¡Baja el tampax!

Por fin!

La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, ha expuesto en el Senado algunas de las novedades en materia fiscal que incluirán las cuentas de 2019. Una de las principales tiene que ver con la igualdad de género porque tiene que ver con la  fiscalidad de productos femeninos. La intención del gobierno es gravar tampones y compresas como un bien de primera necesidad, de manera que pasarán de tener un IVA del 10% al 4%.

Hace algún tiempo escribí sobre la  “pobreza menstrual”, término que se refiere a la incapacidad económica de algunas mujeres de utilizar productos adecuados y en la cantidad necesaria para cubrir sus reglas mensuales.  Contaba que solo en el Reino Unido hay un 10% de mujeres de entre 14 y 21 años que no pueden permitirse productos sanitarios durante su regla. Una de cada siete pide prestados tampones o compresas a amigas para poder utilizarlos. Al menos el 12% ha tenido que improvisar una solución higiénica al no poder permitirse estos productos y el 19% ha cambiado el uso de productos por otros menos idóneos pero más baratos. No tener acceso a productos o instalaciones adecuadas cuando las mujeres tienen la regla acarrea problemas de higiene y salud, pero también absentismo escolar o su reclusión en espacios privados. Y no solo ocurre en países de  África, Asia o América Latina. La pobreza menstrual existe también en Europa.

En  España, las mujeres pedíamos desde hace tiempo una rebaja de estos impuestos feminizados que  nos vemos obligadas a pagar por el mero hecho de ser mujer y menstruar. Parece que defitivamente se han tomado cartas en el asunto y pagaremos un IVA superreducido en artículos de primera necesidad para nosotras.

Aplauso para la decisión y para todas aquellas mujeres que de una u otra manera han trabajado por conseguirlo.

 

Pobreza menstrual

Hay factores de la pobreza que rara vez se tienen en cuenta. Hablamos de trabajadores pobres, de pobreza energética, de pobres de solemnidad y de otras muchas formas de sufrir la escasez de recursos.

Desde hace algún tiempo se ha empezado a hablar de “pobreza menstrual”, término que se refiere a la incapacidad económica de algunas mujeres de utilizar productos adecuados y en la cantidad necesaria para cubrir sus reglas mensuales.  Solo en el Reino Unido hay un 10% de mujeres de entre 14 y 21 años que no pueden permitirse productos sanitarios durante su regla. Una de cada siete pide prestados tampones o compresas a amigas para poder utilizarlos. Al menos el 12% había tenido que improvisar una solución higiénica al no poder permitirse estos productos. Y el 19% había cambiado el uso de productos por otros menos idóneos pero más baratos.

En España, por las compresas, los tampones y las copas menstruales pagamos un IVA del 10%. Los productos de primera necesidad tributan al 4%. ¿No son los artículos de higiene femenina de primera necesidad? Hay países en los que sí están considerados como tal, pero no es nuestro caso.

En Francia, estos productos tienen un IVA del 5,5%. En Canadá están exentos de impuestos. Precisamente fue este país al que un grupo de mujeres españolas realizó un pedido colectivo para presionar al gobierno y pedirle un IVA superreducido para tampones, compresas y copas menstruales.

Ahora, Escocia se va a convertir en el primer país desarrollado en ofrecer productos sanitarios gratuitos a las alumnas de colegios, institutos y universidades. En total, 395.000 mujeres se beneficiarán de este plan del Gobierno para combatir la pobreza menstrual que costará unos 5,7 millones de euros.

No tener acceso a productos o instalaciones adecuadas cuando las mujeres tienen la regla acarrea problemas de higiene y salud, pero también absentismo escolar o su reclusión en espacios privados. Y no solo ocurre en países de  África, Asia o América Latina. La pobreza menstrual existe también en Europa.

 

La ministra de Hacienda, María Jesús Montero,  ve necesario rebajar el IVA de estos productos  “por razones de discriminación”. También la asociación de consumidores Facua también ha reclamado que estos artículos estén gravados con el IVA superreducido, porque son productos “básicos para la higiene de las mujeres”.

