Coronavirus: durmiendo con su enemigo

Teléfonos de atención a las víctimas de la violencia de género

Querido diario:

Otro día más sin pisar la calle. De momento no lo llevo mal. Organizada y disciplinada como soy me he impuesto unos horarios de ejercicio físico, trabajo, cocina, cultura y limpieza que me están ayudando mucho a llevar este tiempo gris.

No puedo evitar pensar en estos días en las mujeres que viven confinadas con su enemigo. Algo así como la película protagonizada por Julia Roberts, «Durmiendo con su enemigo», en la que la protagonista incluso llegaba a hacerse la muerta para evitar que su marido le encontrase, pero trasladada la historia a la vida real.

Me alegra saber que durante el estado de alarma todos los servicios de atención a las víctimas de la violencia de género están en marcha y, sobre todo, que las denuncias por violencia de género han descendido a la mitad durante estos días de confinamiento. Sin embargo, este titular sería esperanzador si se diese en circunstancias «normales». Lo malo es que se da en una situación extraordinaria en la que la dificultad para denunciar cualquier agresión es mayor, a lo que se suma el miedo a interponer denuncia mientras se está viviendo con el agresor. También es importante en la lucha contra esta lacra que haya aumentado el control social del vecindario y que en muchas denuncias el agresor sea una expareja con la que en estos momentos no se convive.

Me gusta que se ejerza una mayor presión social sobre los agresores porque las mujeres víctimas de la violencia machista tienen que sentirse acompañadas en estos momentos inciertos.

Hay otra cosa que he vuelto a escuchar hoy y que oigo de manera insistente. Especialmente la derecha española se ha encargado de propagar la idea de que fueron las manifestaciones del 8 de marzo las que dieron el pistoletazo de salida a los contagios. Pues bien, ese mismo día, además de las numerosas concentraciones protagonizadas en su mayoría por mujeres, se celebraron los últimos partidos de fútbol correspondientes a la liga de primera división, una importantísima feria de alimentación en el BEC, la Feria de Muestras vasca y un mitin de VOX al que acudieron cerca de 9.000 personas. Los casos detectados a partir del 8 de marzo se gestaron 8 o 10 días antes. No digo que las manifestaciones no contribuyeran a propagar el virus pero sí que esa misma propagación se realizó en otros muchos eventos. Ya son ganas de liar la manta y meterse siempre donde no les llaman….

En fin, querido diario, que todas estas cosas me vienen a la cabeza en este jueves, día 19 del confinamiento. ¡Vamos a por el finde largo!

Un comentario en «Coronavirus: durmiendo con su enemigo»

  1. Sobre el tema principal, totalmente de acuerdo. Quienes no lo vivimos en nuestro pellejo supongo que no podemos ni imaginar la dureza y angustia provocada por esa situación. Si ya en tiempos «normales» tiene que ser una atrocidad insoportable, el añadido del confinamiento tiene que elevar el miedo, la angustia, la falta de aire..al infinito.

    Sobre el 8 de marzo. Es evidente que el paso adelante del feminismo ha provocado una reacción muy agresiva de una ultraderecha misógina que lo utiliza absolutamente todo.

    Es absurdo estigmatizar al 8 de marzo y las concentraciones de ese día como causantes del arranque de expansión de la epidemia.

    Pero, sin culpabilizar a nadie, no está de más una reflexión.

    El 8 de marzo se produjeron esas concentraciones y, como bien apuntas, muchos otros eventos con miles de personas reunidas, como partidos de fútbol y también el mitin de Vox en Vistalegre.

    El 9 de marzo, inmediatamente después, se establecían ya medidas de restricción muy drásticas.
    Sinceramente, parece claro que se trató de cualquier manera de retrasar las medidas hasta pasar el 8 de marzo.
    No soy epidemiólogo (y tampoco es que estén acertando mucho) pero seguramente tampoco se habría conseguido mucho y el virus llevaba ya campando varias semanas infectando a gente cuyos síntomas se revelaron ya mediados de marzo. O sea; no creo que las concentraciones del 8 de marzo hayan incidido mucho (de la misma forma que no creo que el aumento de las restricciones a lo más esencial…vaya a suponer mucho más de lo que ya se estaba haciendo; esto es lo que es y va a seguir su curso en todas partes hasta que pase).

    Pero sí que parece que lo más prudente, si esas medidas se tomaron el 9 de marzo, habría sido cancelar todas las reuniones de personas ya ese fin de semana. Y creo que de no haber estado programadas las marchas por el 8M, así se habría hecho con partidos de fútbol y demás. No se hizo, creo, para no enfrentarse al movimiento feminista. Y, claro, si se permitía eso, había que permitir lo demás.

    Y la reflexión es; ¿cual hubiese sido la reacción del feminismo si el 6 o 7 de marzo el gobierno decide prohibir las marchas?
    No tengo dudas de que hubiese sido una reacción furiosa, de llamar de todo al gobierno y, por supuesto, de desobediencia; habrían salido a la calle. Tengo una certeza del 100%. No se habría atendido a razones.
    Ojo…hablo de lo que sabíamos el 6 de marzo. Claro que ahora, con lo que estamos viendo, nadie te diría algo así. Con lo que sabemos hoy, las mismas promotoras de las marchas dirán, honestamente, que las habrían suspendido.
    Pero el 6 ó 7 de marzo el gobierno ya tenía que saber muchas cosas para tomar las medidas drásticas que tomó el 9 de marzo. Y no las tomó antes de ese fin de semana por miedo a la reacción. Y un miedo justificado, porque esa reacción de no atender a ningún tipo de razones y de llamar «machistas» a todo el que se le hubiese ocurrido sugerir la suspensión se habría producido así.

    Y eso lo que yo creo que, sin culpabilizar a nadie de todo esto, debe mover a una reflexión del propio movimiento.

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