Respuesta fácil a ¿Qué hacer ante la violencia contra las mujeres?

La pregunta que da título a este artículo es la que lanza la guía reeditada por el Departamento de Empleo y Políticas Sociales del Gobierno Vasco adaptándola a lenguaje claro y lectura fácil. De ahora en adelante se podrán consultar dos guías: una escrita en lenguaje claro y otra, más sencilla, en lectura fácil.

Cada una de estas guías ha sido editada en seis idiomas: euskera, castellano, francés, árabe, portugués y rumano. Además, también en sistema Braille, para personas ciegas analizándose una posible grabación en lenguaje de signos para personas sordas y en audio para aquellas con problemas lectoras y comprensoras.

¿Qué ganamos con esto? Pues nada más y nada menos que una guía mucho más fácil de comprender. Uno de los graves problemas que presentan las distintas comunicaciones y guías oficiales es su lenguaje «administrativo». No todo el mundo tiene los mismos conocimientos ni es capaz de interpretar adecuadamente los textos, especialmente las personas extranjeras.

Desde el Gobierno Vasco se apunta a la claridad de los textos administrativos como un derecho de la ciudadanía, sobre todo en ámbitos en los que las decisiones tienen consecuencias relevantes para sus vidas. En ocasiones los textos administrativos pueden ser ininteligibles para la ciudadanía y en consecuencia producen situaciones en las que las personas destinatarias de esos textos cometen errores en su interpretación, aumentado las posibilidades de realizar trámites que hay que subsanar posteriormente o de tener que recurrir a servicios de ayuda y asesoramiento.

La guía ofrece la información más concreta posible para ser más accesibles para las mujeres que sufren violencia. El objetivo último es que sea una herramienta realmente útil para la ciudadanía. Las mujeres que sufren violencia a menudo se sienten desamparadas, sin saber a dónde acudir. Esta guía resume los recursos que las administraciones vascas tienen en marcha para atenderlas de forma sencilla.

El Gobierno Vasco distribuirá 100.000 ejemplares de estas guías en aquellos lugares a los que estas mujeres pueden acudir, tales como Ertzainetxeak; sedes de los Servicios de Atención a la Víctima (SAV) ubicados en los Palacios de Justicia de las tres capitales vascas y Barakaldo; oficinas de Lanbide; sedes de los servicios sociales de base; diversos centros médicoshospitales y ambulatorios; oficinas de Emakunde; delegaciones de las asociaciones de mujeres, de aquellas contra la violencia de género; agrupaciones de mujeres que ejercen la prostitución, de inmigrantes y de apoyo a la inmigración, entre otras; y las sedes de la ONCE con folletos en formato Braille.

La guía resume los servicios y recursos que las administraciones vascas ofrecen a las mujeres que sufren o han sufrido malos tratos por parte de sus parejas o exparejas, y está dirigida a todas las mujeres que sufren violencia, lo que incluye la ejercida por algún hombre de su entorno familiar distinto a la pareja (padre, hermano o hijo), el abuso, agresión y acoso sexual, la trata, la prostitución forzada, el acoso en el ámbito laboral, etc.

La guía se convierte así en una útil herramienta para
profesionales que atienden a estas mujeres, como agentes de los diversos cuerpos de seguridad, profesionales sanitarios, de la abogacía o de los servicios sociales de base, entre otros, así como por familiares y allegados de las víctimas, para poder aconsejarlas basándose en una información concreta y real sobre los recursos existentes.

VIOLACIÓN

Acabo de brindar como celebración de la sentencia firme contra la manada, la que les condena a, entre otras cosas, quince años de cárcel. Ha sido de manera espontánea. Disfrutábamos de unos de los conciertos de Bilbao Bizkaia Harro y al ir a brindar con nuestros botellines de cerveza, los hemos levantado y hemos dicho: «Por la sentencia». No hacía falta añadir nada más.

Con ese gesto hemos celebrado una justicia justa. Increíble escribir esta perogruyada de «justicia justa» pero hasta ahora, en este caso, teníamos la sensación de que la balanza iba a ser incapaz de equilibrarse.

