20 de septiembre, la noche violeta

Convocatoria en Euskadi: Ayuntamiento de Bilbao . 20.30 horas

Docenas de colectivos de toda España se han sumado a la «emergencia feminista» decretada por la Plataforma Feminista de Alicante. Hace unas semanas, esta entidad emitió un comunicado en el que se constataba que este verano, el mes de julio concretamente, ha sido el más negro para las mujeres en lo que a violencia de género se refiere. Durante ese mes hubo un asesinato con una mujer como víctima cada dos días. Imaginemos lo que sucedería si en cualquier otro colectivo, el de los políticos, los taxistas, los comerciantes, los docentes, los periodistas o cualquier otro, pasase algo similar. No estaríamos hablando entonces de un «problema» sino de una «emergencia». Así lo entendemos quienes nos sumamos a esta iniciativa que el próximo viernes 20 de septiembre nos sacará a las calles para denunciar precisamente eso, que no estamos ante una alerta sino ante un problema de tal magnitud que requiere solución urgente. Y que volvamos a echarnos a la calle.

Dicen desde la plataforma alicantina que esta iniciativa nace de la impotencia, el dolor y la insumisión. Me parece especialmente acertado este último concepto: la insumisión. No podemos quedarnos calladas y asumir que hay hombres (afortunadamente minoría) dispuestos a matar mujeres por el mero hecho de serlo y para demostrarse, sospecho que a sí mismos, su superioridad. Este movimiento nace de no tolerar lo intolerable.

Padres que asesinan a sus hijas e hijos para causar el mayor de los sufrimientos a las mujeres, pederastia, trata, desapariciones, asesinatos, chantajes, acoso, agresiones, abusos, manadas, una justicia que pone en duda las declaraciones de las víctimas, sentencias sin sentido…. Todo esto es lo que ha llevado a estas mujeres a extender su emergencia a todo el país.

Se nos pide que acudamos al llamamiento vestidas de negro. Se repartirá celofán morado para que lo coloquemos en la linterna de nuestros teléfonos móviles para iluminar la noche de ese color.

En Euskadi, la convocatoria partirá del Ayuntamiento de Bilbao a las 20.30 h. y se dirigirá al Teatro Arriaga.

La noche del viernes 20 de septiembre será violeta. No podemos volver a la rutina como si este verano hubiese sido uno más.

Os dejo el manifiesto de emergencia feminista publicado por las organizadoras.

La menopausia, el último tabú

Alrededor del 80% de las mujeres experimenta síntomas durante la menopausia, ese periodo de nuestra vida en el que la ovulación se detiene producto de la disminución de los niveles hormonales. Una de cada cuatro tiene síntomas graves, incluyendo depresión y ansiedad, lo que las puede llevar a ser diagnosticadas con problemas de salud mental y necesiten la administración de medicamentos.

Tras la publicación de un informe que detalla los efectos de la menopausia en las mujeres trabajadoras, un grupo de parlamentarias británicas, liderado por la conservadora Rachel Maclean, han abogado por aprobar políticas laborales que protejan a las mujeres en esta etapa de la vida y combatan el estigma y la desinformación. Lo cierto es que hoy, ante el temor de ser objeto de burla y, sobre todo, de que su dolencia no sea considerada una “verdadera” enfermedad, las mujeres optan por sufrirla en silencio, buscar jornadas reducidas o directamente replantearse su capacidad para seguir en el mundo laboral.

Una empleada de los tribunales escoceses ganó el año pasado una querella por despido improcedente. Mandy Davies había perdido el trabajo a causa de su comportamiento errático, derivado de una medicación para paliar los síntomas de la menopausia. Le produjo mareos, pérdida de memoria y fuertes hemorragias. El juez estimó inaceptable que la echaran a causa de esa “incapacidad” y decretó su inmediato reingreso al puesto, además de una modesta indemnización, pero el caso está todavía pendiente de apelación.

