El sueño de Alex

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Cuando ayer supe que Alex Txikon se ha visto obligado a abandonar su reto de ascender al Everest en invierno y sin oxígeno sentí como si parte de ese reto hubiese sido mío. Lo he seguido casi minuto a minuto, sobre todo porque su responsable de prensa en Euskadi, Gontzal Saez, ha hecho un trabajo extraordinario para mantenernos informados en todo momento. Grancias Gontzal!

Cada paso adelante de Txikon ha sido un paso adelante de quienes le seguimos. Cada vuelta atrás, la vuelta de todos. Alex ha tenido la capacidad de encandilarnos y hacernos sentir como propio un reto que seguramente nunca nos planteemos, pero que a más de uno y de una le habrá dado fuerza para marcarse los suyos propios.

Tenemos en el cerebro unos neuronas denominadas espejo que son las que nos animan y motivan para seguir los desafíos de otras personas. Y no solo a seguirlas sino a copiarlas. No digo que todos nos vayamos ahora a plantear tamaña aventura, pero la actitud de quienes pelean contra viento y marea para alcanzar sus sueños provoca un efecto motivador en los demás que nos da alas para perseguir los nuestros.  No es malo eso de copiar por mucho que el término tenga algo de negativo. Copiar, imitar, semejar o seguir lo que han hecho  otros invita a ponernos nuestros propios retos. Soy de las que vivo en un reto permanente, salto de uno a otro y lo cierto es que eso me mantiene viva.

Hay quien jamás se ha propuesto hacer algo extraordinario para él o ella. Viven en su confort. No es malo eso si les hace felices, pero salir de esa zona de vez en cuando aviva la existencia.

Puedo imaginar cómo se siente ahora Alex Txikon. Feliz y liberado por haber tomado la decisión de no intentar el ascenso definitivo que podía costarle la vida y triste pero resignado al no haber conseguido, de momento, su reto. Espero tener la oportunidad de preguntárselo pero estoy casi segura de que en ningún caso siente esto como un fracaso. Decía Michael Jordan que el éxito es ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo. Dudo que Txikon haya perdido un ápice de su entusiasmo por tener que finalizar su aventura si conseguir el objetivo. Y tampoco dudo de que vaya a intentarlo de nuevo.

Hoy quería agradecer a Txikon su inspiración, motivación, su impacto y su generosidad al compartir con nosotros/as su aventura. Es un ejemplo de vida plena, comprometida y alejada de los parámetros que se consideran exitosos. Esta vez no ha salido como esperaba. Solo eso. El fracaso hubiera sido volver a casa al primer problema. ¡Y mira que los ha habido!

Esto no ha acabado aún. Estoy segura.

El equilibrio

 

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– Santi ¿tú sabes conducir?, le pregunta Aisetu a Santi mientras comemos en nuestra jaima de Smara.

– Claro ¿y tú?, responde el joven.

– Nooooooooo, dice Aisetu, ¡yo soy una chica!

Me mira y me pregunta a mí si yo se conducir. Le respondo que sí, que aunque no lo uso mucho se conducir y tengo un coche. Los ojos se le abren como platos y piensa que no puede ser. Una mujer no puede conducir.

Este es uno de los motivos por los que tenemos que seguir celebrando el Día de la Mujer. Hoy son muchas/os los que opinan que no es necesario este día, que ya se habla bastante de las mujeres y se preguntan cuándo se celebra el día del hombre. Yo no suelo entrar en ese debate porque me parece estéril y no andamos cómo para perder el tiempo en intentar convencer a nadie. A los hechos me remito.

Que en una parte del mundo, en el caso que yo he comentado en África, haya una niña de 12 años que cree a pies juntillas que ella nunca va a poder conducir un coche por su condición de mujer es una razón más que poderosa para seguir celebrando este día.

Hace unos días, quienes participan en el blog «Micromachismos» lanzaron un vídeo en el que varias mujeres respondían a preguntas como: ¿te han juzgado por tu aspecto en lugar de por lo que decías?¿te han preguntado que dónde estaba el jefe cuando la jefa eres tú?¿te han cuestionado por no querer tener hijos?