Las mujeres pedimos una rebaja de estos impuestos feminizados que  nos vemos obligadas a pagar por el mero hecho de ser mujer y menstruar.

Cubatas a mil euros

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Dice mi compañero Pablo Fuentes Pila que con la subida de los impuestos sobre el alcohol y las bebidas azucaradas los cubatas van a ponerse a mil euros. No le falta razón. El precio de un ron con Coca Cola de toda la vida se ha puesto ya inalcanzable. O es una ocasión especial o te vas a bebidas más asequibles, por ejemplo la cerveza, cuyo consumo como bebida de noche, como trago largo q se decía antes, se ha ido consolidando. No es de extrañar. Pagar entre diez y doce euros por un combinado no está al alcance de cualquiera. Claro que te lo preparan con tanto mimo, con tanto espectáculo y con tantas frutas y verduras que acabas por convencerte de que merece lo que pagas.

No digo yo que no, que no lo merezca, pero asequible asequible, lo que se dice asequible, no es.

Viene todo esto a cuento del aumento de los impuestos sobre el tabaco, el alcohol y las bebidas azucaradas que hoy aprobaran quienes nos gobiernan. El del alcohol se aplicará sólo a las bebidas destiladas y no al vino y la cerveza.

No es políticamente correcto decir que te alegras de un aumento de los impuestos pero como no suelo serlo, no me importa decir que aplaudo la medida.  Estamos hablando de productos perfectamente prescindibles y, además, dañinos para la salud.

Las bebidas azucaradas, esas que antaño consumiamos los días de fiesta y de forma excepcional, están hoy presentes en las comidas y las cenas de forma habitual. La incidencia que esto tiene sobre un problema de primer orden como la obesidad es crucial. La Organización Mundial de la Salud ya habia pedido hace tiempo que este tipo de bebidas se gravasen con un impuesto del 20%. Recomendaba además que si la gente consume azúcares libres, mantenga su consumo por debajo del 10% de sus necesidades energéticas globales y las baje a menos del 5% para obtener beneficios adicionales para su salud. Una sola lata de refresco convencional contiene más del 100% de todos los azúcares libres considerados óptimos por la OMS para un día.

No es esta una medida que vaya a tener un gran impacto en las arcas del Estado. Se estima que no irá más allá de los 200 millones de euros. Eso sí, si mediante esta subida se consiguen reducir enfermedades como la diabetes y la obesidad, lograremos reducir las consultas y tratamientos en la sanidad pública con lo que estaremos ahorrando por otra parte. Es una medida que ya se adoptó en Reino Unido y Portugal con efectos positivos.

Me parece bien que se suban los impuestos de artículos que no necesitamos para sobrevivir. Por contra, no estaría de más que, a pesar de tener que cumplir con Bruselas y sus pretensiones, se revisase el IVA de productos como el material escolar que, salvo cuadernos y bolígrafos, tributan al 21% al igual que algunos servicios como la elaboración de medicamentos, los equipos médicos, aparatos, instrumental sanitario y productos farmacéuticos.

En todo carro de la compra de una familia con mujeres de edades comprendidas entre los 13 y los 55 años no pueden faltar tres productos básicos: tampones, compresas y copas menstruales. Lo usamos una media de 35 años a lo largo de nuestra vida. Son productos de primera necesidad. Entonces, ¿por qué se aplica un IVA del 10%? ¿Por qué no se aplica el mismo IVA que al pan, la leche, los libros o los medicamentos?

Por no hablar de algo tan necesario como la cultura cuyo tributo al 21% ha hundido a muchos/as profesionales del sector y nos ha dejado sin poder disfrutar de algo tan importante como el cine, el teatro, la música, etc, etc, etc.

En definitiva, que la medida de subir los impuestos al alcohol, el tabaco y las bebidas azucaradas es una buena noticia pero que no va a conseguir un gran efecto recaudatorio. Revisar el IVA de arriba a abajo. Eso sí que es una primera necesidad.

Y dejar de echar mano de la hucha de las pensiones, que la están dejando seca. Ya lo decía mi madre: quita y no pon, se acaba el montón.