Vísteme despacio, que tengo prisa

Covid 19

Querido diario:

A veces es necesario ver a la muerte de cerca para hacernos una idea de lo que significa la Covid 19. A quienes no hemos tenido en nuestro entorno a nadie afectado por la cara más dura de la enfermedad nos parece que grave sí, lo es, pero relativizamos su dimensión. Puede que sea un mecanismo de autodefensa, de protegernos ante la crudeza de la muerte y de reafirmar incluso algunas actitudes poco acordes con lo que mandan las normas de la desescalada.

Hoy entramos en la fase 1. En Euskadi, que no somos muy dados a la guasa, decimos con cierta gracia que nos hemos quedado en la fase 0.5 porque hay algunas medidas, sobre todo las referidas a la movilidad, más restrictivas que en otros lugares de los que entran en la misma fase.

Los mensajes que nos llegan desde las autoridades invitan a pensar que pronto habrá pasado todo. Abrirán las puertas los centros escolares, los transportes públicos comenzarán a funcionar al 100%, las tiendas de menos de 400 metros cuadrados trabajarán sin cita previa y en horario habitual, podremos juntarnos con 9 amigos/as o familiares y movernos, por nuestra provincia, los futbolistas ya entrenan en las instalaciones de sus clubes pese a que los test hayan salido positivos ya en seis ocasiones, etc, etc, etc.

Mientras, los y las sanitarias nos dicen que estamos yendo demasiado rápido. Esa sensación de vuelta a la normalidad provoca que la ciudadanía baje la guardie. La presidenta del Colegio de Enfermería de Bizkaia decía ayer que la epidemia está mejor y más controlada pero que lamentablemente esto no ha acabado. Aseguraba que la gente no debe ser optimista porque estamos en la fase 0 y ya parecía que se había terminado la pandemia. Mª José García Etxaniz dejaba la responsabilidad en las personas, a quienes nos pide ser consecuentes . Todas estas semanas de confinamiento nos deben servir para aprender y no para caer en un retroceso.

Volviendo al principio, a lo que cambia nuestra percepción cuando conocemos el alcance real y el impacto del virus en las personas, creo que sería importante que se proyectase una campaña publicitaria, promovida por los gobiernos, en la que se nos mostrase ese impacto. Sería algo así como las criticadas campañas de la DGT para frenar los accidentes de tráfico, aquellas que mostraban la crudeza de un choque con consecuencias mortales. El efecto de esas imágenes en la reducción del número de accidentes fue muy importante. En esta ocasión podría ser beneficioso para que fuésemos totalmente responsables y cumplidores con las normas que nos mostrasen las consecuencias de haber pasado la enfermedad. Ver las historias de personas que han contado su experiencia, cómo han vivido los días de UCI y la posterior rehabilitación, pueden ser un buen ejemplo para que nos concienciemos de la necesidad de seguir las pautas que nos han dictado.

Al parecer, la Covid 19 no nos deja «como trapos» únicamente en los meses posteriores a la infección sino que las consecuencias a futuro son dramáticas. Inflamaciones pulmonares, fibrosis, mayor riesgo de sufrir un ictus, aumento de las enfermedades cardiacas o necesidad de atención cognitiva y psicológica son algunos de los efectos secundarios que puede dejarnos el virus. No es broma, no.

Hoy cambiamos de fase, nos sentimos más liberados y comenzamos a soñar con que esa nueva forma de vivir nos permita hacerlo más o menos como lo hacíamos antes de la pandemia. Ojo que el coronavirus sigue en nuestras vidas. No queramos ir más rápido de lo que debiéramos. Si vamos a vivir de una forma nueva, mejor hacerlo con seguridad. Es la económica la única razón que está precipitando los acontecimientos. Ojalá no tengamos que arrepentirnos.

Prudencia. Esa es la palabra que debe regir los nuevos tiempos. Andoni Orturzar, el presidente del EBB del PNV, decía en una entrevista publicada ayer que Pedro Sánchez ha pecado de «exceso de prudencia». Yo creo, querido diario, que toda prudencia es poca cuanto te enfrentas a la muerte. Hay que caminar lentamente si queremos llegar más pronto a un trabajo bien hecho.

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