¡Hagan juego!

Leo que Reino Unido prohibirá a partir del mes de abril el uso de tarjetas de crédito para apostar, tanto en línea como en establecimientos físicos. El objetivo es luchar contra la ludopatía,
ese impulso irreprimible de jugar a pesar de ser consciente de sus consecuencias y del deseo de detenerse y que está reconocida como una enfermedad por la Organización Mundial de la Salud.

Dados los terribles datos a los que nos enfrentamos, por ejemplo en España y solo durante el año pasado se jugaron casi 18.000 millones de euros, se impone la necesidad de agregar una capa de protección adicional para las personas vulnerables.

Los psicólogos dicen que el juego de azar es un reto a la suerte mediante el cual una persona proyecta sus esperanzas de cambiar mágicamente el futuro a su favor, o al menos de experimentar el placer del triunfo contra el riesgo del fracaso a pesar del sufrimiento que conlleva la incertidumbre. El problema aparece cuando esa supuesta magia se convierte en la cadena que te acaba por unir a la maquinita de las apuestas y te esclaviza. A ti y a quienes te rodean.

Estamos a la espera de que el gobierno haga efectivo ese deseo de prohibir a famosos anunciar casas de apuestas. Las figuras del deporte, los periodistas deportivos o algunos rostros televisivos están llenando sus arcas a costa de vaciar las de aquellas personas que por una u otra razón acaban enganchas a la supuesta magia de la que hablábamos antes. A mi me duele especialmente escuchar a compañeros de la radio amenizar sus contenidos y salpicarlos con cuñas publicitarias de viva voz invitándonos a jugar y jugar, con responsabilidad, sí, pero jugar.

Todas esas personas tienen una importantísima responsabilidad social y son referentes para las miles y miles de personas que les siguen, les escuchan o les ven por la televisión. Saben que con su publicidad, con sus intervenciones, están avalando un juego que en demasiadas ocasiones se está convirtiendo en adicción, sobre todo entre la gente más joven. No vale mirar hacia otro lado. El simple gesto de rechazar protagonizar esas campañas sería imitado por personas abocadas al sufrimiento, a perder su dinero y el de sus familias. No vale todo. También quienes trabajamos en los medios de comunicación debemos tener unos códigos de comportamiento y de transmisión de valores que no casan precisamente con anunciar casas de apuestas.

La serie «El vecino», emitida en Netflix, ha hecho una gran labor solo con incluir en una serie en la que un superhéroe tiene (como Superman) una novia periodista que se deja la piel por hacer un reportaje contra las casas de apuestas y en favor de la ayuda a los y las ludópatas. Parece una tontería pero ese mensaje, cala.

El nuevo gobierno debe tomar cartas definitivas en este asunto. No hay momento del día en el que nos libremos de esa tentación a la que en épocas de penurias como las que viven muchos de nuestros jóvenes es fácil caer.

Que no se puedan pagar las apuestas con tarjeta de crédito es una buena iniciativa. ¿Porqué no copiar las buenas ideas?

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