La distopía ya está aquí

Se han puesto de moda las series distópicas, esas que nos muestran un mundo imaginario e indeseable. Distopía viene del griego, de la unión de las palabras malo y lugar.

Recién instauradas las nuevas medidas anti propagación de la covid19 en Madrid vemos un mundo muy similar al que podríamos distinguir en una de esas series. De hecho se está pasando por una cadena de televisión «La valla», un historia en la que la ciudad de Madrid queda dividida en dos partes, la rica y la pobre. Los últimos no pueden pasar al terreno de los primeros salvo que tengan un salvoconducto que les autorice a cruzarla para ir a trabajar. Y también hay un virus mortal.

Se plateó como una serie distópica pero a quienes la seguimos nos parece absolutamente real. Una comunidad dividida y marcada por las enormes diferencias económicas entre una parte y la otra. Y un absoluto desgobierno en el que nadie sabe por dónde o cómo puede circular. Se trata de que el virus no se propague pero parece no importar que lo haga si es que unos van a servir a los otros.

Este fin de semana han sido muchas las movilizaciones que se han celebrado en la zona sur de Madrid. Entre las voces que hemos escuchado me impresionó la de una mujer que afirmaba que lo único que les falta es que les pongan un uniforme con el cartel de «pobre» a la espalda. Así se sienten, desprotegidos por vivir en barrios o municipios obreros, humildes y con una calidad de vida muy inferior a la de la zona «rica».

Al mismo tiempo que en Madrid se vuelven locos/as para saber cómo vivir su día a día, en la Costa del Sol la policía desmantela fiestas privadas y exclusivas a las que solo se accede por invitación y si tu posición social es también «exclusiva». Tú, ciudadano vulgar, enciérrate en casa y sal para trabajar como servicio en esas fiestas mientras yo, ciudadano ejemplar, me divierto sin que nadie me vea y sin respetar las normas.

Todas estas cosas que cuento las hemos visto en las series de televisión que tanta inquietud nos generan. Ahora no son ficción, son nuestro día a día. Da miedo ver cómo muchas de las situaciones que nos parecían de película se están convirtiendo en realidad. Y da miedo también ver cómo quienes gobiernan intentan frenar huelgas y protestas con la pandemia como excusa. Cuesta mucho conseguir derechos y muy poco perderlos. Habrá que tener los ojos bien abiertos.

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