Decrecer a la fuerza

Querido diario:

Siempre me ha interesado la teoría del decrecimiento y he procurado ir adaptándome a ella a lo largo de los últimos años.

El concepto de decrecimiento preconiza la disminución regular y controlada de la producción con la finalidad de establecer una nueva relación de equilibrio entre los seres humanos y la naturaleza. Muy en básico diríamos que vivir según los parámetros del decrecimiento es vivir con menos, lo que implica un gran beneficio para el planeta y cambiar, de forma estructural y no coyuntural, nuestra forma de relacionarnos en todos los ámbitos.

Si nos ponemos a pensar en la cantidad de cosas que nos sobran, las prescindibles absolutamente, seguro que la lista sale muy larga. Y si al mismo tiempo pensamos en los beneficios que vamos a obtener a cambio de dejar de lado aquello que no necesitamos, la lista es igualmente amplia.

Hay varios aspectos a evaluar a la hora de convertirnos en «decrecionistas». Lo primero, nuestro estilo de vida. ¿Queremos mantener los valores individualistas y consumistas o preferimos sustituirlos por ideales de cooperación? Si aceptamos esa nueva escala de valores tendremos que reestructurar no solo los sistemas de producción sino también las relaciones sociales. Muy unidas a esas relaciones sociales está el consumo. Si simplificamos nuestro estilo de vida, volvemos a lo pequeño, a lo sencillo y valoramos nuestras necesidades de uso veremos que podemos evitar el despilfarro. Si todo esto lo acompañamos con una buena redistribución de la riqueza creo que podremos llegar a alcanzar un nivel de felicidad que no nos hubieramos imaginado.

Pero visto lo visto en estos últimos días, me da que la pandemia no va a servir para que nos paremos y reflexionemos sobre la importancia de decrecer. En cuando han abierto las terrazas de los bares nos hemos lanzado a ellas como si no hubiera un mañana, las tiendas vuelven a recibir clientes ávidos de novedades de todo tipo y nos paseamos por las calles como si el virus nos hubiese dicho bye bye.

Si alguien va a decrecer, querido diario, va a ser a la fuerza. Ha calado hondo el famoso «carpe diem» que nos invita a no guardar para mañana lo que podamos gastar hoy. Mientras, las colas de la Cruz Roja, Cáritas y el Banco de Alimentos no dejan de crecer. Desgraciadamente a ellas no llega el decrecimiento sino todo lo contrario.

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