Alcohol en San Mamés (y 2)

Exitoso fin de semana para Bilbao, Bizkaia y todos los territorios limítrofes que de una u otra manera se han beneficiado de la celebración de las finales europeas de rugby en la Villa de Don Diego. Más de 80.000 personas presenciando en directo los dos partidos que nos han puesto en las televisiones de 115 países, hoteles al 95-100% de ocupación, bares y restaurantes trabajando sin descanso y una imagen de ciudad que ha convertido en embajadores/as de Bilbao a cuantos la han visitado. Enhorabuena a quienes han hecho posible todo esto. Han engrandecido nuestro orgullo de bilbaínos/as y han subido, más si cabe, la autoestima de la ciudad.

Por las redes y los medios de comunicación han circulado las imágenes de aficionados/as bebiendo cerveza en San Mamés. Este tema ha sido el que más discusiones ha suscitado en los últimos días. La semana pasada publiqué un post en el que daba mi opinión al respecto.

Hoy, pasado el acontecimiento, todo volverá a la normalidad y quienes vayan a San Mamés a presenciar un partido de fútbol, no podrán consumir alcohol salvo que sean unos privilegiados a quienes no se les aplica una ley que sí se aplica a los demás.

La aclaración de porqué en estas finales sí se ha podido beber alcohol me llegó  de un parlamentario vasco. Por resumirlo mucho: tenemos dos leyes, la Ley 1/2016, de 7 de abril, de Atención Integral de Adicciones y Drogodependencias y la Ley 19/2007 de 11 de julio, contra la Violencia, el Racismo, la Xenofobia y la Intolerancia en el Deporte. Según la primera, el consumo de alcohol está terminantemente prohibido en todo el estadio desde 15 minutos antes del comienzo del partido hasta 15 minutos después de su conclusión. Esta premisa se aplica en todos los espectáculos deportivos que tienen lugar en Euskadi a excepción del fútbol y baloncesto profesional.

¿Qué pasa con estos dos deportes? Pues que son consideradas las disciplinas que generan un mayor número de actos violentos y se les aplica la segunda ley de la que hablábamos. Dice esta Ley que «en los encuentros de Primera División, Segunda División y Segunda División B de fútbol, así como en la Liga ACB de baloncesto, es de aplicación la Ley 19/2007 de 11 de julio, contra la Violencia, el Racismo, la Xenofobia y la Intolerancia en el Deporte. Esta otra normativa regula en su artículo 4 el consumo y venta de alcohol y otros productos para las competiciones deportivas reguladas por la normativa (fútbol y baloncesto profesional)». El citado artículo 4 dice en su apartado primero que «queda prohibida en las instalaciones en las que se celebren competiciones deportivas, la introducción, venta y consumo de toda clase de bebidas alcohólicas y drogas tóxicas».

Así que si en San Mamés se disputa una competición de rugby, tenis, curling, hockey o cualquier otro deporte que no sea ni fútbol ni baloncesto se aplica la ley de Atención Integral de Adicciones y Drogodependencias y se puede beber hasta quince minutos antes y quince minutos después de la finalización del encuentro. Mientras se juegue fútbol o baloncesto, se aplica la contra la Violencia, el Racismo, la Xenofobia y la Intolerancia en el Deporte y no bebe nadie, salvo que estés en la zona VIP y te permitan aplicar una normativa distinta a la que se aplica al común de los y las aficionadas que van a ver fútbol.

Como quien me dio la explicación me lo hizo entender de una forma muy clara, lo traigo hasta aquí para que todo el mundo lo entienda también. Otra cosa es estar de acuerdo o no.

Que se meta en el mismo saco y se compare el nivel de violencia que hay en el fútbol con el que hay en el baloncesto me parece una irresponsabilidad. Cierto es que el número de seguidores/as del basket es notablemente inferior a los del fútbol y por lo tanto los casos de violencia también son menos. Creo que el baloncesto debería ser considerado como cualquier otro de los deportes que no han provocado una ley para atajar la violencia que genera. No hemos visto ningún aficionado al basket muerto por aficionados del equipo rival, ni formaciones casi militares por las calles de supuestos seguidores de un equipo de basket ni tantas otras cosas que sí hemos vivido en el fútbol. Ayer mismo, toda la familia del Bilbao Basket vivió una jornada negra que le ha llevado al descenso de categoría y lo único que hemos visto han sido lágrimas. Nada más. Violencia cero. Y mira que las aficiones del Baskonia y del Bilbao Basket no son precisamente amigas y fue este derby el que certificó el descenso de los bilbaínos.