La parlamentaria Maclean fue la primera en crear conciencia sobre la menopausia cuando se dirigió a la Cámara de los Comunes en julio 2018. «Mi mensaje principal es: la menopausia es el último tabú porque todavía se mantiene oculto y solo afecta a las mujeres y solo a las mujeres mayores. Es discriminación por edad, es sexismo, todo en uno», decía.

La cuestión se ha convertido en debate social de la mano de rostros famosos del mundo de la televisión, empresarias, deportistas de élite y otras profesionales muy respetadas en la edad madura han apoyado la iniciativa de Maclean y han hablado sin tapujos sobre su experiencia durante la menopausia. Por ejemplo, la periodista de la BBC Louise Minchin (50 años) se ha convertido en la protagonista de un documental en el que relataba sus sofocos, palpitaciones y sobre todo una sensación: «No ser yo misma”.

Hablar abiertamente de la menopausia y de cómo la vivimos las mujeres puede ayudar no solo a quienes la padecen sino también a esos hombres que dicen no entender lo que nos pasa en esta etapa tan importante de nuestra vida.

En «Tú también puedes ser runner», el libro que escribí sobre mi experiencia como corredora, hablo además de cómo viví yo mi menopausia precoz. Decidí contarlo de forma clara, directa, sin tapujos y sin esconder nada porque como la parlamentaria británica, yo también creo que debemos derribar este tabú.

Esto es parte de lo que decía:

Fragmento del libro «Tú también puedes ser runner»

La campaña impulsada por Maclean aboga por enterrar el estigma de las menopáusicas y “normalizar” la menopausia en el puesto de trabajo. Me sumo a su reflexión en la que constata que “hoy es inimaginable que una trabajadora embarazada vea vetadas ciertas tareas, y eso tendría que ser exactamente igual para las mujeres en la menopausia. Necesitamos una legislación que les garantice un amparo laboral a semejanza de las políticas sobre la maternidad”.

Pacto ético contra el morbo

Ha comenzado el juicio por el asesinato del niño Gabriel Cruz, aquel niño desaparecido en Almeria y que fue encontrado muerto días después. La entonces novia de su padre fue la asesina confesa.

Recordarán el minucioso seguimiento que se hizo de ese caso y tampoco habrán olvidado lo mucho que se rebuscó en la vida de los familiares del niño en un intento por parte de los medios de comunicación de contar cosas cuanto más escabrosas, mejor, fuesen o no ciertas. También entonces hablamos de la vergüenza que nos producía ver, escuchar y leer algunos medios empeñados en mostrar todo el morbo posible.

Hace varios meses se estreno un documental de cinco capítulos en el que podíamos recordar todo lo que rodeó al caso de las niñas de Alcaser. En aquel momento, Nieves Herrero se convirtió en la impulsora de la telebasura. Mucho se ha hablado de ella pero tampoco hay que olvidar que otros profesionales de prestigio, como Pepe Navarro, convirtieron el caso en un verdadero estercolero. Es sin duda un documental muy recomendable para quienes quieran volver a ver aquel despropósito.

Después de aquel caso han sido desgraciadamente muchos otros los que hemos seguido con una mezcla de repugnancia y sonrojo. Sin ir más lejos, la desaparición de Blanca Fernandez Ochoa. No solo la televisión ha vuelto a jugar sucio. La imagen del hijo de la fallecida llorando sobre una mesa y semidesnudo publicada en portada por el diario El Mundo ha sido un buen ejemplo de vergüenza.

Viendo la que se viene encima, la madre del niño Gabriel contactó con el presidente del Consejo Audiovisual Anadaluz, el veterano periodista Antonio Checa, para que efectuara una llamada a los profesionales de la información que evitara “excesos” como los producidos durante la cobertura de la búsqueda de Gabriel y de la detención e interrogatorio de la autora confesa de la muerte del niño, Ana Julia Quezada.

