Von der Leyen, Presidenta

La Comisión Europea tiene ya presidenta, Úrsula Von del Leyen. Por primera vez en sesenta años es una mujer y ,si se mantiene fiel a su discurso, trabajará por conseguir que nuestros derechos, los de las féminas, sean respetados y se conviertan en derechos reales y no solo escritos.

Me gustó escuchar su discurso. Lo comenzó en francés y evocó a Simone Veil, quien hace 40 años se convertía en la primera presidenta de la Eurocámara: «Ese coraje, esa audacia de las pioneras como Veil, ha configurado mi visión de Europa, y será ese espíritu el que guiará la Comisión Europea que tengo intención de presidir», decía.

Abogaba además por la paridad en su Comisión. Hasta la fecha ha habido 183 comisarios europeos pero solo 35 han sido mujeres. Y algo importantísimo: se ha propuesto tipificar como delito penal en los Tratados la violencia contra las mujeres, dado que una de cada cinco en la UE han sufrido violencia física o sexual.

Es fundamental que las mujeres lleguen a los puestos de responsabilidad para que nuestros problemas, algunos tan graves como la violencia de género, sean puestos sobre la mesa, analizados y tenidos en cuenta como lo que son, lacras estructurales contra las que hay que combatir desde las instituciones que tiene poder para hacerlo y, además, poseen recursos económicos para afrontar su erradicación.

Tenemos otros muchos problemas, la brecha salarial por ejemplo, aunque algunas se empeñen en negarla poniendo en entredicho incluso los estudios serios y rigurosos como los del Eustat, y también tuvieron cabida en el discurso de la nueva presidenta de la Comisión Europea.

Ahora solo le queda demostrar que se puede pasar de las palabras a los hechos.

Aunque te diga sí, puede acabar en no

Darle la vuelta al reguetón y demostrar que a través de este género musical también se puede lanzar mensaje feminista. Eso es lo que se han propuesto alrededor de 60 alumnos de Educación Secundaria Obligatoria del IES Juan de Avila de Ciudad Real, guiados por el profesor de la asignatura de Artes Escénicas y danzas, Miguel Angel Maroto Negrete al componer e interpretar la canción «Solo quiero bailar». En un tiempo en el que la violencia de género y el machismo están a la orden del día, el reguetón se presenta como un género musical que suena constantemente en fiestas y locales de ocio y que está ligado precisamente a esos nefastos comportamientos.

Conscientes de todo esto, y apoyando a otras muchas mujeres que han creado canciones a ritmo de reguetón para denunciar la desigualdad, desde ese instituto han querido no demonizar un estilo musical a través del cual se puede hacer una importante labor de pedagogía feminista.

La canción «Solo quiero bailar» ha sido compuesta y escrita por Maroto Negrete e interpretada por Estela Rodríguez, Marina Farto, Juan Mococo, Marina Morales y Rocío Rodríguez.

«La canción que he compuesto contiene varios casos de machismo, desde el clásico ‘no te pongas eso’ o ‘ponte lo otro’ al más reciente control con ‘dame la contraseña de tu Instagram’, además de que también alza la voz contra el acoso sexual que muchas veces sufren las mujeres en los espacios de ocio», dice el profesor. «De ahí el título de ‘Sólo quiero bailar’, porque nadie tiene derecho a tocar a una mujer sin su consentimiento, porque ‘no es no’ y porque en un momento dado también pueden pedir que se pare», explica.

La idea nace de la necesidad de abordar la violencia de género en profundidad pero con un lenguaje que llegue de forma sencilla a los jóvenes. Este trabajo les ha servido, especialmente a los chicos, para saber que a veces tienen comportamientos machistas sin siquiera ser conscientes de ello. Y a las chicas para saber que eran víctimas de acoso sin saberlo tampoco.

‘Sólo quiero bailar’, el título de una canción que reivindica el no es no a ritmo reguetón.

Ojalá se convierta en la canción del verano. Aquí os la dejo.

Justicia en clave feminista

Adela Asua, Cristina Almeida, Begoña Beristain

Una de las cosas buenas que tiene esta época del año es la posibilidad de asistir a Cursos de Verano organizados por las distintas Universidades. Es una magnífica oportunidad de profundizar en algunos temas que se nos escapan durante el año o a los que no tenemos tiempo de prestar atención por nuestras múltiples ocupaciones diarias.

Yo he asistido, como alumna y como moderadora, al curso titulado «Justicia en clave feminista». Estamos en un momento en el que necesitamos que personas del mundo de la judicatura nos expliquen las sentencias, las interpretaciones que se hacen de las leyes, los casos dolorosos como por ejemplo el de Juana Rivas, la madre acusada de secuestrar a sus hijos en Italia y de traérselos a España, y otro montón de cosas en torno a las penas, los años de condena, la perspectiva de género aplicada a la justicia, etc, etc, etc.

