Hacer el agosto

Cuando alguien realiza un buen negocio, obtiene un beneficio económico de manera fácil y con rapidez o aprovecha la ocasión oportuna para ello, se dice que “ha hecho el agosto”. El origen de esta expresión es muy antiguo. Parece ser que el dicho alude a la recolección de cereales, aceitunas, uvas y otros frutos del campo durante la época más fructífera -la estival- y, por extensión, a los beneficios que se obtienen de la venta de una buena cosecha.

No estamos acostumbrados por aquí a tener muchas oportunidades de sacar un rendimiento extra a los acontecimientos, pero tal y como está el calendario de eventos en Euskadi tendremos que ir aclimatándonos. Eso sí, con medida y sin convertirnos en eso que el presidente del Gobierno Español ha puesto de moda, unos “aprobetxategis”.

Si nosotros nos quejamos de lo mucho que nos cobran en otros países por un café o una cerveza, ¿cómo no van a quejarse quienes nos visitan? ¿Es que a los y las turistas no les duele el bolsillo?

Nuestros visitantes han denunciado los precios abusivos que se les han aplicado, especialmente en los hoteles durante la celebración de las finales de rugby. Incluso las autoridades municipales se han puesto de parte de quienes se han quejado. Supongo que les ha dado la misma vergüenza que al resto saber que han intentado sacar tajada de las finales. Que una cosa es sacar tajada y otra sacarles los ojos a los aficionados por dormir.

Ahora, la Autoridad Vasca de la Competencia estudiará los precios aplicados por los hoteles para verificar si hubo “algún tipo de práctica abusiva o anticompetitiva”. Se ha solicitado información sobre los precios del sector hotelero y se tomarán las medidas oportunas de forma que esto no suponga un obstáculo o precedente de cara al desarrollo de otros acontecimientos futuros en la ciudad.

Precios para dos noches entre los 900 y los 1.200 euros son razón más que suficiente para que quienes lo han pagado una vez no vuelvan a hacerlo.

En la época Azkuna, una turista se quejó porqué le habían cobrado 8 euros un bocadillo de jamón. El propio alcalde decidió que se le devolviese el dinero.

 

 

 

La fiesta del cine

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Un par de veces al año, las salas de cine nos regalan la oportunidad de ver películas a un precio casi de risa: 2,90 euros. Si, a mi me parece que es un precio enano dado el coste que tiene programar y proyectar una película. Lo de “el cine es caro” deja de parecerte tan evidente cuando quienes están en ese negocio te cuentan lo que les cuesta cada proyección.

El precio de una entrada de cine es aproximadamente de 8 euros. En unas salas algo más y en otras algo menos, pero esa es la cifra media salvo que vayamos a proyecciones en 3D cuyo precio se dispara hasta los 10/12 euros.

Pues bien. Tomando como base esos 8 euros, el reparto quedaría así:

..  21% de IVA para el Estado. Esto significa que se lleva buena parte del pastel: 1,68 euros por entrada.

.. 3% para la Sociedad de Autores, esto es, 0,24 euros.

.. El exhibidor, es decir, la sala de cine, se beneficia del 35 % más o menos. Traducido quiere decir que se lleva unos 2.80 euros.

.. El resto, el 41%, se reparte entre la empresa productora y la distribuidora. Esos 3.28 euros se reparten en base a si la propia productora es la misma distribuidora o no. En general, es la distribuidora la que se beneficia del mayor porcentaje.

A la luz de estos datos sabemos que si el Estado rebajase el IVA cultural al 4%, que es lo que viene pidiendo este sector para no asfixiarse, las entradas de cine se podrían abaratar en un 17%.  Y que si las distribuidoras se apretasen un poco el cinturón y rebajasen al menos un 10% su porcentaje, el abaratamiento de cada pase llegaría al 27%. Me parece que a quienes no se les puede pedir más es a las empresas exhibidoras, que con ese 2.80 por entrada que reciben tienen que hacer frente a los pagos de mantenimiento de los locales, impuestos, sueldos de trabajadores/as, etc, etc, etc. Creo que nunca antes habían pensado en mantenerse con la venta de chucherías, pero en muchos casos las palomitas y bebidas se hacen imprescindibles para mantener el negocio.

Lo cierto es que hacer una película es realmente caro y cuando no se invierte lo necesario, el espectador lo nota y critica su baja calidad. Participar un par de días de rodaje en la película que está a punto de terminar Koldo Serra, Gernika, me ayudó a ver los miles y miles de euros que hacen falta para rodar una película “de verdad”.

Hasta mañana jueves, las salas de cine rebajan sus precios con la intención de llenar los auditorios pero, sobre todo, con el objetivo de que aquellas personas que no van al cine casi nunca o nunca, sientan el placer de sentarse en una butaca, en una sala a oscuras, con una gran pantalla delante y con un sonido que te hace evadirte de cualquier otra cosa. Y sobre todo, de saber que vas a estar un par de horas con el móvil apagado y centrándote solo en lo que estas viendo. Ese es otro de los logros del cine, que nos saca de la conexión virtual durante un buen rato y nos permite vivir otras vidas y otras historias a través de las películas.

Una reducción de precios incrementa notablemente el número de espectadores.  En la última edición  de la Fiesta del Cine el público aumento en un 663% respecto a la semana anterior. Alguien debería de tomar nota.

Yo me he comprado un par de entradas. Aprovecharé la fiesta del cine para ver Truman y  Black Mass y para disfrutar de grandes historias a precio pequeño: 2,90 euros.