Normativas casposas

Jessica Andersen en su llegada a meta en la maratón de Londres

Es habitual ver en las maratones a corredores/as que buscan, a través de sus kilómetros, llamar la atención sobre causas sociales, económicas, políticas o solidarias. Cada una lo hace a su manera y la mayoría son encomiables. Hay todo tipo de iniciativas e intentos de batir récords. En mi participación en la Maratón de Berlín 2018, una mujer batió el record Guinnes de corredoras en traje regional. Lo consiguió una mujer india que corrió con un precioso sari.

Pues bien. En la última maratón de Londres, la celebrada hace una semana, la enfermera Jessica Anderson decidió intentar ser la más rápida en recorrer los 42 kilómetros vestida de enfermera y recaudar fondos para pacientes sin recursos. Completó su hazanas pero los responsables del libro Guinnes han decidido anular su récord porque Jessica no corrió con un vestido blanco y una cofia (vestimenta de la antigua enfermera) sino que lo hizo con su uniforme profesional, es decir, un pijama azul compuesto por pantalón y casaca. La institución le ha quitado el récord (batido por 22 segundos de diferencia con el ya establecido) porque asegura que el traje de enfermera debe ser vestido blanco o azul, delantal y cofia.

Previo a la celebración de la maratón, Anderson envió la solicitud al Guinness World Records y mandó fotos de su uniforme. Le rechazaron la solicitud porque su vestimenta «no cumplía con los requisitos». «Para los fines de este registro, el uniforme de la enfermera debe incluir: un vestido azul o blanco de la enfermera, un delantal de delantal blanco, una gorra de enfermera blanca tradicional. Las medias son opcionales», le explicaron.

Ante esta decisión, la enfermera publicó una foto en Instagram donde mostró cómo visten ella y sus compañeros al trabajo.

De momento, el récord de Jessica ha sido anulado. Sin embargo
Guinness World Records (GWR) sí ha reconocido que esta directriz está anticuada y ha anunciado que la revisarán. Además, la organización internacional, fundada en Europa, Official World Record (OWR) ha terciado en el asunto.

Desde OWR entienden que para que sea reconocido un uniforme de enfermera, el único requisito que se tiene que dar, es que sea utilizado realmente por algún centro médico homologado. Por este motivo, OWR, que además es especialista en registrar récords de maratones por todo el mundo, y teniendo en cuenta el registro de récords inclusivos para todo tipo de personas con capacidades especiales, ya ha comenzado a hacer las gestiones oportunas, poniéndose en contacto con Anderson y el hospital donde trabaja par que aporte las pruebas pertinentes para poder ser registrada y reconocida con un merecido récord del mundo. Aseguran que es una vergüenza que el GWR haya denegado con una visión sexista y anticuada de la realidad social del mundo de hoy.

A pesar de que GWR es más conocida, OWR es la única del mundo que tiene en exclusiva el aval de los ilustres colegios de notarios del mundo, por su rigurosidad reconocida. La diferencia entre las dos organizaciones es que mientras que GWR edita libros para venderlos, OWR solo se dedica a verificar y registrar los récords sin tener en cuenta el aspecto comercial.

No deja de ser un estereotipo casposo. A estas alturas casi nadie se imagina a una enfermera vestida como proclama el Guinnes. El vestido, la cofia y el delantal han quedado ya para los disfraces, generalmente poco afortunados.

Otra normativa a revisar. Seguimos.

Acoso callejero

https://youtu.be/iFfiU9JEx6g


Inseguras en las calles: experiencias de acoso callejero en grupo en niñas y mujeres jóvenes. Así es como se denomina el informe elaborado por la ONG Plan Internacional en el que se pone de manifiesto que el acoso callejero en grupo, en forma de piropos no deseados, silbidos, miradas insistentes o seguimiento y persecución, suele ser considerado por chicos y hombres como una «afirmación del vínculo grupal, de demostración de poder y masculinidad e incluso de diversión».

Se trata de un informe elaborado con 750 testimonios de mujeres jóvenes y adolescentes de Delhi, Kampala, Lima, Sídney y Madrid. Llama la atención que en lugares tan dispares del mundo, la percepción de las mujeres sea la misma: los hombres que cometen acoso «ponen su necesidad de aceptación social en el grupo, por delante de la necesidad de las chicas y mujeres de sentirse seguras en las calles».

Además, señala que los grupos que acosan consideran esta práctica una forma de entretenerse y divertirse y «suprimen la empatía hacia las víctimas para centrarse en reforzar el vínculo con el grupo y medirse con sus pares».

Este informe pone en evidencia que, en ciudades de todo el mundo, a las niñas y mujeres se les niega su derecho al espacio público y a moverse libremente debido a las actitudes violentas y sexistas de los hombres que las acosan. Hay cientos de testimonios que lo atestiguan como el de
una mujer de 22 años de Sidney quien asegura que “los hombres, durante la hora del almuerzo están al acecho para mirar a las mujeres que van al gimnasio cercano en ropa de deporte”, y añade: “se dan codazos, nos apuntan, se ríen y nos sacan fotos en mallas”. 

