Dimisionarios

Llevamos tanto tiempo viendo cómo se suceden los escándalos en política, y con políticos/as como protagonistas, sin que nada pase que ahora, con dos dimisiones ministeriales en apenas cien días, convertimos a los dimisionarios en héroes.

Hay una cierta tendencia en este país a quedarse en la superficie. Tras la dimisión ayer de la ministra Montón, el sentir general es que “al menos ha dimitido”. Lo mismo sucedió con Huertas. Quizá lo que debiéramos analizar es cómo un gobierno creado en tiempo récord y conformado por diecisiete ministros/as, ya ha perdido a dos. Sí, les honra haber abandonado su cargo conocidas sus irregularidades, pero han tenido que ser los medios de comunicación quienes las han destapado. Las tenías bien guardadas bajo la alfombra.

Oír la palabra máster relacionada con algún cargo público y que los presidentes se echen a temblar es todo uno. Pero no son los únicos. El alumnado de los másteres cursados en algunas universidades también tiemblan al saber que cuando presenten su título en una empresa, un halo de sospecha va a recorrer su documentación. Cierto es que hasta el momento han sido personas con buena proyección política y poco tiempo disponible las que han cometido las irregularidades. O puede que efectivamente solo hayan seguido las instrucciones de alguien que les ha dicho eso tan español de “esto te lo arreglo yo y no pasa nada”. Lo malo es que a quienes se les supone una honradez del 100%, aquellos/as que quieren dedicarse a la cosa pública, también admiten chanchullos. No vale decir que han seguido lo que la Universidad les ha dicho. Saben, o debían saberlo, que cursar estudios fuera de plazo, no presentarse a las clases obligatoriamente presenciales o copiar, incluso de la wikipedia, diecinueve páginas de las cuarenta y dos que tiene tu trabajo de fin de máster es una tremenda irregularidad.

De todo esto yo me quedo con el trabajo de los medios de comunicación que una vez más han demostrado ser garantes de la libertad. Claro que esto no siempre es así y sabemos de las ataduras de los grandes grupos de comunicación a los políticos, pero saber que hay periodistas investigando y publicando lo que pasa entre bambalinas sea en el partido que sea, puede llevar a la ciudadanía a reconciliarse con el periodismo, con el buen periodismo.

La pregunta está en el aire. Me recuerda a la película de los “Diez negritos”. ¿Quien será el o la siguiente?

URJC, el chiringuito

Dicen algunos alumnos/as de la Universidad Rey Juan Carlos que tienen miedo. Miedo a hablar, miedo cuando se relacionan con cargos de la facultad, miedo a contradecir a quien manda en una Institución fuertemente intervenida por el PP. No hay que olvidar que esta Universidad fue creada en 1996 por Ruíz Gallardón.

La compañera periodista Mariola Lourido ha investigado para la Cadena Ser el organigrama universitario y se ha encontrado con que decenas de familiares de políticos de ese partido trabajan allí como profesores o personal administrativo.

Esposas, hijos, hermanos, sobrinos, primos o cuñados. Todas esas relaciones ha encontrado en su investigación.

Dice Lourido que “entre los parientes de relevantes políticos figuran Margarita Cifuentes, la hermana de la propia Cristina Cifuentes; la prima de Ruíz Gallardón, Isabel Ruíz Gallardon de la Rasilla; la sobrina de Mayor Oreja, Isabel Mayor Bastida; la cuñada de Francisco Granados, María del Mar Alarcón o Javier de Esteban, el hijo de un miembro de la Junta Electoral Central nombrado por el PP Alonso de Esteban, exdecano de la Facultad de Ciencias de la Comunicación.  También tiene plaza de profesor Fernando García Rubio a quien el juez Velasco vincula con la Operación Púnica. Y otro implicado en la misma trama de corrupción del PP, el exdiputado en la asamblea de Madrid y ex alcalde de Móstoles David Ortiz.

Es llamativo así mismo el número de familiares de los que fueron rectores en esta universidad pública. Trabajan la mujer y la cuñada de Pedro Gonzalez Trevijano, actualmente magistrado del Constitucional María Teresa y Mónica Martín del Peso;  la esposa de Fernando Suárez, María Teresa Martialay; y dos hijos de otro rector, de Rogelio Pérez Bustamante, Diana y David Pérez Bustamante. Y está contratado Mariano Sánchez Magdaleno, el hermano de María Teresa Sánchez Magdaleno, la gerente general de la Universidad hasta febrero cuando fue cesada”.

Con todo esto sobre la mesa, con las declaraciones de Salvador Perrelló, el profesor que filtro el caso del no máster de Cifuentes, con estudiantes que se sienten estafados, engañados y preocupados, los responsables del PP siguen creyendo la fantasiosa versión de su Presidenta, la apoyan y renuncian a pedirle su dimisión.

Una vez más, la corrupción se adueña de la política sin que pase factura. Lo malo es que la factura de todo esto se la cobra la democracia. La Universidad no puede ser otro chiringuito político.

 

Cifuentes, erre que erre

No se si estamos más preocupados por las supuestas malas relaciones entre las reinas de España o sobre la presunta falsificación de las notas en el Máster que la presidenta de la Comunidad de Madrid supuestamente cursó.

Viendo algunos programas de televisión parece que la verdadera crisis de Estado se produjo con la no foto de la reina Sofía con sus nietas y con el beso “limpiado” de la frente de la princesita. Incluso expertos en lectura de labios han contratado en Tele 5 para llegan al fondo de la cuestión.

Al verdadero fondo al que hay que llegar es no ya si Cristina Cifuentes hizo el máster en la Universidad Rey Juan Carlos o no. A estas alturas, a pesar del aplomo de la presidenta al defender su postura, lo que más me importa es el grave desprestigio que el caso ha supuesto para la Universidad. Ante las evidencias y las evasivas de los máximos cargos universitario para no decir claramente si Cifuentes cursó o no el famoso máster, la Universidad se ha convertido en una especie de escuela de cambalache que desprestigia a quienes allí imparten conocimiento y a quienes lo reciben. Me imagino que no les hará ninguna gracia que les miren con media sonrisa cuando digan que su máster lo han cursado en la Universidad Rey Juan Carlos. Sabemos como nos las gastamos por aquí y será inevitable tener que escuchar la preguntita de si nuestro título nos lo hemos ganado hincando codos o nos la han regalado.

No tomar la parte por el todo. Esa es una de las máximas que intento seguir en todos los ámbitos. Tampoco en este caso pretendo hacerlo, pero es inevitable que  quienes han cursado estudios en la URJC se sientan engañados. Uno partiéndose los cuernos para dar el máximo y obtener un buen resultado en unos programas que cuestan un riñón para que la presidenta de la Comunidad, que debiera ser un ejemplo a seguir, lo obtenga sin despeinarse la coleta.

“Resulta difícil decir si esta operación de descrédito responde a una estrategia de la izquierda o es el precio que debo pagar por combatir la corrupción”. Con uñas y dientes se ha defendido una mujer que no está dispuesta a abandonar su cargo por el grave conflicto provocado en la Universidad.

Mientras, los dos periodistas contra los que se ha querellado Cifuentes siguen haciendo su trabajo. Investigar y dar a conocer a la opinión pública la trastienda de algunos/as políticas que no juegan limpio.

Plagio de tesis doctorales, infracciones de tráfico o amenazas a periodistas son motivos suficientes para abandonar la cartera ministerial en algunos países europeos. En España no, en España aguantan lo que les echen. En unos días todo será agua pasada, pensará Cifuentes. Y lo malo es que tiene razón, que nuestra memoria es muy frágil.