He tenido la suerte de compartir mesa con la abogada y política Cristina Almeida y con la exvicepresidenta del Tribunal Consitucional, Adela Asua. Todo un lujo de intervención que nos ha acercado las interpretaciones de dos mujeres profundamente conocedoras del derecho, de las leyes y del feminismo. Una más académica, otra más batalladora y visceral. Las dos mujeres admiradas y admirables.

Adela y Cristina recordaron aquellos años en los que incluso para poner una denuncia tenías que tener el permiso de tu pareja. ¡Cualquiera denunciaba entonces a un marido violador o maltratador!

He aprendido muchísimo en dos jornadas en las que me ha quedado claro que aún siendo necesarios algunos cambios normativos, lo verdaderamente urgente es que los y las agentes judiciales sean formados en perspectiva de género para impartir una justicia más igualitaria. Esa perspectiva es aplicable a todos los campos y no es otra cosa que, en el caso de la justicia, impartirla garantizando a las mujeres la equidad y teniendo en cuenta las discriminaciones que padecen por serlo.

En el curso se ha analizado con profundidad la sentencia del Tribunal Supremo contra la manada. No en vano Adela Asua es una de las inspiradoras de sus fundamentos. En torno a este asunto hemos debatido especialmente sobre las penas impuestas a los agresores. ¿Son suficientes 15 años de cárcel? ¿Hay que aumentarlas? ¿Deben pudrirse en la prisión? Es este un debate que también está en la calle y que siempre se plantea desde las vísceras: años y años de privación de libertad, eso es lo que se reclama. Pues bien, tanto el movimiento feminista como las profesionales de la judicatura consideran que el meollo no está en la cantidad de años a los que se condena a los violadores sino en la justicia reparativa, es decir, aquella que sirve para restaurar a los condenados y reintegrarlos en la vida social. Aseguran que cualquier tiempo pasado en prisión, por corto que sea, es devastador y que un mayor número de años de encierro no contribuye a reparación alguna. La justicia restauradora y la petición de perdón son claves para avanzar.

Desconocía la importancia que tienen las indemnizaciones es los castigos y sentencias. En el caso de la manada, la del Tribunal Supremo doblaba de 50.000 a 100.000 euros la cantidad a percibir por parte de la víctima. En la mayoría de los casos se renuncia a la petición de dinero por considerar que ninguna cantidad va a borrar el inmenso dolor que causa una violación, por ejemplo. Pues bien. Cuanto mayor sea la indemnización, más difícil será pagarla por parte de los sentenciados y mientras esa deuda no se salde no podrán acceder a ciertos beneficios como, por ejemplo, la reducción de penas. Importante conocer esto para que quienes se vean en tan duro trance sepan que es importante.

Esto es solo una pequeña parte de lo aprendido en este fenomenal curso de verano dirigido por Goizeder Otazua Zabala, profesora de Derecho Procesal de la UPV y por Ander Gutiérrez-Solana Journoud, profesor de Derecho Internacional Público UPV/EHU.

¡Eskerrik asko!

104 manadas

«Te toca a ti, 15 minutos cada uno y no tardes». Esta es la frase que uno de los violadores de una niña de 14 años en Manresa decía a los otros seis acusados de «abusos sexuales». La víctima declara hoy, junto a testigos claves del caso, en un juicio en el que la Fiscalía pedirá penas de entre diez y doce años de cárcel por violar presuntamente por turnos a la joven, que estaba ebria, en un botellón en una fábrica abandonada. Sin embargo, no descarta elevar el caso a agresión sexual si de la declaración de la joven se desprende que fue sometida mediante violencia o intimidación.

De nuevo, la manada a juicio. Otra manada. Y ya son 104, sí, 104, las manadas denunciadas desde el año 2016.

Hay una página web, www.geoviolenciasexual.com, que ha hecho el trabajo de recopilar todas las informaciones publicadas en medios de comunicación sobre agresiones sexuales a mujeres por parte de grupos de hombres.

Los datos, hasta el mes de marzo, no pueden ser más estremecedores. Son estos:

. En lo que va de 2019 se han registrado 14 agresiones sexuales múltiples: cinco en el mes de enero, seis en febrero y tres en lo que va de marzo.

