#WeToo

Sí, los chicos también necesitan referentes feministas de su mismo sexo para saber que trabajar por la igualdad no es cosa de mujeres. De la misma manera que nosotras necesitamos referentes mujer en todos los ámbitos para sentirnos identificadas con una u otra acción, ellos los están pidiendo a gritos.

Que una gran parte de los hombres están perdidos ante la llegada de nuevas masculinidades es evidente. Que por suerte hay otros tantos que van dando pasos adelante y se proclaman feministas sin tapujos también es cierto.

Uno de esos hombres es Octavio Salazar, catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad de Córdoba y miembro de la Red Feminista de Derecho Constitucional. Octavio es el autor de trabajos como «Masculinidades y ciudadanía: los hombres también tenemos género», «El hombre que no deberíamos ser» o «Autorretrato del macho disidente». Ahora acaba de publicar «#WETOO», una guía que sacude los cimientos de esta sociedad y que pretende generar espacios de reflexión.

¿Saben nuestros jóvenes que lo contrario al feminismo es la ignorancia? ¿O qué si no te dicen sí, es no? ¿O qué ellos también son frágiles y lloran? Estas preguntas y muchas más las están viviendo los chicos con desconcierto. Asegura Octavio que mientras las chicas van sabiendo quienes son y lo que valen, los chicos están perdidos entre modelos viejos de masculinidad y la falta de nueva referentes en un mundo condicionado por un machismo que se resiste a desaparecer.

En el epílogo de #WETOO se ofrece un decálogo dirigido a los hombres que deberían ser. Estos son sus propuestas:

.. Asume el feminismo como forma de vida.

.. Ama bien y folla con empatía.

.. Rompe la jaula de la virilidad.

.. Reconoce y valora tu fragilidad.

.. Reconócete como cuidador y necesitado de cuidados.

.. Renuncia a la violencia.

.. Deja de ser cómplice con el machismo.

.. Actúa como agente de la igualdad.

..Sé aliado del feminismo.

.. Disfruta del viaje.

Para construir un mundo en el que ellas se salven solas y ellos puedan pedir ayuda de vez en cuando necesitamos jóvenes comprometidos con la justicia, es decir, con el feminismo.

La liga del LOL (Lot of Laugh)

LOL, ese es el acrónimo de Lot of Laugh o reírse a carcajadas, que es lo que significa en español.  Ese acrónimo es el que utilizaban un grupo de periodistas franceses para designar a su grupo en facebook y que tenía como objetivo burlarse de sus colegas mujeres. Uno de los integrantes del grupo, el periodista Henry Michel, ha confesado que en este grupo «estaban reunidos los mejores talentos de Twitter de esa época».

Según el periódico Libération, diario que destapó el escándalo, el grupo tenía como blanco predilecto a las mujeres y a las feministas. Sus montajes fotográficos, vídeos de burlas y bromas ofensivas en las redes sociales tenían como protagonistas a periodistas que ahora han iniciado un #metoo de la profesión. 

«Soy quizás una de las numerosas víctimas de la ‘Liga del LOL’ que comienzan a hablar», escribió la periodista Léa Lejeune. No es la única. A Capucine Piot le llovieron burlas constantes sobre su físico. «Llegué a un punto en el que me odiaba. Tuve ideas oscuras. A fuerza de leer cosas horribles sobre mí en las redes sociales, pensaba que no valía nada», afirma. Como estos, cientos de manifestaciones. 

Cuenta la periodista Paula Rosas, que se ha encargado de investigar al grupo, casos como el de Florence Porcel, a la que hostigaron con montajes fotográficos pornográficos y a quien en una ocasión llamaron por teléfono fingiendo una oferta de trabajo que después se convirtió en objeto de mofa en las redes. «Lloré de miedo, vergüenza y humillación durante meses».

En todo eso los fundadores del grupo no ven «obsesión antifeminista» y opinan que el LOL no debía haber salido de la esfera privada. Claro.

