¿Y mi calle pa´cuando?

Sin contar a las vírgenes o a las santas, el número de mujeres a las que se les ha dedicado una calle es escaso. En Algodonales, Cádiz, el área de cultura del Ayuntamiento se hizo estas preguntas: ¿dónde están todas esas mujeres científicas, médicas, matemáticas, intelectuales, profesoras y maestras? ¿cómo enmendar este agravio e invertir la poca representación femenina en su callejero?

Tras la pregunta surgió una divertida idea: reunir a más de 100 mujeres de la localidad para realizar un vídeo reivindicativo. Con la base de la famosa canción de Jennifer López ‘Y el anillo pa’cuando’, un centenar de féminas han logrado un compromiso serio por parte del Ayuntamiento  para compensar el desequilibrio nombrando calles de mujeres.

Aquí os dejo este vídeo rodado por mujeres que también quieres estar en el callejero. Atención a la letra. Olé por ellas.

Igualdad sí, privilegios no

 

Una carrera ha vuelto a colocarse en el centro de la polémica al decidir cobrar doce euros por la inscripción a los hombres y ser gratuita para las mujeres. La prueba está organizada por la Federación Vasca de Atletismo.

Me pregunto si medidas como esta contribuyen a aumentar la participación femenina en las carreras o son un privilegio que provoca el efecto contrario.

Os dejo mi opinión. Haz click AQUÍ y déjame también la tuya.

Libres para correr, no valientes

Este fin de semana, la atleta vasca Elena Loyo ha denunciado una situación de acoso vivida mientras entrenaba por los caminos de Murgia. Las mujeres que corremos también sabemos lo que es ser acosada mientras entrenamos y condicionamos nuestros entrenamientos por miedo.

He publicado este post en Runnea con una pequeña encuesta a corredoras sobre sus miedos e inquietudes a la hora de correr. Os lo dejo aquí para que veáis lo difícil que es escapar del acoso en cualquier campo.

https://www.runnea.com/articulos/running-news/2018/10/libres-para-correr-valientes-3880/

 

#MeToo llega al Parlamento Europeo

La Eurocámara, sus trabajadoras y algún trabajador, se suman al movimento Me Too y han puesto en marcha el blog colaborativo #MeTooEP. A través de esta nueva plataforma darán a conocer casos de abuso y acoso en el seno del Parlamento Europeo y reivindicarán que se pongan en marcha las medidas adoptadas en 2017 para combatir las actitudes sexistas que se dan en esa institución.

Sí, a la vista de lo que las mujeres están contando en ese blog, esas actitudes se dan con mucha frecuencia. A veces parecen escenas sacadas de una película, pero no, son reales como la vida misma. Los casos están recogidos en www.metooep.com

“Comencé a trabajar para un grupo político en mayo de 2016. Había escuchado de mis colegas que a un diputado en particular del mismo grupo le gustaba invitar a nuevos asesores a las cenas de oficina en Estrasburgo, así que cuando me invitó no pensé mucho en ello y agradecí. Cuando llegué, me di cuenta de que no era una cena de oficina, sino una cena íntima para dos en un restaurante muy elegante. Me senté con la esperanza de que sus asistentes se unieran en algún momento. A medida que avanzaba la cena, me sentía cada vez más incómoda. Al final de la cena, comenzó a felicitarme de diferentes maneras, y en un momento dado dijo; “Es increíble que una mujer tan hermosa como tú haya decidido realizar este tipo de trabajo”, “Estoy seguro de que tienes muchos pretendientes”. Luego me preguntó si quería ir al bar “Les aviateurs”. Me negué y él insistió en que me llevara a casa. Al final no pasó nada, pero tenía miedo. A continuación, comenzó a enviar mensajes. Siempre estuvieron vagamente relacionados con el trabajo, pero siempre aleatorios y enviados fuera del horario de oficina. Su comportamiento conmigo se volvió tan extraño que mis colegas lo convirtieron en una broma al decir que “le gustas”.