  • De los 104 casos documentados, una de cada cuatro agresiones sexuales múltiples tuvo lugar en Andalucía (el 24%). Otro 17,3% se registra en la Comunidad Valenciana y otro 14,4%, en Cataluña.
  • Las cuatro provincias con más casos son Barcelona (con 10 casos), Málaga (con nueve casos) y Valencia y Alicante (con ocho casos).
  • Desde 2016, dos de cada tres agresiones sexuales múltiples fueron violaciones consumadas (el 62,5%), mientras que el 37,5% restante fueron otro tipo de agresiones sexuales múltiples.
  • Más de la mitad de las agresiones sexuales múltiples registradas en 2018 fueron perpetradas por grupos de dos o tres varones (54,8%). Tres de cada cuatro, por grupos de hasta cuatro varones (75%).
  • En las 104 agresiones sexuales múltiples conocidas se han registrado al menos 356 agresores sexuales, aunque en cinco casos se desconoce el número exacto de atacantes. Al menos 87 eran menores de edad cuando perpetraron las agresiones (el 24,4%): uno de cada cuatro.
  • Por su parte, de las 111 víctimas registradas, una de cada tres eran menores de edad (40 de ellas, el 36%).
  • Más de la mitad de las agresiones sexuales múltiples registradas desde 2016 fueron perpetradas de madrugada (54 de los 104 casos, el 52%).
  • El 13,5% de las agresiones sexuales múltiples conocidas desde 2016 fueron pornificadas por los agresores: consta al menos una fotografía o grabación a la víctima.

Este último punto es especialmente grabe porque denota una conducta muy fácilmente reproducible e imitable. Byung-Chul Han, catedrático de Filosofía en la Universidad de Berlín, hablaba hace pocos días de la pornografía como un mal de la sociedad, que hace desaparecer la seducción, la comunicación y se convierte en algo obsceno donde los cuerpos se cosifican y las mujeres aparecen vejadas, humilladas y violentadas. Aseguraba a el diario El País que la normalización de esto es alarmante. Los hechos se graban y difunden construyendo un Arco del Triunfo virtual que provoca el vítore de lo que es atroz. No es el primer especialista que habla de ese sentimiento de poder que infiere a los violadores la posibilidad de enseñar su «obra».

Tenemos un grave problema con el uso que hacemos de la pornografía, a la que se acercan por cierto niños incluso menores de 12 años. Pero no es el único. La educación en valores de respeto e igualdad es primordial para que ese número de manadas no siga careciendo.

Por cierto, las cadenas de televisión también deberían vigilar las películas que emiten. Ayer mismo una cadena emitía «Resacón en Las Vegas», película en la que se gesta «La manada» como símbolo de grupo de hombres dispuestos a todo y que tienen como lema aquello de «lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas». Uno de los protagonistas de la peli es el que hace esa especie de ritual manada utilizando incluso ese término. Tampoco me gusta que se de pábulo a la «droga de la violación» como si tal cosa. Puede que sea una comparación no muy acertada y que sí, sea una peli gamberra, pero da pistas de un comportamiento que, en la mayoría de los casos, acaban pagando las mujeres.

La víctima de la manada de Pamplona nos lo pedía hace unos días: denunciad, no dejéis que esos tipejos ganen. Recogemos el guante.

¡Ay, Dalai!

Dalai Lama

Andamos siempre buscando personas de referencia que nos ayuden a difundir este o aquel mensaje, que sirvan de imagen y de espejo y, sobre todo, que colaboren con sus palabras a crear un mundo más justo, más equitativo y más igualitario.

El Dalai Lama es el personaje más popular del mundo además de ser considerado una de las figuras políticas y religiosas más importantes. En su poder está el Premio Nobel de la Paz y es un activista de la lucha por los derechos del pueblo tibetano. El título de Dalai Lama corresponde a la encarnación del anterior, que a su vez es  una emanación del Buda Avalokiteshvara. Según el budismo tibetano, la conciencia sutil del anterior Dalai Lama se reencarna en un nuevo niño. Por tanto, se elige al Dalai Lama observando ciertas señales, como el reconocimiento por parte del pequeño de algunos objetos del fallecido.

En el año 2015 el Dalai Lama afirmó que le gustaría que la siguiente persona que ocupase su lugar fuera una mujer, una mujer muy guapa concretamente porque «de lo contrario, no sería de mucha utilidad”. Hace unos días insistió en esta idea y a la pregunta de una periodista acerca de si continuaba pensando que su sucesora debería ser una mujer atractiva, el líder espiritual y aseguró: “Si viene una Dalai Lama, entonces ella debería ser atractiva. Si no -apunta antes de hacer una mueca- creo que la gente preferiría no verla, esa cara”.

Un 78% de la población afirma que hay un problema de sexismo cuando se valora a la mujer por su aspecto físico. Las palabras del Dalai Lama son un claro ejemplo de sexismo que está muy alejado de lo que un líder espiritual que guía a hombres y mujeres debería tener.

Hace un flaco favor a la lucha por la igualdad y por un trato digno hacia las mujeres quien viene a decir que aquellas que no entran dentro de los cánones de belleza establecidos no pueden alcanzar cargos públicos. El Dalai debería ser un ejemplo. Un mal ejemplo es lo que ha sido con sus degradantes comentarios.

¡Ay, Dalai, qué patinazo!