El culo del AS

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He escrito alguna vez que esto de denunciar actitudes sexistas, de estar alerta de lo qué se publica y cómo se publica es muy cansado, pero es que nos lo ponen a huevo. Es encender la tele o abrir un periódico y te dan las cosas al ojo. A veces, casi te lo saca de lo mucho que agrede.

Quienes ayer tuvieron la oportunidad de ver la contraportada del diario AS se dieron con esa imagen que encabeza este texto. No es que nos sorprenda porque cada día encontramos en esa página una imagen similar; la de una mujer semidesnuda que se publica con la intención de «alegrar» el ojo de quien mira y de aumentar la tirada de ejemplares.

No me gusta esa estrategia de venta, como no me gusta que los periódicos alcen la voz en contra de la explotación de mujeres y la desigualdad y, al mismo tiempo, publiquen varias páginas de anuncios de servicios de relax y prostitución. Poderoso caballero es don dinero, sin duda.

Pero es que hay veces que se cubren de gloria. Al lado de ese culo, porque la imagen reduce a esa mujer única y exclusivamente a eso, aparece un artículo de Iturralde Gonzalez titulado «Hay que alejar del deporte a los intolerantes, homófobos y machistas». En el texto hace un repaso por distintas situaciones vividas por árbitros, hombres y mujeres, en los campos de fútbol a quienes se ha insultado o agredido bien por su condición de mujer o bien por su condición homosexual.

Es de aplaudir el artículo de Iturralde Gonzalez. Eso sí, no se cómo le habrá sentado ver su texto denunciando el machismo y la homofobia al lado de esa imagen que despoja a su protagonista de su condición de mujer para convertirla en una cosa.

O sobra la chica en esa página, como todos los días, o al artículo tendrían que haberle buscado otra ubicación.

Las servidumbres del periodismo

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Decía Eugenio Scalfari, el fundador de La Repubblica de Roma, que el periodismo es un oficio cruel. No le faltaba razón. Cada día nos enfrentamos a la difícil decisión de ejercer nuestra profesión tal y como la sentimos, es decir, con sentido ético, con humildad, coherencia, responsabilidad social, de forma objetiva y veraz y en libertad o de escuchar los rugidos de nuestro estómago y mirar las facturas que tenemos que pagar a fin de mes.

Que levante la mano el periodista que lea esto y no se haya sentido alguna vez, o a diario, presionado para hacer su labor de una u otra manera. Tenemos servidumbres, sí. Las interiorizamos tan rápido que a veces se nos olvida cual es nuestro papel, que no es otro que el de, como señalaba George Orwell, escribir lo que otros muchos no quieren leer. Añadía que todo lo demás son relaciones públicas. Tampoco a éste le faltaba razón.

Hace muy poco hablada de la profesión con Julia Navarro. Ahora es más conocida por sus novelas, pero durante muchos años, tantos como 40, ha ejercido de periodista. Me decía que cuando un periodista empieza a trabajar en un gabinete de prensa de una formación política o en una agencia de comunicación, algo muy en boga en los últimos años, deja de ser periodista porque ya no es libre sino que está al servicio de alguien o de algo. Le rebatía yo diciendo que también quienes trabajamos en un medio de comunicación estamos al servicio de los intereses de la empresa que nos paga. Incluso quienes ejercen la profesión por libre están sujetos a  la decisión de compra de su material por parte una u otra empresa y saben hasta donde pueden llegar y cuáles son las líneas que deben respetar.

Esta reflexión sobre el trabajo de periodista llega tras haber sido un compañero, Ignacio Escolar, despedido de la tertulia en la que colaboraba semanalmente en el programa Hoy por Hoy de la Cadena SER. Escolar es el director de eldirario.es, medio digital que ha publicado una información en la que se relaciona a la exmujer del presidente del grupo PRISA con los famosos papeles de Panamá.

Según el propio Escolar, la publicación de esa información es lo que le ha convertido en incompatible con la tertulia de ese grupo de comunicación. Así, en llano, que ha mordido la mano que le da de comer y se la han retirado. Asegura que fundó eldiario.es porque creía que era la mejor forma de ejercer su oficio con dignidad y con radical independencia, sin deber nada a nadie más que a sus lectores.

Ojalá todos pudiésemos ejercer el periodismo de esa manera. Y que quienes dicen que lo hacen, dijesen la verdad. Queremos contar de forma objetiva y libre. Es el fundamento de nuestra profesión. Lo hacemos en la medida de lo posible porque no contar, también es claudicar.

