100 Kms del Sáhara, el reto

Parece mentira que ya haya pasado un año desde que Carlos Ultrarun, el Presidente de la Asociación Española de Trail, me propusiese correr 100 kms por el desierto del Sáhara en su parte tunecina. Ha pasado el año y toca darle duro a la zapatilla por terrenos no habituales como dunas, lenguas de arena y pistas pedregosas.

El lunes 7 de octubre salimos hacia Túnez con la emoción, la ilusión y el respeto que da lo desconocido. Nunca he corrido más de 42 kilómetros seguidos. El salto es considerable pero creo que voy lo suficientemente preparada como para asumir el reto.

Os dejo el enlace al artículo en el que cuento qué son los 100 kms del Sáhara, cómo los he preparado y las emociones que siento ante el inminente inicio.

A la vuelta os doy todos los detalles. Pinchad en el siguiente link para leer el artículo. 100 kms del Sáhara,

El tamaño ¿importa?

Me sorprende que a la noticia en torno al futuro decreto del Gobierno Vasco, aún en borrador, con las nuevas normas de construcción y habitabilidad tanto de los elementos comunes de los edificios como de cada vivienda no se le haya dado más cancha. Lo digo porque será una de las primeras normativas que tienen que ver con la arquitectura que se hagan con perspectiva de género y con el objetivo de facilitar la seguridad y la integración en las tareas domésticas que todavía siguen separadas por sexos y que de forma mayoritaria siguen siendo asumidas por las mujeres.

¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? Pues que desde el Gobierno Vasco consideran que el pequeño tamaño de las cocinas ha sido el motivo por el que los hombres no han entrado en ese espacio de la casa. No puedo estar más en desacuerdo. Históricamente la cocina ha sido uno de los espacios más amplios de los domicilios. En ella se celebraban las reuniones familiares, los momentos de charla y de reflexión acerca de unas y otras situaciones domésticas. Si los hombres no han entrado ha sido porque no han querido y porque el rol de cocinera se le ha dado a ella y no a él. Por muy grande que fuese el espacio, y lo era en la mayoría de las casas, al hombre no se le encontraba ahí. «Es que no sabe ni freír un huevo» es una de las frases que más hemos escuchado dirigida hacia quienes no tocaban un cacharro.

El Departamento de Vivienda continua trabajando para diseñar los edificios de manera que faciliten la igualdad en materia de seguridad y corresponsabilidad. Entre la medidas propuestas especifica que la cocina tendrá como mínimo siete metros cuadrados y la sala de estar, 14. «El espacio para cocinar tendrá preferentemente las dimensiones de cocina comedor, en su defecto el espacio se diseñará colindante con el comedor de forma que pueda unirse de forma directa y o tener una conexión visual directa», especifica el borrador en su Anexo III.

Asegura el viceconsejero de Vivienda del Gobierno vaso, Pedro Jáuregui, que «podemos hacer que la cocina se convierta en un espacio común, pero común de verdad, que la cocina se convierta en un espacio de la unidad convivencial, no solo de la mujer. ¿Cómo? Promoviendo que las cocinas, que hasta ahora están en una esquina, estén más integradas en el salón. Si la cocina está en una esquina de la casa y el salón en la otra, las personas están aisladas. Proponemos que esas dos piezas estén contiguas, que tengan dimensión suficiente como para albergar a dos personas y que además esos dos espacios comunes ocupen la centralidad de la casa», explica.

Creo que no es suficiente que la cocina y el salón estén cerca para conseguir que el hombre se corresponsabilice de estas labores. Es cuestión de voluntad y de facilitar la conciliación laboral y familiar tanto a hombres como a mujeres, que parece que solo se lo tienen que poner fácil a ellas. La educación y el ejemplo serán las que hagan que en el futuro tanto hombres como mujeres entren en la cocina, pongan la lavadora o pasen el aspirador.

Sí que es un paso importante que se proyecte en el Estado la primera normativa de construcción con perspectiva de género y que los criterios de igualdad se apliquen a todos los sectores, pero en este caso creo que el tamaño no importa. Por muy grande que sea la cocina, si alguien no quiere entrar, no entrará.

Lo que si aplaudo es otra parte de esta normativa que afecta a la eliminación de espacios oscuros en los portales y escaleras de acceso a las viviendas. Cuanta más seguridad, mejor para todos y todas.