Además, los padres de Gabriel han elaborado un documento en el que se pide evitar informaciones “relativas a los informes forenses que se le practicaron, que puedan dañar su imagen y ocasionen un perjuicio y dolor enorme a sus seres queridos”. No se niegan a que se informe pero nos piden a los y las periodistas que seamos cuidadosos con la imagen de un menor. Quieren evitar un tratamiento sensacionalista y morboso de la información y que no
no se produzcan interferencias que pudieran cuestionar que se trata de un juicio justo y con todas las garantías .

Una vez más somos quienes manejamos la información quienes tenemos la responsabilidad de cumplir los deseos de la familia y dos premisas fundamentales: que lo que contemos no añada más dolor al ya inmenso dolor de la familia y que no interfiera en la investigación.

Ojalá en este caso seamos capaces de cumplir con lo que se nos reclama. Precisamente hoy escuchaba en el Boulevard de Radio Euskadi al Juez Decano de Bilbao, Aner Uriarte, lanzar un tirón de orejas para quienes informamos. Se refería al caso de la agresión sexual grupal que se produjo durante la Aste Nagusia bilbaína y aseguraba que el tratamiento informativo de esta agresión no fue el correcto e incluso perjudicó a la investigación. Llegamos a publicar el primer auto, que se suponía era secreto por respeto a la víctima pero se filtró y le dimos pábulo cuando ni siquiera había llegado al juez.

Tenemos que hacer examen de conciencia. Y quienes reciben la información y disfrutan de ese morbo, también.

Ellas los aman jóvenes

Jair Bolsonaro es uno de esos presidentes que vienen a demostrar que una sociedad mal informada y poco formada es capaz de elegirle a pesar de su evidente despotismo y su rechazo a todo lo que no se enmarque en su propio pensamiento radical. En Brasil hay casi doce millones de analfabetos y el objetivo de su presidente no es precisamente hacer que esto cambie. Una sociedad anestesiada e ignorante es muy favorable para los intereses de individuos como Bolsonaro. Bueno, en realidad a Donal Trump también le eligieron sus compatriotas a quienes se supone un mayor grado de educación y formación, pero esto es otra historia.

A lo que yo me quiero referir es a las risotadas que el mandatario brasileño lanzó y a su refrendo a las burlas de un internauta que se mofó de la diferencia de edad que hay entre el líder francés, Emmanuel Macron y su esposa Briguitte. Entre ambos hay una diferencia de 24 años, siendo él el más joven. Entre Bolsonaro y su esposa hay una diferencia de 27, pero en ese caso la joven es ella. El internauta aseguró que las críticas del brasileño hacia el francés se debían a su envidia por la joven esposa del de Brasil frente a la ancianidad de la del francés. Y su presidente le rió la gracia.

A lo largo de la historia han sido muchas las parejas en las que ella ha sido bastante más joven que el. También a la inversa, pero en ese caso la mujer ha tenido que soportar las miradas extrañas y las críticas por convivir con un hombre mucho más joven que ella.

Al hilo de esto me gustaría presentaros el libro «Amores contra el tiempo» escrito por Dolores Conquero, una mujer que pasó muchos años de su vida con un hombre más joven que ella y que sabe muy bien lo que eso significa. Dolores quiso unir a algunas mujeres que han pasado por esa experiencia «porque cada pareja que se forma en la que ella es mayor que él, derriba un trocito de prejuicio y a lo mejor, algún día, se acaba con este tabú».

Estas son algunas de las mujeres que rompieron barreras y se atrevieron a vivir con sus amores contra el tiempo:

Dolores Ibárruri, Pasionaria

Dolores Ibárruri, mujer de minero y madre de seis hijos, sufrió la discriminación sexual por parte de sus enemigos políticos y de sus propios compañeros de lucha. Cuando ya se había separado de su marido y vivía en Madrid dedicada en cuerpo y alma a su escaño de diputada por Asturias, Pasionaria conoció a Francisco Antón, un joven militante del partido. Él, de 28 y ella, de 42, iniciaron una discreta relación que más tarde le traería problemas.

