Hacer el agosto

Cuando alguien realiza un buen negocio, obtiene un beneficio económico de manera fácil y con rapidez o aprovecha la ocasión oportuna para ello, se dice que “ha hecho el agosto”. El origen de esta expresión es muy antiguo. Parece ser que el dicho alude a la recolección de cereales, aceitunas, uvas y otros frutos del campo durante la época más fructífera -la estival- y, por extensión, a los beneficios que se obtienen de la venta de una buena cosecha.

No estamos acostumbrados por aquí a tener muchas oportunidades de sacar un rendimiento extra a los acontecimientos, pero tal y como está el calendario de eventos en Euskadi tendremos que ir aclimatándonos. Eso sí, con medida y sin convertirnos en eso que el presidente del Gobierno Español ha puesto de moda, unos “aprobetxategis”.

Si nosotros nos quejamos de lo mucho que nos cobran en otros países por un café o una cerveza, ¿cómo no van a quejarse quienes nos visitan? ¿Es que a los y las turistas no les duele el bolsillo?

Nuestros visitantes han denunciado los precios abusivos que se les han aplicado, especialmente en los hoteles durante la celebración de las finales de rugby. Incluso las autoridades municipales se han puesto de parte de quienes se han quejado. Supongo que les ha dado la misma vergüenza que al resto saber que han intentado sacar tajada de las finales. Que una cosa es sacar tajada y otra sacarles los ojos a los aficionados por dormir.

Ahora, la Autoridad Vasca de la Competencia estudiará los precios aplicados por los hoteles para verificar si hubo “algún tipo de práctica abusiva o anticompetitiva”. Se ha solicitado información sobre los precios del sector hotelero y se tomarán las medidas oportunas de forma que esto no suponga un obstáculo o precedente de cara al desarrollo de otros acontecimientos futuros en la ciudad.

Precios para dos noches entre los 900 y los 1.200 euros son razón más que suficiente para que quienes lo han pagado una vez no vuelvan a hacerlo.

En la época Azkuna, una turista se quejó porqué le habían cobrado 8 euros un bocadillo de jamón. El propio alcalde decidió que se le devolviese el dinero.

 

 

 

Caso Nadia, el colmo de la maldad

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Hay que ser un desalmado para decir que las fotos encontradas en tu ordenador con imágenes de tu  hija en actitud provocativa no responden al concepto de material pornográfico sino que esas poses las hace la niña de manera natural porque es “muy juguetona”. En las fotografías, de carácter sexual según los Mossos d´Esquadra, aparecía la menor desnuda y presenciando las relaciones sexuales que mantenían sus padres. Un juego muy común en las familias españolas, sí señor. Entiéndase la ironía, claro.

Lo cierto es que desde que se destapó el caso del mercadeo que el tal Fernando Blanco y su esposa Margarita Garau se traían con la supuesta enfermedad rara de la niña, el asco que provocan ha ido in crescendo.

Más allá del enorme timo al que han sometido a todas las personas que con buena fe y voluntad han querido en un momento u otro aportar dinero a una causa fantasma, el asunto provoca nauseas al ver cómo quien debe proteger a una niña monta un auténtico negocio en torno a su salud  y termina acusado de delitos sexuales.

Decía el escritor Victor Hugo que es extraña la ligereza con que los malvados creen que todo les saldrá bien. La familia de Nadia se dejó llevar por sus más bajos instintos y fue dando pasos cada vez más rápidos hacia el abismo sin pensar en que sus actos tendrían consecuencias. Por eso, a día de hoy, justifican casi todo. Desde el dinero que recaudaron y no invirtieron en mejorar la salud de su hija hasta las fotos de contenido sexual incautadas. Es el colmo de la maldad.

Llevo ejerciendo de periodista desde hace casi 30 años. En este tiempo he conocido a docenas y docenas de familias que se han encontrado con un hijo, con una hija, con alguien de su núcleo, que se enfrentaba a una enfermedad incurable o a un mal que tenía remedio pero que requería un desembolso económico enorme. Familias que han hecho pública su situación a través de los medios de comunicación, que se han desnudado ante la sociedad, que han dado cuenta de su situación económica y de sus necesidades con el único fin de recaudar fondos para tratar esa enfermedad. Y llegó un momento en el que yo misma me vi afectada por la dolorosa enfermedad incurable de un familiar y entré a formar parte de varias asociaciones que trabajan muchísimo para recoger dinero e invertirlo en medios que faciliten la vida a los y las enfermas o en investigación.

Por eso, porque he vivido muy de cerca el caso de muchas familias que han sufrido lo incontable hasta que han reunido el dinero para poder someterse, por ejemplo, a una operación que no se podía realizar aquí, por todo eso, ver a la pareja de desalmados que se hacen pasar por padre y madre de Nadia me provoca un asco infinito.

Son muchas las familias aún inmersas en campañas para recaudar fondos o para visibilizar enfermedades que ven ahora cómo la sociedad les pone bajo sospecha. ¿Será verdad lo de este o aquel niño? ¿Qué harán realmente con mi dinero si es que lo dono?

Casos como el de Nadia no pueden hacernos perder la confianza en quienes de manera transparente trabajan para lograr investigaciones o proyectos que nos beneficiarán a todos. No perdamos la certeza de que hay más buena gente que mala.

No soy muy de Nietzsche pero sí me gusta esta frase suya: Quien con monstruos lucha cuide de convertirse a su vez en monstruo. Sigamos actuando conforme a lo que nos dicte nuestro corazón.

Atención a cómo nos viene esta semana porque vamos a conocer un escándalo que va a volver a poner en entredicho la solidaridad de algunos …