Indignación

Querido diario:

Qué poco ha tardado la clase política en bajar al barro. Lo que hace solo dos meses era unidad, sentido de estado, apoyo incondicional y «todos a una» se ha convertido en una nueva demostración de que España está condenada a vivir permanentemente dividida. Las dos Españas, la España de las dos velocidades, la socialista y la popular, los dos bandos… Menos mal que aún queda margen para que entre unos y otros haya algunos más preocupados por el bienestar de quienes son sus representados pero sí, son muy pocos. Y también es cierto que a veces están camuflados y son realmente osos con piel de cordero que se cuelan en el mercadillo de las negociaciones con asuntos que nada tienen que ver con la dura situación que vivimos.

Si tuviera que añadir un estado a este artículo, como nos piden algunas redes sociales, pondría que estoy «INDIGNADA». Lo estoy porque con una crisis sanitaria aún sin resolver y con una crisis económica que no está por venir sino que la tenemos encima, la clase política se dedica más a buscar culpables a los que cargarles los muertos que a solucionar los problemas de la ciudadanía, algo para lo que, por cierto, fueron elegidos.

Seguimos a vueltas con la incidencia que tuvieron las manifestaciones del 8M en la propagación del coronavirus, en si el epidemiólogo de referencia dijo que era como la gripe o si era más fuerte, en si el gobierno utiliza el estado de alarma para mermar nuestros derechos y no para impedir que el bicho siga campando a sus anchas, en si hay que destituir a guardias civiles o no, etc, etc, etc.

No digo yo que no sea necesario aclarar todo esto, que lo es, pero me da que no es el momento. Ahora es el tiempo de arrimar el hombro, de poner en práctica el «juntos saldremos de esto» y de poner en marcha los mecanismos necesarios para que nadie se quede en el camino. La ciudadanía se siente huérfana de referentes, comprueba que la política ha vuelto a su versión de «politiqueo» y siente que todo vuelve a ser como antes. Sin acuerdos, tirándose los trastos a la cabeza, mercadeando con lo que se puede conseguir y lo que no y cada uno arrimando el ascua a su sardina. Así estamos. Y así solo conseguimos dar una sensación de falsa normalidad que nos lleva a los y las ciudadanas a volver también a nuestras antiguas costumbres. A besarnos, abrazarnos, juntarnos en grupos tan grandes como queramos y donde queramos, a no respetar las distancias y en cuanto apriete el calor, a quitarnos la mascarilla.

Quienes ya se la han quitado son nuestros representantes. Se habían colocado la mascarilla de la unidad para sacar al país adelante después de la pandemia pero parece que les ha agobiado pronto y han decidido volver a las andadas, así que nosotros volvemos a las nuestras.

Estamos de luto oficial. Las banderas ondean a media asta y guardamos minutos de silencio por los casi 30.000 fallecidos, solo en España, por la covid19. Yo, querido diario, guardo luto también por la oportunidad perdida de salir juntos de esto. Este país no tiene remedio. Qué pena, más cuando en España hay un gobierno formado por los socialistas y los que en aquel ya lejano 15 M se denominaron INDIGNADOS.

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