A Gabriel García Márquez el periodismo le parecía el oficio más bonito del mundo. A mí también, aunque cada día tenga que enfrentarme a dilemas éticos y, algunas veces, tragarme algunos sapos.

Me gusta esta reflexión de un periodista americano que analizaba así su trabajo:

“Si escribo un análisis en profundidad, es demasiado largo. Si lo hago condensado, es incompleto. Si tomo partido en una cuestión, tengo prejuicios. Si no, soy un cobarde. Si he pasado poco tiempo en mi puesto, carezco de experiencia. Si he pasado algún tiempo, ya es hora de cambiarme. Si no me paro a charlar (tengo que alcanzar el cierre, saben), soy demasiado grande para mis zapatos. Si me paro a charlar, no tengo mucho que hacer. Si pido consejo, soy un incompetente. Si no lo hago, soy un sabelotodo. Si cometo un error, oigo hablar de ello semanas enteras. Si no, nadie me dice nada. Si acepto una invitación social, soy un alcohólico. Si no lo acepto, soy un bicho raro e introvertido. Si cito mal su nombre, usted no lo olvidará nunca. Si lo cito bien, usted no leyó mi artículo”.

Gratis no trabajo

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Hace unos días, mi compañero periodista Iñaki Benito colgaba en su muro de facebook un anuncio en el que se buscaban escritores de artículos sobre temáticas variadas (caballos, sofás, ventanas, pastelería, etc). Decían que necesitan una persona comprometida con los tiempos y con lo que redacte, que no haga corta-pega ni traducciones. Amenazan con comprobar que los artículos son originales y que, de no serlos, no se pagarán. Cada uno de ellos debe tener entre 300 y 350 palabras (estos post suelen tener entre 550 y 700, para que os hagáis una idea). Y ahora viene la broma: el precio de partida es de 0,80 céntimos de euro por pieza. Si, si 0,80 céntimos. Habéis leído bien. Aseguran que se necesitaran 3 o 4 artículos semanales, con lo que al mes se cobraran unos 12.80 euros.

La publicación de Iñaki, que para eso la colgó, recibió una catarata de comentarios hacia lo “empleadores”. Se les llamó de todo menos bonitos porque lo más fino que puede decirse de quienes minusvaloran de esa manera el trabajo de los que escriben es que son unos abusones, explotadores, usureros, vampiros, aprovechados y sanguijuelas. Restan valor al trabajo de quienes se han preparado para contar a los demás lo que pasa y para contárselo de forma creíble y seria, con calidad, con la intención de que quien lo lea pueda estar seguro de que lo que lee es exactamente lo que sucede.

No es la primera vez que vemos anuncios como estos. Se han publicado y se publican a todos los niveles de sinvergüencería. Desde los que piden “periodistas” a los que solo se les exige tener la ESO hasta los que te ofrecen al menos 3 meses de trabajo, sin cobrar, a la espera de saber si les gusta como escribes o no.

Casualidad, el mismo día que Iñaki publicaba a modo de denuncia ese anuncio, otro amigo periodista, Manu Moreno, escribía esto también en facebook:

“Una agencia me propone dar una formación a sus clientes, 2 horas, sobre uso avanzado de redes sociales. No hay remuneración, dado que es una oportunidad excepcional para ir haciéndome nombre. Me pregunto si ellos tampoco cobran a esos clientes, para ir haciéndose nombre. Me siento insultado, todo trabajo deber ser remunerado y más en un caso como este en el que ellos sí cobran. El nombre se lo hace uno con trabajo y con decencia, siendo coherente y fiel a unos principios. Hay mucho sinvergüenza”.

No quito ni una coma a lo dicho por Manu. El mundo se ha llenado de jetas que pretenden hacer negocio a tu costa con la cosa de que “te vas haciendo nombre”. No ha sido una, ni dos ni tres, las veces que me han pedido presentar un evento gratis. Y lo peor del caso es que te dicen: “a ti esto no te cuesta nada, ¿no?”, a lo que yo respondo: “es mi trabajo y me cuesta hacerlo tanto como a ti el tuyo”. ¡Pues claro que me cuesta¡. Invierto tiempo, esfuerzo, preparación, presencia, moderación en muchos casos, información, etc , etc, etc. Un trabajo en toda regla. Tengo por norma no cobrar en actos solidarios, pero jamás presentaré gratis o moderaré mesas redondas sin cobrar, cuando quienes organicen el acto vayan a sacar un beneficio económico.