Los camaradas increpaban a Antón por atreverse a vivir con un símbolo de la lucha obrera, y a ella por mancillar la imagen del partido de puertas para afuera. Por culpa de esto, la propaganda franquista la tildaba de «tiorra roja», «comehombres» e incluso «puta de burdel». Conquero asegura en su libro que, entre los insultos y la moralina leninista -«que entendía la libertad sexual como promiscuidad»-, Pasionaria superó muchos tabúes sobre la condición femenina en política, pero no en materia sexual.

Marie Curie

Tras la muerte de su marido en 1906, la científica llevó el luto en silencio y soledad, e incluso prohibió a sus hijas nombrar al padre en su presencia. Algunos años después, su colega de laboratorio, Paul Langevin, se convertiría también en su amante. Cinco años más joven y legalmente casado, su affaire fue demasiado jugoso para las publicaciones conservadoras de la época. Tales niveles alcanzó el tema que, cuando Curie recibió el telegrama como ganadora de su segundo Nobel, le recomendaron no acudir en persona a recoger el premio para evitar escándalos. «No puedo aceptar por principios la idea de que la apreciación del trabajo científico pueda estar influida por el libelo y la calumnia acerca de mi vida privada», respondió ella al comité. No se dejó vencer, pero el escarnio público sufrido en Francia le afectaría durante toda su carrera. Hasta el punto de que, en sucesivas visitas y homenajes recibidos en otros países, solo puso una condición: «que allí nadie, jamás, vuelva a sacar el tema de mi relación con Langevin».

Coco Chanel

A los 39 años, Coco se sintió fascinada por el duque ruso Dimtri Romanov, que tenía ocho años menos y había colaborado en el asesinato de Rasputin. A los 57, comenzó una relación con un joven oficial alemán destinado en París y cuyo affaire le costó bastante caro tras la Segunda Guerra Mundial.

Con ninguno de ellos fructificó el amor, pero en cambio sus negocios iban viento en popa. Sus biógrafos dicen que sentía satisfecha su ambición al final de sus días, por eso se entretenía con un mayordomo al que sacaba cuatro décadas y al que enseñó el oficio de joyero para matar el tiempo.

Victoria de Inglaterra

Tras la traumática muerte de Alberto, la reina Victoria se apoyó en John Brown, un criado escocés que pronto se convirtió en su sombra. Sus hijos no lo entendían, la prensa inglesa lo tildó de escándalo y por la corte corrían los comentarios más maliciosos.

Su fiel «amigo» escocés murió 19 años después de haber llegado a palacio, y Victoria lo definió como una segunda viudedad. Escribió de su puño y letra su biografía, pero sus asesores se negaron a publicarla por el daño que podía causar a la Corona. Aún no habían visto nada. Cuando la reina tenía 67 años, apareció el criado indio Abdul Karim, que multiplicó el escepticismo que había causado Brown años antes. Primero, por las cuatro décadas de diferencia de edad con Victoria y, segundo, por su origen.

Pero de nuevo, la monarca hizo caso omiso a las críticas y dejó que la acompañase a todas horas y a todas partes. El pueblo la reconocía como símbolo de su grandeza imperial y a la vez la empezó a sentir cerca por estos espejismos de sencillez.

Gala

Cuando Dalí conoció a Gala en 1929, ella estaba casada con el poeta Paul Eluard y tenía una hija de once años. «Acaba de llegar una mujer magnífica», le confesó el artista a Luis Buñuel, que ese verano se hospedaba también en su casa de Cadaqués.

El padre de Dalí no soportaba a Gala pues en su imaginación, en vez de amor, veía el capricho de una mujer diez años más madura y a su hijo como una especie de gigoló. Según avanzó su relación, y como recuerda Conquero, a Gala le tocó el reparto más ingrato y machista de papeles: él era visto como espíritu creativo y ella como la dura, materialista y meticona en el arte de su pareja.