El Tribunal Supremo ha aumentado las penas que se les había impuesto con una sentencia sobre la que no cabe recurso, salvo en Europa, y que sienta jurisprudencia. Eso quiere decir que jueces y juezas pueden basarse en ella para dictar futuras sentencias en casos similares. Desgraciadamente los habrá.

José Ángel Prenda, Alfonso Cabezuelo, Ángel Boza, Antonio Manuel Guerrero y Jesús Escudero han pasado esta noche en prisión. Se quejaba su abogado, al que durante todo el proceso algunos medios de comunicación han dado pábulo en su criminalización hacia la víctima, de que la sentencia está viciada por intervenciones políticas. Criticaba además que se haya hecho pública «demasiado rápido» y que se haya encarcelado a sus defendidos «sin tiempo para que se despidan de sus familias». Por suerte este abogado tiene la batalla totalmente perdida ya.

Poco hay que añadir a lo que ya se ha escrito y dicho sobre el tema. Solo decir que hoy las mujeres, especialmente, nos sentimos más libres, más protegidas. Por fin se ha hecho justicia y se ha llamado a las cosas por su nombre. Eso sí, tenemos una manada encarcelada. Cuidado. Quedan muchas sueltas.

Sharenting o cómo exponer a tus hijos/as gratuitamente

Llevo ya tiempo con ganas de escribir sobre el «sharenting«, un anglicismo que proviene de share (compartir) y parenting (paternidad). Es un tema incómodo por las muchas personas que lo practican, creo, sin ser demasiado conscientes del perjuicio que puede ocasionarles a quienes más quieren, sus hijos e hijas.

El sharentig consiste en documentar todas y cada una de las acciones que realizan los y las pequeñas, desde su primera sonrisa hasta sus primeros pasos pasando por su primer puré, su aventura en la escuela o su paseo por la playa. Cada movimiento es mostrado en Facebook, Instagram y demás redes sociales convirtiendo a esos menores en protagonistas sin quererlo. O al menos sin ser partícipes de la decisión de sus padres o madres de mostrar al mundo su privacidad.

Dice Jorge Flores, el director de Pantallas Amigas, que los padres y madres no son propietarios de esa privacidad sino gestores de la misma, albaceas, y que enseñarla sin fin no es una gestión responsable. Considera que de la acción de mostrar sus vidas, las personas interesadas, hijos e hijas, no tienen beneficio alguno y sí potenciales riesgos. No puedo estar más de acuerdo.

El sharenting se ha convertido en una práctica tan habitual que el propio diccionario británico Collins lo incluyó en sus páginas en 2016. Nunca hasta ahora habíamos tenido una generación con una infancia tan pública. El problema es que cuando sean mayores puede que esos niños y niñas no estén de acuerdo con esa exhibición gratuita.

Los niños y niñas tienen huella digital a una edad cada vez más temprana. En el momento que una imagen, foto o vídeo es publicada se crea una marca del niño/a que le acompañará el resto de su vida. Ya hay distintos organismos que aconsejan que se pida permiso a los menores antes de publicar las fotos. Si se trata de niños/as muy pequeños recomiendan que se piense en si les gustaría que lo publicaramos o si les avergonzaría. Si no estamos seguros, es mejor que no publicarlo.

Y todo esto sin pensar en la gran cantidad de información que se da de esos menores y que facilitan enormemente los fraudes. Las empresas de seguridad estiman que nunca ha sido tan fácil como ahora cometer esos delitos porque los delincuentes conocen fechas de nacimiento, lugares de residencia e incluso nombres de mascotas que después utilizamos como contraseñas.
Desde Barclays, por ejemplo, aseguran que otros diez años de padres y madres compartiendo demasiada información en internet producirá 7,4 millones de casos al año de robo de identidad.

Encantados/as como estamos con nuestros retoños y en ese ansia de mostrárselos a todo el mundo les estamos exponiendo a unos riesgos que pueden salirnos, salirles, caros.

Como antes de hablar, también es necesario contar hasta diez antes de darle a «publicar».