No será fácil condenar a los integrantes del grupo que han cometido delitos de injuria, calumnia y acoso. Los dos primeros delitos pueden ser sancionados con cárcel y fuertes multas. Respecto al acoso, la ley establece diferencias entre el moral, el provocado en «manada» y el sexual. El problema está, como en tantas otras ocasiones, en la prescripción de los delitos.

La conclusión que se extrae de todo esto es que no parece que haya un sector libre de acoso. El MeToo se extiende a tantos ámbitos como profesiones existen. Hay que seguir sacando a la luz estos abusos.

 

 

El mito del amor romántico

Llevamos ya dos semanas edulcoradas. Los escaparates, los centros comerciales, las pastelerías, las floristerías y cualquier espacio en el que se pueda hacer negocio con el amor se han llenado de corazones rojos para recordarnos que el día 14 de febrero es San Valentín.

Cierto es que a mi me gusta celebrarlo todo y si ahora toca celebrar el amor, se celebra. Eso sí, también me parece un momento idóneo para plantarle cara al amor romántico y a esos mitos que siguen convirtiendo en amor aquello que no lo es: el control a tu pareja, los celos, la merma de libertad y todas esas actitudes que están muy lejos de hacerse en nombre de eso que algunos y algunas llaman AMOR.

Es por esto por lo que me he decidido a participar en el experimento social que el jueves llevará a cabo en BilboRock la plataforma Zirimiri, un movimiento social que lucha contra la cultura que tolera y sostiene la Violencia Machista y la desigualdad de oportunidades y que pone en marcha acciones disruptivas para generar debate y reflexión.

En esta ocasión se han propuesto darle un pequeño zasca al amor romántico. A través de un experimento participativo vamos a extraer ciertos  patrones/creencias sobre los mitos del amor romántico y en relación al proceso que se sigue cuando una pareja se inicia en una relación tóxica.

Además contaremos con la participación de Carmen Ruiz Repullo, que nos presentará la historia de Pepa y Pepe, con Ruth Salas, abogada de youtubers y experta en ciberacoso y yo misma, que hablaré de deporte, mujer e igualdad.  También participanrán  Alba y Natalia, más conocidas como Koala Rabioso!

El evento se puede seguir in sito, de 18 a 20.30 en Bilborock, y en las redes con el hashtag #ZIRIMIRICHALLENGE14F.

Las conclusiones que se obtengan formarán parte del proyecto de investigación que impulsa ZIRIMIRI RESERACH en colaboración con la Universidad de Deusto.

 

 

Esme quiere ser bombera

Ha corrido como la pólvora la historia de Esme, la niña que quiere ser bombera pero que presupone que para eso tiene que convertirse en chico. ¿Por qué? Pues porque las mujeres bomberas no existen ya que nunca han aparecido en los libros.

El caso es que la niña Esme llegó una tarde a casa y le dijo a su madre que quería ser chico. Hannah Summers, la madre, se quedó impresionada, más aún al conocer la razón por la que la niña preferiría tener otro sexo. Simplemente quería el cambio para dedicarse a una profesión de hombres: bombero. Esme creía que las mujeres bomberas no existían porque no aparecen nunca en los libros y por lo tanto pensaba que solo ellos podían dedicarse a esta profesión.

La madre publicó así la historia en twitter: «Mi hija de cuatro años vino a casa ayer y dijo que deseaba ser un niño para poder ser bombero.Cuando le dije ‘las niñas también pueden ser bomberos’, ella dijo ‘pero he visto en los libros que todos son niños y no quiero ser la única chica'».

La respuesta fue inmediata: mujeres bomberas de todas las partes del planeta han enviado vídeos y mensajes a Esme para demostrarle que existen y que ella puede llegar a serlo sin convertirse en un chico.

Afortunadamente, si buscamos en el diccionario de la RAE la palabra bombero/ra (que así aparece en el libro de la lengua) ya habla de «persona» que tienen por oficio extinguir incendios y prestar ayuda en otros siniestros. Persona, sin distinguir entre hombre o mujer.