Su excentricidad y prácticas amorosas liberales dieron lugar a habladurías, pero lo cierto es que, cuando Gala murió a los 87 años, Dali se dejó morir poco a poco. «No come, no duerme, es presa fácil de sus eternas y temidas neurosis», dice la escritora en el libro. Aunque sus cuerpos finalmente no descansaron juntos, sus nombres están tan unidos como cuando él firmaba sus obras como Gala-Salvador Dalí.

Como vemos han sido muchas las mujeres que desafiaron a la moral establecida, se pusieron el mundo por montera y rompieron esos viejos tabúes que tanto daño han hecho a la libertad sexual de las mujeres.

Ahora, personajes como Trump o Bolsonaro pretenden ridiculizar a Macron por su relación con una mujer madura. Son incapaces de darle la vuelta y ver la porrada de años que ellos les sacan a sus mujeres. No hay equilibrio, no.

18 semanas de baja

Pues ya está. Los empleados públicos que trabajan en Educación, Osakidetza, Ertzaintza, Justicia y Administración General Vasca pueden solicitar 18 semanas de permiso para el cuidado de sus descendientes por parto, adopción, acogimiento o subrogación. Esta última opción, la gestación por subrogación, es la que me genera algunas dudas al ser una práctica prohibida en España. Sí que Euskadi puede regular las bajas de sus funcionarios pero me inquieta saber que se une está forma de ser padre o madre a otras opciones absolutamente reguladas y legales como el acogimiento o la adopción. La gestación subrogada no está regulada en España porque está directamente prohibida y por lo tanto no hay nada que regular salvo que la sociedad o las fuerzas políticas como sus representantes así lo exijan. Digo que me inquieta porque incluirla en el mismo grupo que el parto, la adopción o el acogimiento significa que algo que genera un gran rechazo social como son los vientres de alquiler, se va normalizando por la vía de los hechos.

Este es uno de los hilos de los que tirar para hablar de esas 18 semanas de baja para los hombres funcionarios vascos que hayan sido padres. Sin embargo yo quería referirme a una corriente de opinión que asegura que ese aumento de semanas libres debería destinarse a las mujeres y no a los hombres. Quienes defienden esta postura aseguran que el vínculo que se establece entre la madre y su retoño es el que hay que proteger y alargar en la medida de lo posible porque el hombre es, en este caso, casi un mero espectador.

A quien utiliza este argumento como defensor de una larga baja para la mujer y una mucho más corta para el hombre, yo le digo que está utilizando un postulado tramposo. Seguir manteniendo la diferencia entre el hombre y la mujer a la hora de coger este tipo de licencia no hace más que perpetuar el papel de la mujer como cuidadora y el del hombre como el que trabaja fuera de casa porque ha de ser el sustento del hogar. Lo que antes se llamaba el cabeza de familia, vamos.

Yo defiendo este tipo de medidas porque suponen un salto cualitativo en materia de igualdad plena de mujeres y hombres, y contribuye a corregir el desequilibrio que supone el reparto desigual de tareas de cuidado de hijos e hijas entre ambos sexos.
En la actualidad, el 96% de los permisos parentales los cogen las mujeres y el cuidado de los niños/as es asumido en un 90% por las mujeres. Facilitar que tanto hombres como mujeres tengan tiempo para dedicárselo a sus recién nacidos facilita la conciliación, fomenta la natalidad y contribuye al bienestar tanto de hombres como de mujeres.

Eso sí, ahora hace falta que esos hombres que acceden a sus 18 semanas de baja se ocupen efectivamente del cuidado de sus hijos/as y que la responabilidad sea «corresponsabilidad», es decir, que ellos se sumen al carro y salvo el amamantar, si es que se hace, el resto sea un trabajo compartido. Ganamos nosotras, ganan ellos y ganas nuestros relevos generacionales, que buena falta nos hacen.