A juicio de los autores del informe, muchas veces los chicos ni siquiera son conscientes del miedo que generan en ellas pues están más pendientes de reafirmar su masculinidad ante los amigos que en desarrollar alguna empatía con la chica a la que están acosando.

El informe destaca que el acoso callejero en grupo «explota los desequilibrios de poder y pone en la diana a las chicas en situación más vulnerable» y sostiene que esto ocurre con más frecuencia cuando ellos van en grupos grandes y ellas son más jóvenes y están solas. Además, cuando las chicas se enfrentan al acoso, la respuesta «suele desembocar en más burlas, risas y posible escalada de violencia». En la mayoría de los casos, los transeúntes no intervienen, y, si lo hacen, suelen ser mujeres. Muchos hombres dejan de acosar a las chicas cuando se dan cuenta de que van acompañadas de otros hombres.

Los silbidos son la forma más común de hostigamiento callejero en grupo. En una «abrumadora» proporción es de naturaleza sexual. En más de un tercio de los casos, son incidentes repetidos en la misma zona o a la misma hora, «lo que es agotador y acrecienta el miedo de las chicas», afirman los autores.

Si eres hombre, lees esto y crees que no va contigo tienes mucho que decir. Si no eres parte del problema, eres parte de la solución.

https://youtu.be/iFfiU9JEx6g

Leticia Dolera, el conflicto laboral

Cuando estalló la polémica sobre si la actriz y directora de cine Leticia Dolera había despedido a una mujer por estar embarazada, un lector me escribió para decirme si pensaba opinar sobre el asunto. Le pregunté que si lo que me estaba pidiendo es que escribiese sobre un conflicto laboral, que es lo que yo considero que ha sido todo este asunto.

Por si alguien no sabe de qué estamos hablando, recordar que Leticia Dolera (militante feminista) está en estos momentos rodando una serie para televisión titulada «Déjate llevar» en la que uno de los personajes  es una mujer que toma la píldora anticonceptiva. Para este papel Dolera contrató a Aina Clotet quien se quedó embarazada durante el rodaje de la serie. Lógicamente una mujer embarazada no puede interpretar a una mujer que no quiere tener hijos y toma la píldora, total que se rescindió su contrato. Clotet no se lo tomó demasiado bien, e hizo público un comunicado en el que denunció los hechos con la intención, dice, de «evitar que las actrices embarazadas puedan sufrir la desprotección legal en la que yo me he encontrado». Asumió que la producción de una serie marcadamente feminista y que plantea la dificultad de ser mujer y madre en esta sociedad, consideraría todas las opciones para no excluirle  por estar embarazada.

Sin embargo, la directora de la serie ya había explicado a Clotet, en las charlas previas a su despido, que la serie tiene varias escenas de sexo y muestra el cuerpo desnudo de una mujer que toma anticonceptivos con lo que un embarazo era algo totalmente opuesto al personaje.

Yo entiendo todo esto como un conflicto laboral sin más. Lo que me apena es que se haya utilizado como una prueba del supuesto poco y falso compromiso de Leticia Dolera el hecho de haber revocado el contrato a una mujer que no encajaba con el personaje a interpretar.

No es fácil hacer pública tu militancia feminista y mantener el discurso de igualdad. La caverna, especialmente de las redes sociales, se encarga de atizarte sin piedad y de poner en entredicho cada una de tus acciones o postulados. Es este un asunto del que hablamos muy poco, la desprotección que sentimos las mujeres cuando nos manifestamos a diario en contra de la desigualdad. De hecho hay muchas mujeres que sufren de manera constante acoso en redes sociales, lo que coarta su participación en este espacio de debate público. Sobre esto se ha publicado un importante e interesante informe en Pikara Magazine del que hablaré otro día.

Leticia Dolera ha publicado un comunicado en el que insiste en las disculpas hacia Aina Clotet y en el que recuerda, además, que todo este asunto se ha utilizado para desacreditar al movimiento feminista. Por cierto que en esta serie han trabajado cinco mujeres embarazadas, dos de ellas actrices que aparecen estando embarazadas de cinco y ocho meses.

Os dejo el comunicado completo por si queréis saber las verdaderas razones del despido. Seguimos con las gafas moradas puestas. No queda otra.

COMUNICADO DE LETICIA DOLERA

Hola,

Como sabéis, soy la directora de la serie Déjate Llevar, producción que decidió no contratar a la actriz Aina Clotet por no encajar en el perfil del personaje protagonista para el que fue seleccionada en un primer momento.

He tardado dos semanas en escribir estas líneas porque me encontraba en la recta final del rodaje y porque estos han sido días duros para mí y para mi familia.

Se han dicho muchas cosas sobre mí, pero me ha dolido especialmente ver cómo se usaba esta situación para intentar desacreditar al movimiento feminista, tan necesario en nuestra sociedad, o para cuestionar mi compromiso de varios años con el mismo.

Hace casi cuatro años empecé a escribir un proyecto de serie sobre tres mujeres. Conseguí que varias personas creyeran en él y quisieran producirlo (yo no soy productora ni empresaria) y entre abril y mayo de este año abrimos un proceso de casting. A finales de junio, comunicamos a la actriz Aina Clotet que era la seleccionada para uno de los papeles protagonistas.