En lo últimos años hemos visto como las carreras científicas, por ejemplo, adolecen de falta de mujeres porque  ellas tienen interiorizado que son estudios masculinos. Es un grave problema este que tiene su raíz en la falta de referentes femeninos. Si, como a Esme, la historia y los libros ocultan a las mujeres científicas, las niñas de hoy no querrán ser científicas mañana.

Cuando la semana pasada se llenó el campo de San Mamés, con casi 50.000 personas viendo un partido de fútbol femenino, lo primero que pensé fue en la importancia que ese llenazo tenía para que las niñas tuviesen referentes femeninos en el fútbol en particular y en el deporte en general.

Es imprescindible que los libros, los medios, lo que contamos, lo hagamos con perspectiva de género y sabiendo que de lo que proyectemos depende que la igualdad pase a ser algo «normal y natural».

Eso sí, ahora que llegan los carnavales, también convendría denunciar el giro sexista que se les da a algunas profesiones al convertirlas en disfraces. Policías, bomberas o enfermeras, por ejemplo, que más que representar a un colectivo profesional representan a eso que ahora se llama «salón erótico». No hay más que ver la imagen que ilustra este post. Patético.

 

 

 

 

Tarde de fútbol femenino, sold out

El fútbol mueve más montañas que la fe, de eso estoy segura. No hay más que mirar a nuestro alrededor y ver cómo este deporte va a ser el que consiga llenar un estadio tan grande e importante como el de San Mamés. Miles y miles de espectadores y espectadoras animando a un equipo femenino. No es la primera vez que pasa esto en Bilbao y, tal como vamos, no será la última. Afortunadamente.

Se equivocan quienes aseguran que la insistencia en este tipo de asuntos por parte de aquellas que defendemos la igualdad, cansa y consigue el efecto contrario. Lo que ha sucedido con las entradas para el partido de las chicas del Athletic en La Catedral lo corrobora. Agotadas. Han conseguido colgar el cartel de «no hay billetes».

Esto no ha sido fruto de la casualidad ni de la llegada de una nueva directiva al Club a la que se le atribuye mayor sensibilidad hacia la igualdad. Esto es la consecuencia de un trabajo de muchos años ejercido por personas que quieren, simplemente, que el deporte masculino y el femenino estén en el mismo nivel.

Que el deporte practicado por mujeres no genera los mismo ingresos que el practicado por hombres ha sido una de las históricas justificaciones para no darles el mismo espacio en los medios o, por ejemplo, no jugar en los mismos campos y horarios. Ahora vamos a comprobar que cuanto más hablemos y escribamos del deporte femenino, mejor posicionado estará y mayor será el rendimiento que patrocinadores y clubes obtengan de su práctica.

El mensaje de la igualdad es como el sirimiri; va calando de forma insistente, sin prisa pero sin pausa. Durante mucho tiempo hemos criticado la escasa presencia de mujeres en los medios por grandes que fueran sus logros. De tanto insistir hemos conseguido que a la Liga de Fútbol Femenina se le concedan incluso dos páginas semanales en periódicos de gran tirada, que se retransmitan los partidos de las chicas o, al menos, que se les dediquen minutos en los programas deportivos. Avanzamos.

Ahora es necesario que quienes ejercen el periodismo deportivo asuman que los temas a tratar con ellos y con ellas son los mismo, que ellas no juegan a la sombra de ellos o que las entrevistas deben girar siempre en torno a la práctica deportiva y no de cuestiones ajenas a la misma como si concilian, si jugar a fútbol les vuelve masculinas o si tener o no tener hijos condicionará su vida profesional como futbolista. Son cuestiones que se les plantean a ellas pero raramente se les hacen a ellos.

Vamos a seguir insistiendo en la necesidad de ampliar el espacio y el tiempo que se dedica al deporte practicado por mujeres. Vemos que el apoyo social viene de esa insistencia y de que pongamos sobre la mesa la necesidad de generar igualdad en el deporte. Tampoco en este caso vamos a tirar la toalla y, mucho menos, a cansarnos.

Mujeres y deporte. Es posible.