Si la cocina está en una esquina de la casa y el salón en la otra, las personas están aisladas. Proponemos que esas dos piezas estén contiguas, que tengan dimensión suficiente como para albergar a dos personas y que además esos dos espacios comunes ocupen la centralidad de la casa», explica.

Creo que no es suficiente que la cocina y el salón estén cerca para conseguir que el hombre se corresponsabilice de estas labores. Es cuestión de voluntad y de facilitar la conciliación laboral y familiar tanto a hombres como a mujeres, que parece que solo se lo tienen que poner fácil a ellas. La educación y el ejemplo serán las que hagan que en el futuro tanto hombres como mujeres entren en la cocina, pongan la lavadora o pasen el aspirador.

Sí que es un paso importante que se proyecte en el Estado la primera normativa de construcción con perspectiva de género y que los criterios de igualdad se apliquen a todos los sectores, pero en este caso creo que el tamaño no importa. Por muy grande que sea la cocina, si alguien no quiere entrar, no entrará.

Lo que si aplaudo es otra parte de esta normativa que afecta a la eliminación de espacios oscuros en los portales y escaleras de acceso a las viviendas. Cuanta más seguridad, mejor para todos y todas.

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