Greta Thurnberg

A la joven activista medioambiental Greta Thurnberg le está cayendo la del pulpo desde su participación en la Cumbre para la Acción Climática de Naciones Unidas. Las redes sociales, especialmente aquellas utilizadas para poner en solfa absolutamente todo, twitter por ejemplo, han abierto la veda contra una niña a la que la lucha contra el cambio climático ha convertido en icono de tantos y tantas jóvenes en todo el mundo.

Lo cierto es que a mi también me causa una importante contradicción de pensamiento escuchar a esta muchacha. Por una parte admiro su valor de aglutinar a la masa joven y el trabajo que está haciendo por tirarnos de las orejas y hacernos responsables de la muerte lenta del planeta. Sin embargo nunca me han gustado las causas con niños/as como protagonistas. Siempre veo detrás, no puedo evitarlo, la mano adulta que maneja los hilos de sus argumentos. Y se por experiencia que a los 16 años el conocimiento que se tiene de las cosas es bastante vago y los lemas esgrimidos bastante manidos.

Hay que valorar, y valoro, que miles de jóvenes salgan a la calle cada semana respondiendo a la llamada de Greta, pero creo que alguien debiera decirle a la joven que lo útil en su caso sería dar lo que ahora se llaman «tips», es decir consejos en lenguaje joven, acerca de lo que pueden hacer por salvar el planeta.

Es muy triste ver cómo quienes asisten a las convocatorias lanzadas por la joven Thurnberg van pegados a su teléfono móvil, un aparato que cambian casi cada año y cuyo cambio está acabando con las reservas del mineral coltan en África. O mirar su vestimenta y comprobar que las prendas que les cubren son de bajo coste, camisetas de cinco euros compradas el día anterior y que con poca probabilidad llegarán a la semana siguiente en uso. Para su elaboración se ha explotado laboralmente a cientos de mujeres, se han gastado miles y miles de litros de agua (casi 4.000 en el caso de unos vaqueros) y para llegar a su destino han volado centenares de kilómetros en un medio de transporte altamente contaminante como es el avión. Y no te digo nada si la compra es online; envios y devoluciones de prendas están ocasionando una huella en el planeta mucho mayor que la que dejan industrias consideradas el demonio por el movimiento ecologista. Para terminar la manifestación de los viernes, y como fin de fiesta, visita a un restaurante de comida rápida que acaba de llegar desde la otra punta del planeta y que está acabando con los agricultores y ganaderos de kilómetro cero.

Total, que la iniciativa de Greta Thurnberg es loable como toque de atención hacia sus congéneres pero no, yo no voy a sentirme responsable en exclusiva de la caótica situación medioambiental de la tierra. Es más, me preocupo, como tantas otras personas, de lanzar un mensaje de cuidado de nuestro medio ambiente, especialmente con mis actos diarios: ahorro de energía y de agua, consumo de productos de cercanía, compras en comercios locales, prensas de vestir de larga duración, etc, etc, etc.

Hay importantísimos ambientalistas que están sufriendo en sus carnes el hostigamiento de los mandatarios por lanzar sus mensajes y sus investigaciones. Por poner un ejemplo, en el último año en Brasil 14 ambientalistas (11 de ellos indígenas) han sido asesinados. No se si Greta y sus seguidores conocerán el dato o si serán capaces de dar el nombre de uno de ellos.

Creo que Greta debe volver al colegio, formarse y trasladar sus conocimientos a las futuras generaciones. Ese será su legado. Mientras tanto puede poner en práctica sus mensajes y no aparecer en fotografías comiendo fast food en recipientes de plástico no biodegradable.

Nunca me han gustado los programas con menores como protagonistas, no.

Registros incompletos

La semana en la que se celebra «La noche violeta», con llamamientos en todo el país a movilizarse ante la emergencia en la que se ha convertido la lacra de la violencia hacia las mujeres, se cierra con la fatídica cifra de 41 mujeres asesinadas a manos de sus parejas o ex parejas. El año pasado por estas fechas se contabilizaban 26 asesinadas. Algo estamos haciendo mal para que lejos de disminuir, los asesinatos aumenten.