Esto nos pasa mucho a las y los periodistas, pero también les pasa, por ejemplo, a los humoristas gráficos. Alguno me ha contado que no paran de pedirle “dibujitos” para este o aquel cartel. “Si total, tu lo haces en un momento”, les dicen. Pues no, no es un momento y tiene precio.

No creo que nadie vaya a la peluquería y pida que no le cobren por cortarle las puntas o que le diga al electricista que le cambie un enchufe “en un ratito que tenga y sin cobrar, que luego ya hablaré bien de ti para que te vayas haciendo nombre”. Y así infinidad de ejemplos.

Sé que estamos en tiempos difíciles y que nos hemos acostumbra al mal menor, es decir, mejor eso que nada, pero somos los propios profesionales los que debemos poner en valor lo que hacemos. Si trabajamos gratis nuestro trabajo no valdrá nada, cero, y no hay, a día de hoy, otra manera de valorar un curro que con dinero.

Este post tiene exactamente 755  palabras. Igual los que buscaban escritores de artículos a 0,80 piensan que con esa ridícula cantidad se cubre el tiempo que he empleado en pensarlo, escribirlo y publicarlo.

Gratis no trabajo. No.

Periodista, un arma de guerra

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José Manuel López, Ángel Sastre y Antonio Pampliega/ Foto: Facebook Usama Ajjan

Una de las máximas del periodismo dice que el periodista no debe convertirse en noticia. El periodista mira, habla con los protagonistas, escucha y cuando tiene todos los datos, cuenta. Desgraciadamente hoy tenemos que saltarnos esa máxima porque, desde el 13 de julio, no sabemos qué ha sido de Antonio Pampliega, Ángel Sastre y José Manuel López. Son tres periodistas freelance, experimentados reporteros de guerra, que habían viajado a Alepo para cubrir el conflicto sirio.

Con toda la prudencia del mundo, y sin saber aún si han sido secuestrados o se trata de otra cosa, y con todo el respeto hacia ellos, sus familiares y sus amigos hablamos de ellos y aprovechamos para denunciar la situación a la que los freelance se enfrentan en cada conflicto.

Hay que explicar que un periodista freelance es aquel que ejerce la profesión sin estar respaldado por un medio de comunicación. Trabajan por su cuenta, no están en nómina y venden sus trabajos a uno o varios medios.  Los grandes medios, en su mayoría, ya no envían periodistas “de la casa” a cubrir conflictos peligrosos y aprovechan el trabajo de los freelance. Así, la información les sale más barata y no arriesgan la seguridad de sus corresponsales. Estos periodistas autónomos son ya casi los únicos que informan, arriesgando su vida, desde los puntos calientes del planeta. A día de hoy, Siria es el país más peligroso para ejercer el periodismo. Allí, al igual que en Ucrania o en Libia, la detención o secuestro de periodistas se ha convertido en un arma de guerra.

Y todo esto lo hacen estos profesionales por retribuciones miserables en la mayoría de los casos. Es algo que denunciaba en una entrevista concedida a la Federación de Sindicatos de Periodistas uno de los desaparecidos, Antonio Pampliega. A la pregunta de cuánto es lo menos que le han pagado por una crónica respondía: “Lo que menos me han pagado ha sido nada. Me han pedido trabajar gratis. Fue el diario As. Le ofrecí una crónica en Afganistán, de una niña boxeadora. Era una historia muy potente. Me dijeron que iría a doble página un domingo, que las fotos las cogerían de agencias y que a mí no me pagarían nada porque era para mi proyección personal. Dije que no, claro. Lo machacaron de agencia, copiaron y pegaron y lo firmaron…” Así está el mundo del periodismo. Profesionales jugándose la vida a cambio de “proyección personal”. De eso no se come.

Con respecto a las tarifas, Pampliega contaba que “los grandes medios de España pagan por crónica entre 32 y 45 euros. Ya puedes estar en Siria en la guerra o en Madrid en tu casa trabajando, que te van a pagar eso, con foto incluida”.

Estos periodistas arriesgan su vida como lo hacen también quienes utilizan las redes sociales para contar lo que sucede en países como Irak, Libia, Siria, Afganistan, etc. Son países en los que no se puede ejercer un periodismo libre y de los que sabemos gracias a la labor de periodistas locales y blogueros que sufren la persecución continua de los poderes gubernamentales.

