Quince años

Termina este 2019 al mismo tiempo que la Ley Integral contra la Violencia de Género cumple quince años. En ese tiempo, más de un millón y medio de mujeres han denunciado maltrato.

Lo cierto es que los datos, las cifras, no son demasiado alentadoras. Termina el año 2019 con 55 mujeres asesinadas y con 1033 en el triste contador que llevamos desde que se comenzó a contabilizar a las víctimas en el año 2003.

¿Es buena esta ley? Rotundamente sí. Tener una ley que proteja a las mujeres es bueno de salida pero hay obstáculos que aún hay que salvar y modificaciones que hacer. No parece que sea una prioridad de la clase política, más preocupada de ocupar sus sillones que de evitar las agresiones y los asesinatos. Que no digo yo que no les preocupen pero lo cierto es que no les «ocupan».

Entre los cambios importantes a introducir en la ley destaca la necesidad de que todas las mujeres violentadas por el mero hecho de serlo engorden las estadísticas. No se trata de sumar por sumar sino de que la magnitud del problema quede patente sobre la mesa. Las víctimas contabilizadas son muchas, sí, pero la triste realidad indica que son muchas más. Aquellas mujeres que no han sido agredidas por sus parejas o exparejas siguen sin formar parte de ese listado. Ahí hay un reto importante: modificar el concepto de víctima de la violencia de género.

Hay mucho más pero otro de los fundamentales es aportar los fondos económicos necesarios para poner en marcha nuevos juzgados que atiendan a la víctimas. Eso sí, nuevos juzgados con jueces y juezas instruidas en perspectiva de género para aplicar la norma con las gafas moradas puestas.

Quince años protegidas por la Ley, sí, pero quince años en los que las mujeres continúan sintiendo el pretendido acompañamiento como algo lejano.

Llega el 2020. ¿Avanzamos?

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