Desde el año 2003, cuando empezó el recuento oficial, 1.016 han muerto víctimas de sus novios, maridos, amantes o lo que sea. Asesinadas.

Sin embargo son muchas más. Y lo son porque solo se contabilizan como víctimas de la violencia de género aquellas que mueren a manos de sus parejas o exparejas. El resto de familiares, cuñadas, suegras, abuelas etc, no constan en las estadísticas oficiales.

En el año 2017, el Pacto de Estado contra la Violencia de Género apuntó entre sus intenciones visibilizar a las víctimas indirectas entre las que se incluyen a familiares y amistades de las mujeres asesinadas. Sin embargo este recuento no se ha puesto en marcha. Está pendiente desde hace más de un año. Quien lo prepara es el Ministerio de Igualdad y amplía el concepto de violencia de género también a mujeres asesinadas por hombres con los que no tenían una relación sentimental pero que fueron agredidas “por el hecho de ser mujeres”. Resulta indignante que si una prostituta es agredida o asesinada no se considere violencia de género o que tampoco lo sean los asesinatos, por ejemplo, de Laura Luelmo o Diana Quer porque sus agresores eran extraños.

Hay ya asociaciones, tanto feministas como de juristas, que están reclamando no ya un Pacto de Estado Contra la Violencia de Género sino contra el machismo. Recuerdan que cuando se creó el Pacto de Estado contra el Terrorismo lo fue contra el terrorismo en sí y no contra los atentados terroristas. No les falta razón aunque a estas alturas y visto lo visto, con que se tomen medidas reales para frenar este feminicidio nos damos por satisfechas.

Esta semana, el asesino confeso de Pontevedra mató a su exmujer, a su excuñada y a su exsuegra delante de sus dos hijos, de cuatro y siete años de edad. Solo su exmujer y sus niños quedarán registrados como víctimas. Y no, no hubo tres víctimas del machismo. Hubo cinco.

20 de septiembre, la noche violeta

Convocatoria en Euskadi: Ayuntamiento de Bilbao . 20.30 horas

Docenas de colectivos de toda España se han sumado a la «emergencia feminista» decretada por la Plataforma Feminista de Alicante. Hace unas semanas, esta entidad emitió un comunicado en el que se constataba que este verano, el mes de julio concretamente, ha sido el más negro para las mujeres en lo que a violencia de género se refiere. Durante ese mes hubo un asesinato con una mujer como víctima cada dos días. Imaginemos lo que sucedería si en cualquier otro colectivo, el de los políticos, los taxistas, los comerciantes, los docentes, los periodistas o cualquier otro, pasase algo similar. No estaríamos hablando entonces de un «problema» sino de una «emergencia». Así lo entendemos quienes nos sumamos a esta iniciativa que el próximo viernes 20 de septiembre nos sacará a las calles para denunciar precisamente eso, que no estamos ante una alerta sino ante un problema de tal magnitud que requiere solución urgente. Y que volvamos a echarnos a la calle.

Dicen desde la plataforma alicantina que esta iniciativa nace de la impotencia, el dolor y la insumisión. Me parece especialmente acertado este último concepto: la insumisión. No podemos quedarnos calladas y asumir que hay hombres (afortunadamente minoría) dispuestos a matar mujeres por el mero hecho de serlo y para demostrarse, sospecho que a sí mismos, su superioridad. Este movimiento nace de no tolerar lo intolerable.

Padres que asesinan a sus hijas e hijos para causar el mayor de los sufrimientos a las mujeres, pederastia, trata, desapariciones, asesinatos, chantajes, acoso, agresiones, abusos, manadas, una justicia que pone en duda las declaraciones de las víctimas, sentencias sin sentido…. Todo esto es lo que ha llevado a estas mujeres a extender su emergencia a todo el país.

Se nos pide que acudamos al llamamiento vestidas de negro. Se repartirá celofán morado para que lo coloquemos en la linterna de nuestros teléfonos móviles para iluminar la noche de ese color.

En Euskadi, la convocatoria partirá del Ayuntamiento de Bilbao a las 20.30 h. y se dirigirá al Teatro Arriaga.

La noche del viernes 20 de septiembre será violeta. No podemos volver a la rutina como si este verano hubiese sido uno más.

Os dejo el manifiesto de emergencia feminista publicado por las organizadoras.