“Me mandaron a una misión oficial y decidí compartir mi airbnb con un compañero. Una noche, estaba en la cama y oí tocar en la puerta. Estaba cansada y no respondí. De repente, se abrió la puerta y mi compañero entró en calzoncillos. Me enfadé e insistí en que se fuera. Sin embargo, se metió en mi cama. Estaba tan asustada que me enrollé sobre mí misma y le rogué que se marchara. Pero, en lugar de eso, decidió atacarme. Me tocó mis pechos y apretó mis pezones. Me dolía, pero no paraba. A continuación, se frotó sobre mí. Estaba erecto. Después de cinco minutos así, harta de que le rogara, se paró, me riñó por no ser receptiva y, para mi alivio, se marchó. Rellené una queja con la autoridad competente el 3 de octubre de 2017. Aún estoy esperando la respuesta”. 

“Una vez recibí un mail a las dos de la mañana de un asesor político del Parlamento Europeo –conocido por su pasión por la fotografía lujuriosa–. El mail enviado desde su cuenta de correo del trabajo incluía una serie de fotos de mí en el trabajo sin mi consentimiento ni conocimiento. ¿El asunto del mail? ‘Tengo más fotos tuyas”.

Estos son solo algunos de los testimonios que se recogen en este blog con el que se pide que el Parlamento actúe y que haya una asesoría externa e independiente, así como formación obligatoria para los eurodiputados y eurodiputadas. El Parlamento Europeo debe ser un lugar ejemplar y actuar ante los casos de abuso y acoso.

Un paso más.

Mandatarios terroríficos

Combatir a quienes no respetan los derechos humanos. Ese debe ser el objetivo de quienes en estos momentos se encuentran a un paso de tener un presidente homófobo, machista y racista. Hablo de Jair Bolsonaro, el parece futuro presidente de un país, Brasil, que acaba de obtener el 46 % de los votos en la primera ronda de votaciones. La segunda, la que se celebrará el 28 de octubre, será la definitiva.

Preocupa extraordinariamente la posibilidad de que un líder de la ultraderecha llegue a ser el máximo mandatario de un país que encabeza a los “brics”, países con mayor proyección y capacidad de desarrollo: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica.

A Jair Bolsonaro, un capitán de la reserva del Ejército, le definen sus palabras. Ahí van algunas de sus frases más “célebres”:

«Jamás te violaría porque no te lo mereces» (2003, a una diputada en la Cámara Baja).

«No emplearía (hombres y mujeres) con el mismo salario. Pero hay muchas mujeres competentes» (2016, en una entrevista en TV).

«Sería incapaz de amar un hijo homosexual. No voy a ser hipócrita aquí. Prefiero que un hijo mío muera en un accidente a que aparezca con un bigotudo por ahí» (2011, en una entrevista en una revista).

«No voy a combatir ni discriminar, pero si veo a dos hombres besándose en la calle los voy a golpear» (2002, en entrevista).

«Estoy a favor de la tortura. Y el pueblo está a favor también» (1999, en entrevista en TV).

 «No corro ese riesgo porque mis hijos fueron muy bien educados» (2011, en entrevista en TV respondiendo a la pregunta sobre cuál sería su reacción si alguno de sus hijos se enamorase de una mujer negra).

 «Es una desgracia ser patrón en este país, con tantos derechos para los trabajadores» (2014, entrevista en diario).

«El afrodescendiente más flaco allá pesaba siete arrobas. No hacen nada. Creo que ni para procrear sirven más» (2017, tras visitar un «quilombo», poblado en donde viven personas de descendencia africana, y comparándolos con vacas).

Pero no solo preocupa que alguien así llegue al poder en Brasil. Lo que inquieta de verdad es saber que cada vez encontramos más mandatarios del mismo corte. Solo hay que recordar la relación de Donald Trump con las minorías, las mujeres o las personas migrantes. O el impulso que en Francia ha cogido Marine Le Pen o en Italia Matteo Salvini, retratados igualmente por sus palabras y sus hechos xenófobos, racistas y anti derechos humanos. Más cerca aún, este fin de semana escuchábamos al líder de VOX, Santiago Abascal, denunciar ante casi diez mil personas “la invasión de la inmigración ilegal”, que “los criminales son mayoritariamente extrajeros” o que quieren “recuperar la dignidad de las mujeres que nos quieren quitar con políticas de cuotas”.

Tenemos al enemigo dentro. Gobernantes o representantes políticos de ese calado solo merman las libertades, provocan división social y utilizan el populismo para ganarse a una sociedad que no les merece.