Mis conclusiones:

Por principio y por lo que el deporte entraña de vida sana y alejada de productos tóxicos como el alcohol, su consumo debería estar prohibido sea cual sea la disciplina que se practique.

No es socialmente aceptable que en el mismo estadio (caso de San Mamés) la afición que acude a la zona VIP pueda consumir alcohol hasta quince minutos antes y desde quince minutos después de un partido de fútbol. O todos o ninguno. En un campo que hemos pagado a escote no se pueden aplicar dos leyes diferentes dependiendo de donde esté situado tu asiento.

No pretendía con este artículo seguir polemizando sobre el asunto, pero creo que la aclaración que yo he recibido es muy ilustrativa para todo el mundo. Ahora sabemos que se aplica la Ley y, a algunos, la trampa.

 

 

La cerveza, en el tercer tiempo

 

El «tercer tiempo» es una tradición que nació en el rugby por la cual, una vez finalizado el encuentro, que tiene dos partes, los equipos contrincantes se encuentran para confraternizar y limar los piques que puedan haber surgido durante el partido. Dicen quienes practican este deporte que este tercer tiempo es casi más importante que el propio encuentro porque es el momento en el que se ponen sobre la mesa, acompañados de una buena cerveza, los valores de cualquier deporte: empatia, camaradería, juego limpio y respeto al rival, entre otros.

Hay un dicho británico que asegura que «el fútbol es un juego de caballeros jugado por bestias y el rugby es un juego de bestias jugado por caballeros». Así se sienten quienes practican este deporte. Buscan que el fin no sea la victoria sino la amistad. ​

Este fin de semana vamos a ver a miles de aficionados/as al rugby por todos nuestros territorios. Las finales se juegan en Bilbao pero la afición se va a repartir no solo por la CAV sino por las comunidades limítrofes. Es un orgullo recibir a tantísima gente y, como cuando recibes visitas en casa, vamos a mostrar nuestra mejor cara para que quienes ahora nos visitan se conviertan en embajadores de Euskadi en sus países.

Los transportes públicos se reforzarán de manera importante. El metro funcionará de manera ininterrumpida y los bares podrán estar abiertos un par de horas más de su horario habitual. A visitas excepcionales, medidas excepcionales.

Sin embargo, una cosa es ofrecer los mejores servicios a nuestros visitantes y otra es saltarse las normas. La ley de Drogodependencias del Gobierno Vasco establece la prohibición de vender bebidas alcohólicas en los recintos deportivos. En San Mamés, donde se jugarán las finales, la venta de alcohol se limita a la zona VIP aunque hay que parar quince minutos antes de que empiece el partido hasta un cuarto de hora después de que acabe. Salvo en esa zona, no hay excusa que valga. No se vende alcohol. Cero. Pues bien, esta vez se va a hacer una excepción y se podrá vender y consumir bebidas alcohólicas en todas las zonas, respetando esos horarios VIPs, con la intención de contentar a las aficiones.

Se preguntaba un hostelero que a ver quién le dice a un irlandés que no puede tomarse una cerveza en el estadio. Pues se lo tendrán que decir los mismos que se lo dicen a un vasco a un chino o a un argentino. La ley está para cumplirla y no para saltársela según sean las aficiones y las circunstancias.

La policía municipal asegura que estas aficiones no suelen ser conflictivas y se relacionan de manera pacífica. Supongo que además de eso entenderán que en cada país hay unas normas y unas leyes y que si en Euskadi no se bebe en los estadios, no se bebe y ya está.

¿Cuantos eventos de los que pueden organizarse en San Mamés, además de los propios partidos, merecen una excepción? Podríamos hacer una lista interminable. Creo que hemos perdido una buena oportunidad de ser un ejemplo en la lucha contra otra de esas lacras que tenemos, el consumo de alcohol. Estoy segura de que los y las aficionadas al rugby no se hubieran quedado en su casa por no poder consumir una cerveza en la grada.

Otra demostración de que las ley no están para cumplirlas y de que el negocio es el negocio.