Mil asesinadas, no muertas

Mujeres tumbadas en señal de protesta contra la violencia de género

En el siniestro contador de mujeres asesinadas a manos de sus pareja o expareja hemos alcanzado la cifra redonda de mil. Mil mujeres que no «murieron» sino que fueron asesinadas por la persona con la que compartían su vida.

Entre Diana, la mujer que puso en marcha la cuenta en el año 2003, y Beatriz, asesinada ayer por su pareja en Alboraia, hay otras 998 mujeres que han pasado a engrosar una lista en la que solo se incluyen aquellos casos en los que un hombre ha matado a su pareja o expareja pero deja fuera otros casos como los crímenes sexuales o esos en los que el asesino mata a familiares o amigas que las protegían. Esto quiere decir que la cifra es aún más abultada que esas mil.

Me duele cada una de esas mujeres, las mil y las que no salen en el ranking, las mil y todas las que cada día se enfrentan a una particular «jornada negra» sometidas a malos tratos físicos y psicológicos. Pero hay algo que además de dolerme, me preocupa mucho.

En los últimos meses hemos asistido a la creación y puesta en público de una corriente negacionista que pone en tela de juicio las cifras de la violencia de género, especialmente de las denuncias, y que equipara esta violencia con todas las tipologias de violencia. No, no están solo en el ámbito de la extrema derecha. Incluso reconocidos miembros de la izquierda aseguran que todas las violencias han de ser tratadas por igual. No lo creo, no lo comparto y soy beligerante con esa premisa.

Frente a quienes creen que ha de ser juzgado por igual que un hombre se les enfrente porque se siente superior y un caso de violencia de género yo pongo mil mujeres asesinadas encima de la mesa. Frente a quienes opinan que las mujeres nos colocamos en un papel de víctimas «muy de mujer» , yo vuelvo a poner a esas mil mujeres asesinadas sobre el tapete. Y así podríamos continuar hasta el infinito y más allá.

En España, la tasa de homicidios es baja. Por lo tanto, que mil mujeres hayan sido asesinadas deja claro el componente de género y de violencia estructural y unida a la desigualdad que tienen estos asesinatos. Aquí, una mujer tiene muchas más probabilidades de ser asesinada por su pareja o expareja que en cualquier otro ámbito.

Y me preocupa mucho, además, lo poco que interesa a la ciudadanía este problema de primera magnitud. Los barómetros del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) muestran como el porcentaje de población que nombra la violencia de género como una de sus principales preocupaciones oscila entre apenas un 1% y un 3%.

Triste contador este que no va a quedarse estancado. Triste el país que no protege a las mujeres que le piden a gritos ayuda. Hay un importante porcentaje de mujeres que han sido asesinadas después de denunciar a su pareja y eso, sí, es un gravísimo fracaso del sistema.

Mil mujeres ASESINADAS y la mayor preocupación de algunos de nuestros políticos es qué sillón van a ocupar en el futuro gobierno. Piensen en mil mujeres muertas tumbadas en el suelo, una tras otra. Estremece.

Ni una más. Ni una menos.

Premio a la divulgación

Acabo de recibir el Premio a la Divulgación que otorga la Comparsa Gogorregi, grupo formado por gente joven que no solo se ocupa de organizar y disfrutar de la fiesta sino que tienen entre sus objetivos el de trabajar por la difusión del conocimiento, la participación en asuntos sociales y el fomento de la igualdad.

Al recibirlo, lo agradecía y destacaba que me gusta especialmente este premio porque es gente joven la que se ha fijado en mí como merecedora del mismo. Eso significa que también a los y las jóvenes les interesa el mensaje en favor de la igualdad que yo lanzo desde los distintos medios de comunicación en los que trabajo, desde este blog y desde todas las actividades en las que participo.

Cada vez que se publica el barómetro del CIS veo con preocupación como la desigualdad es un tema que preocupa poco y aparece en los últimos puestos del listado de problemas. Que la juventud de Gogorregi tenga en cuenta a alguien que trata de poner en primer plano estos problemas es muy esperanzador.

Muchísimas gracias por este Premio a la Divulgación. Seguiremos trabajando.