En Micromachismos se publican historias sobre el machismo cotidiano con el que conviven las mujeres cada día y  la publicidad y los contenidos informativos sexistas. Han logrado así muchas cosas. Por ejemplo, el Ministerio de Asuntos Exteriores cambió  la expresión «hombres de negocios» por «personas en viajes de negocios». Además, una marca de ropa se comprometió a eliminar de sus etiquetas un mensaje para que las madres lavaran la ropa. Pero sobre todo, han contribuido a romper el silencio sobre el machismo del día a día.

Hace muy poco impartí una charla sobre las ventajas de llevar una vida activa y saludable. A priori el público iba a ser mayoritariamente masculino aunque fueron muchas las mujeres que acudieron. Pues bien, cuando la organización del acto me preguntó por el enfoque de mi charla le dije que además de los beneficios del deporte iba a hablar en clave femenina porque a las mujeres nos queda mucho camino por recorrer en ese terreno, en la puesta en marcha de una vida en la que la actividad física sea importante. Torció el gesto y me dijo que lo de la mujer…. que sobre todo iba a dirigirme a hombres así que mejor «no hables como mujer».  Imposible, le contesté. No se hablar de otra manera. Soy mujer y quiero hablar como tal. Llegó la charla y me dirigí sobre todo a las mujeres. Era una nueva oportunidad de que ellos escuchasen cómo vivimos y sentimos nosotras el deporte y ellas supieran que es una muy buena forma de empoderarse.

Equilibrio. He titulado así este post  porque el equilibrio es ese delicado balance que está en dos extremos. Ahí estamos unos y otras. De momento nuestras posiciones no están equilibradas, ni mucho menos. Se trata de seguir trabajando para lograrlo. Cuando el equilibrio se rompe se provocan alteraciones graves y persistentes. Llegar a ese punto justo de la balanza es el reto y es el motivo por el que hoy voy a celebrar el Día de la Mujer.

La contradicción saharaui

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Campo de refugiados de Smara. Foto de Xavi Maltas

Último capítulo de la aventura saharaui, hoy centrada en la sensación que yo me he traído tras una semana en el campo de refugiados de Smara.

Lo cierto es que las impresiones son contradictorias. Por una parte he aprendido mucho de la historia de este pueblo, de su expulsión, de su guerra, de su espera a la celebración de un referendum que les devuelva a su tierra. Por otro lado he visto a un pueblo resignado y cada vez más acomodado en un territorio inhóspito pero que están convirtiendo en su casa. Los miles y miles de saharauis nacidos en los campos van teniendo cada vez una visión más lejana de su verdadera tierra.

Podríamos agrupar en tres los diferentes posicionamientos ante la situación en la que viven. Los mayores están convencidos de que ha sido Alá quien les ha puesto ahí y que será él el encargado de sacarles, si es que salen. Resignados. Hay grupos de jóvenes dentro del moviento Sáhara Libre que siguen reivindicando su tierra y que estarían incluso dispuestos a empuñar las armas por lograrlo pero encuentran reticencias incluso dentro de su pueblo. Y después están los acomodados, los que han encontrado en esta situación una manera de vivir más o menos bien y de hacer dinero con el conflicto.

De hecho, las diferencias sociales entre las distintas familias es cada vez más evidente. Hay quien vive en la más absoluta pobreza y depende exclusivamente de la ayuda externa y hay quien tiene en su casa instalado hasta el wifi. Hay familias en las que los electrodomésticos son de uso más o menos normal y hay quienes sueñan con tener una rudimentaria lavadora.

Ha servido también este viaje para reflexionar sobre la ayuda que desde aquí prestamos al pueblo saharaui. Creo que la enviamos pensando más en nosotros que en ellos. Y la enviamos pero no la controlamos. Personas que llevan muchos años trabajando en el terreno me han contado cómo parte de los alimentos que enviamos se diluyen en manos intermedias, algunos acaban siendo vendidos en las tiendas del mercado porque los saharauis no los tienen entre sus necesidades y otra parte sí, llega a las familias.

Invertimos dinero en crear centros en los que una familia saharaui nunca ha pensado, como por ejemplo una residencia de ancianos. No está dentro de su cultura ingresar a las personas mayores en un centro cuando envejecen. De hecho, una vez construido uno con financiación de un ayuntamiento vasco, costó Dios y ayuda poder acercar allí a varias personas de edad para poder hacer una foto que demostrase su utilidad.

