Donar bebés

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Hace un tiempo di mi opinión sobre la gestación subrogada en un post titulado «No somos vasijas». Se correspondía con el nombre de un movimiento formado por personas contrarias a esa práctica por la que una mujer accede a gestar el hijo de otra persona.

Ha pasado el tiempo, he conocido a personas que han contratado a mujeres que donan su capacidad de gestar y les he visto felices con sus hijos/as. Sin embargo, mi opinión al respecto no ha variado. Sigo mostrándome contraria a una práctica que , incluso regulada, supone la renuncia de la gestante a la filiación del niño, «un derecho fundamental» que en España se garantiza en el parto

El próximo 6 de mayo se celebrará en Madrid  la feria Surrofair , un encuentro que sirve para informarse de forma privada sobre la gestación subrogada. Aseguran que informarte de las agencias, asesores y clínicas que la practican es crucial para el éxito del tratamiento. Por ello, dicen, en Surrofair reunen a los mejores profesionales del sector a nivel nacional e internacional para que puedas conocerlos sin necesidad de salir de España.

Vamos una feria como otra cualquiera de esas en las que se compran y venden autocaravanas, coches o últimos modelos tecnológicos. ¿Realmente se puede vender y comprar todo? No en mi opinión.

Ahora, un total de 50 organizaciones de mujeres y colectivos LGTBI han creado la Red Estatal contra el Alquiler de Vientres para evitar la legalización de lo que llaman  «explotación reproductiva». Quieren advertir a la sociedad y a todas las formaciones políticas que «las mujeres no son ganado para satisfacer el deseo de crianza de unos pocos».

Tengo mis dudas sobre si la gestación subrogada puede ser considerada como una técnica más de reproducción asistida. La gestación y el parto de un niño/a es difícilmente comparable con la donación de óvulos. Lo que aquí se dona es una criatura. Provoca no pocos dilemas éticos y jurídicos este proceso.

Por no hablar de la compensación económica, de las condiciones de vida de las gestantes antes de decidirse a prestarse como tales, del tráfico de mujeres contratadas a este fin en los países más pobres del mundo, etc, etc, etc.

Sí, todas las personas tienen derecho a ser padres y madres pero gestar hijos para otros, entregarlos en el momento del parto, recibir dinero a cambio, donar bebes y saber que hay empresas, clínicas y mercaderes lucrándose de esto está fuera de los límites.

Defiendo la acogida y la adopción como fórmula para ejercer la crianza. Se que en países como Canadá o Reino Unido la gestación subrogada está regulada y no hay, supuestamente, ninguna contraprestación económica por gestar. Parece difícil que en España, con un crecimiento demográfico negativo, haya mujeres que de forma libre y altruista entren en el proceso de gestación subrogada.

No es ético el tráfico de órganos. ¿Por qué ha de serlo el alquiler de vientres?

En los Registros Civiles no queda reflejada la procedencia de estos niños, nunca aparece el nombre de la gestante, con lo que se impide conocer su origen a unos niños y niñas que ven así vulnerado uno de los derechos que le atribuye la ONU en la Convención de los Derechos del Niño: saber de dónde vienen.

No es un asunto fácil este. Insisto en que he visto mucha felicidad en personas que han abogado por la gestación subrogada para ejercer la crianza, pero también he conocido a alguna gestante dolorosamente arrepentida.

www.begoberistain.com

Las mujeres no somos vasijas.

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Imaginemos que una pareja ha contratado los servicios de una mujer para que actúe como vientre de alquiler y que, llegado el parto, nacen dos niños, uno de los cuales tiene Síndrome de Down. La pareja rechaza a este bebé.

Imaginemos a una mujer famosa que espera el nacimiento de un niño que se está gestando en un útero ajeno, pero que durante el embarazo se divorcia y ya no quiere al bebé.

O imaginemos que a una madre gestante le piden, una vez que nace la criatura, que le amamante. En ese momento, la madre biológica decide que no quiere deshacerse de su hijo. Un tribunal de Tennessee reconoció, aplicando las leyes de adopción, que como no había ratificado su renuncia después del parto, la que había hecho durante el embarazo quedaba invalidada, así que tanto la madre como los padres legales tienen los mismos derechos sobre el niño.

Estas son solo algunas de las miles de historias dramáticas que se esconden tras la tragedia de los vientres de alquiler. Es una tragedia porque es la aventura de mujeres que contratan a distancia a otras mujeres, pobres en su mayoría, para cumplir su deseo de ser madres. Esas mujeres pobres son usadas como contenedores de niños que serán posteriormente vendidos, con lo que, lejos de ser algo altruista, es algo que parte de la necesidad y la desigualdad.

En la India, donde los vientres de alquiler son legales y están regulados, las empresas cobran entre 25.000 y 45.000 dólares a los padres potenciales, pero las mujeres gestantes no reciben más de 8.000 por embarazo. Si éste fracasa, no se cobra.  Así que por todo el país han surgido complejos donde viven las madres de alquiler durante el embarazo. En el segundo mes se separa a la mujer de su familia y se la lleva a un complejo en el que diez o 15 embarazadas comen y duermen en la misma habitación. Se le exige que lleve a uno de sus hijos para que al estar pendiente de él no preste atención al que está creciéndole dentro. Es lo que podríamos llamar una “granja humana”.

Un grupo de mujeres españolas han puesto en marcha la campaña “No somos vasijas”. Se suma a la campaña internacional “Stop Subrogación now” y busca erradicar la práctica del vientre de alquiler y frenar cualquier tipo de iniciativa para regularizarlo. Denuncian los intentos de dulcificar esta operación amparándose en el altruismo y la generosidad cuando, tras la contratación de mujeres como contenedores de bebés, se esconde la mercantilización, el tráfico y los embarazos comprados a la carta. El alquiler de úteros tiene consecuencias físicas, éticas y políticas. Hay tras este supuesto acto de amor una explotación de la madre gestante y del niño, que se convierte en un producto más de consumo.

Quienes firman el manifiesto “No somos vasijas” aseguran que no es un derecho tener hijos. Todas podemos tenerlos, si se dan las condiciones adecuadas. También existe un “derecho a la salud” y no por ello es legal que alguien se compre un riñón, un ojo o un corazón cuando lo necesita.

“No somos vasijas” aboga por frenar la presión de determinados lobbys que no hacen sino alentar la presión y el control ejercido sobre mujeres empobrecidas que no ven otra salida a su situación que comerciar con su capacidad reproductiva.

Las firmantes nos piden a los medios de comunicación y a quienes nos dedicamos a contar, que no demos una visión sesgada del asunto que predisponga a favor de la regulación de la práctica de los vientres de alquiler.

Total, que yo también me sumo al “No somos vasijas”.