Según los últimos datos de Reporteros Sin Fronteras, en lo que llevamos de 2015, 36 periodistas, un colaborador y 8 internautas han sido asesinados en distintos conflictos. 154 periodistas, 13 colaboradores y 184 internautas han sido encarcelados.

De momento paciencia, prudencia y respeto, que es lo que han pedido los familiares de Antonio, Ángel y José Manuel. Han confirmado que desaparecieron el 13 de julio y que se trabaja en su búsqueda y localización. Hasta aquí sabemos. No vale especular. Eso no es periodismo.

 

Agur VascoPress

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Cada mañana, después de hacer lo que más o menos hacemos todos cuando nos levantamos de la cama, me siento delante del ordenador y voy abriendo páginas. Con rutina. Empiezo por mi correo electrónico, sigo por Facebook, le doy a abrir Twitter y, mientras se van abriendo, me conecto a VascoPress para ver las previsiones del día. Lleva siendo así desde hace varios años. Después miro las de otras agencias y me voy haciendo una idea de cómo va a ser el programa de radio por la tarde. Me gusta ir a VascoPress porque es una página muy clara, fácil de seguir, intuitiva y, sobre todo, porque esta hecha en Euskadi y con la vista puesta en lo que pasa aquí. Y porque es buena.

A  partir de ahora voy a tener que cambiar mi rutina. Hoy nos despedimos de una agencia de noticias que lleva funcionando desde 1982. 33 años siendo una de las agencias de referencia de lo que pasa en Euskadi. 33 años duros, porque quienes llevan ese tiempo informando aquí saben que esto no ha sido un camino de rosas ni mucho menos. Los periodistas no somos ajenos a lo que contamos y hemos tenido que contar muchas tragedias. Afortunadamente hoy todo es más tranquilo, infinitamente más, pero se nos han quedado grabadas cientos de imágenes y situaciones que han marcado nuestra forma de contar. VascoPress ha sido una agencia que ha dedicado muchos recursos a informar en los periodos más difíciles y se ha ganado un puesto privilegiado en la lista de las buenas.

Pero, al igual que otras muchas agencias y medios, VascoPress no ha podido resistir la crisis generalizada en la industria de la comunicación. Su directora, Guillermina Rodrigo, achaca el cierre a esa crisis, a la nueva frontera tecnológica que todo lo modifica y a las circunstancias adversas en las que se desenvuelven las pequeñas y medianas empresas. Guillermina Rodrigo, ella sí que es toda una Veterana de la información. Le recuerdo en mis primeros años, cuando cubría ruedas de prensa, como una periodista de referencia. Le veías y te imaginabas a ti misma, pasados unos años, con esa imagen de seguridad, de saber escuchar, sacar el jugo y contarlo.

Cuando se anunció para hoy el cierre de VascoPress, su directora dijo algo que le honra especialmente como periodista: “prolongar artificialmente la situación tendría una incidencia directa en la calidad de los contenidos”. Eso es precisamente lo que debería importar a tantos y tantas dirigentes de medios a los que poco preocupa lo que cuentan y como lo cuentan si no es con la mirada puesta en la cuenta de resultados. Periodistas con contratos miserables, incluso sin contrato, obreros de la información a los que algunos negreros pagan la pieza a cantidades ridículas, veteranos a los que se echa porque “cobran mucho”, redacciones mermadas hasta la extenuación, medios digitales que buscan periodistas a los que solo se les exige el título de la ESO porque para fusilar, cortar y pegar textos de otros no hace falta más, ofertas de empleo que no se avergüenzan de publicitar diciendo que no se cobrará en los seis primeros meses y luego, ya si eso, verán lo que te pagan, compañeros que no denuncian sus condiciones porque “fuera hace mucho frio”, etc, etc, etc.

¿Qué tipo de información se puede ofrecer con periodistas trabajando en esas condiciones leoninas?. Solo quien siente el periodismo como una forma de vida y quien quiere hacer un periodismo digno arroja la toalla antes de ofrecer una información sin calidad. Los usuarios, los lectores, los oyentes, no merecen que les contemos mal porque perderán la guía y se convertirán en personas mal informadas y más fácilmente manipulables. En esto de la información nos va mucho a todos, no solo a los del gremio.

Como a tantos y tantas compañeras, echaré de menos a los de VascoPress. Habrá que cambiar rutinas,  pero cuando echen la persiana tienen que saber que han hecho un buen trabajo.

Sin periodistas no hay periodismo. Sin periodismo no hay democracia.