Algo no estamos haciendo bien. Mostramos nuestro lado más solidario, intentamos ayudarles pero no canalizamos bien esa ayuda. Está bien que les demos peces pero nuestra obligación es ayudarles a pescar. Y digo ayudarles y no enseñarles, porque ellos ya tienen su propia forma de hacer las cosas.

Volvemos con sensaciones contradictorias. Ahora las jaimas tienen electricidad y se rumorea que enseguida el gobierno argelino les instalará el agua corriente. La sensación de provisionalidad se va agotando, el pueblo se va asentando y el temor generalizado es que la zona acabe siendo una provincia más de Argelia.

Es un tema complejo. Todas las personas con las que he hablado estos días coincidían en la necesidad de seguir ayudando pero , eso sí, redirigir la cooperación hacia sus verdaderas necesidades.

La resignación no puede ser la solución aunque cada vez es más difícil pelear contra quien te está poniendo la vida más fácil para mantenerte callado y acomodado.

 

 

Disculpen las molestias, nos están asesinando

 

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Imagen de la concentración de ayer en la Puerta del Sol

Hay cinco mujeres que llevan ya catorce días en huelga de hambre en protesta por la violencia machista. La iniciaron el 8 de febrero. Eran 8. Una de ellas se encuentra ahora hospitalizada y  tres tuvieron que abandonar por motivos personales.

Con 16 mujeres asesinadas en lo que va de año, centenares de mujeres les han mostrado su apoyo en una multitudinaria concentración en la Puerta del Sol. Sin embargo, su lucha, su huelga y su sufrimiento esta encontrado poco eco en los medios de comunicación.

Ayer, personas de todas las edades se acercaban a la cita para reclamar una vez más que la violencia machista sea una cuestión de estado y para hacer visible un importantísimo problema para el que, de momento, nadie ha encontrado una solución.

Tanto las mujeres en huelga de hambre como algunas de las asistentes a la protesta decidían romper su silencio y reivindicar la necesidad de acabar con esta lacra. Una lacra, por cierto, que va mucho más allá de la violencia física. Como contaba una joven de 19 años, víctima de este tipo de  violencia, «la violencia de género de hombre a mujeres no solo mata, sino que provoca suicidios, y eso hay que visibilizarlo».

Y mujeres mayores, como Pilar, de 70 años, que aseguraba :»Nos hemos cansado de minutos de silencio, queremos mostrarles nuestra rabia y nuestra indignación porque el Gobierno no está reaccionando, se caracteriza por la inacción»,

«De mayor quiero estar viva», «Disculpen las molestias, nos están asesinando» o «ni una menos» fueron algunas de las proclamas de una concentración que llegaba en el día en el que cuatro mujeres, sí cuatro, fueron asesinadas por sus parejas o ex parejas en España.

¿Es o no una cuestión de Estado?

Todo mi apoyo a esas cinco mujeres que siguen en huelga de hambre y que desde la Puerta del Sol de Madrid nos representan a todas.

La brecha

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22 de febrero, día contra la brecha salarial. Es una brecha que duele como una herida sangrante. De media, las mujeres cobran seis mil euros menos al año por hacer un trabajo de igual valor que los hombres.

Hoy he moderado una mesa redonda con jóvenes políticos. Todos eran hombres. Hemos hablado de la diferencia salarial entre hombres y mujeres y los cuatro se han mostrado indignados al conocer datos cómo que las mujeres tenemos que trabajar bastantes más días que los hombres para conseguir el mismo dinero. O que un hombre y una mujer que desarrollan el mismo trabajo, el mismito, no cobran lo mismo.

Sin embargo, cuando les he preguntado si en el día a día de sus formaciones políticas el tema está sobre la mesa, las respuestas se han vuelto ambiguas y divagantes. Traducido, es algo de lo que hablan los sindicatos y los institutos de promoción de la mujer y las asociaciones de mujeres.

Poco más que añadir. Otra constatación de que los asuntos de mujeres, léase violencia, discriminación por sexo, desigualdad, brecha o lo que sea, no están en la agenda ni entre las prioridades de quienes nos gobiernan.

Toca seguir denunciando.