Días después, cuando todavía no le habíamos pasado los guiones ni habíamos hecho ningún ensayo, Aina nos dijo que estaba embarazada. A los dos días la llamé para decirle que, pese a que veía muy difícil que pudiera encarnar el personaje de Cristina estando embarazada de cuatro, cinco y seis meses durante el rodaje, íbamos a dar todos los pasos para valorar en profundidad si podíamos adaptarlo todo a su nueva situación. Y así lo hicimos durante las dos semanas siguientes.

Paralelamente, el productor le comunicó el problema que estaba teniendo con el seguro y la falta de cobertura que esto suponía cuando se trataba de actrices protagonistas embarazadas. En ese momento, los tres juntos hablamos de buscar soluciones al respecto e incluso aunar fuerzas para denunciarlo, pues nos parecía y nos sigue pareciendo, una discriminación.

Lamento que nuestra falta de entendimiento durante todo este proceso y no haber sabido acompañar mejor a Aina como ella necesitaba, nos haya llevado a esta situación de tensión y exposición pública.

Como ha habido tantas voces opinando sobre el tema sin conocer los pormenores del proyecto, voy a extenderme en compartir lo que se valoró durante dos semanas desde distintos departamentos de esta producción y las razones por las cuales, aunque nos doliera, Aina no podía encarnar este personaje.

1/ El personaje. Cristina toma la píldora anticonceptiva porque no quiere quedarse embarazada. Durante la serie reconecta con su sexualidad y su cuerpo. Se viste y se mueve de una determinada manera. Tiene varias escenas de sexo y muestra su cuerpo desnudo en varias ocasiones.

La profesión de intérprete conlleva una relación muy concreta con el cuerpo, es un handicap al que nos enfrentamos todas. No hablo de mostrar cuerpos normativos, evidentemente, sino de que con el cuerpo también construimos nuestros personajes. Hay muchos ejemplos de transformaciones físicas de actores o actrices para interpretar determinados personajes y eso es porque nuestro cuerpo también cuenta la historia. En este caso, un embarazo era algo totalmente opuesto al personaje de Cristina.

2/ El estilo narrativo. El estilo visual y narrativo de la serie, cámara en mano y buscando el realismo, nos impedía utilizar una doble de cuerpo. Tampoco veíamos posible rodar una serie entera de 8 capítulos de 30 minutos y rodada toda en escenarios naturales (que no en plató), usando sólo planos cortos. Tampoco podíamos recurrir a los planos cortos sólo en las escenas de una de las tres protagonistas (distinto sería si fuera un papel secundario), pues el lenguaje visual de una serie debe tener coherencia en su conjunto.

3/ No era posible un plan de rodaje alternativo. Esta serie se rueda en 62 localizaciones naturales, con 94 actrices y actores. Adaptar, mover y encajar el plan de rodaje a las escenas de una actriz no era factible. Malograba el trabajo ya realizado del equipo de arte y producción, que estaba incorporado al proyecto desde hacía meses, pero sobre todo, implicaba la no contratación de 4 actores ya confirmados.

4/ Imposibilidad de retrasar o adelantar el rodaje de un proyecto ya en marcha. No podíamos retrasar el rodaje medio año para que Aina diera a luz. Eso implicaba que más de cien personas perdieran su empleo.

Tampoco es verdad que pudiéramos adelantar todo el rodaje o rodar antes algunas de sus escenas, de hecho, para los tiempos de una serie, ya estábamos con el calendario muy ajustado.

5/ No podía ofrecerle otro protagonista, pero sí un personaje mucho más corto. Es cierto que el personaje que interpreto yo misma vive un embarazo durante la serie. Nunca se abrió casting para ese papel. Es un personaje que escribí durante más de tres años pensando en mí. Toca temas que me afectan directamente a nivel emocional. Y como autora quería expresar a través de este personaje mis propios miedos, inquietudes y defectos.

De todas formas, tampoco hubiera sido factible que lo hiciera Aina, yo no la veía en ese personaje y los personajes no son intercambiables de manera tan sencilla, hay razones artísticas detrás de cada elección de casting. Además, las escenas de una serie no se ruedan en orden cronológico y mi personaje no aparece embarazada durante la primera mitad de los capítulos.

Desde la producción le ofrecimos un personaje capitular, una aparición corta con algunas secuencias, que prefirió no hacer, cosa que entendí perfectamente.

6/ La imposibilidad de hacer FX. Aina nos propuso invertir su sueldo para costear el coste de post-producción de borrar su barriga de embarazada en los planos donde supuestamente aparecería. Eso no solucionaba todos los contratiempos explicados anteriormente. Dejando de lado que el coste no se cubriría ni de lejos con el sueldo de Aina y que esta no es una gran producción, la productora no se lo planteó porque no le parecía ético (ni legal) que una actriz trabajase sin cobrar en este proyecto.

Además, rodar con efectos especiales a una protagonista en una serie de corte realista tenía condicionantes de tipo creativo, conlleva una complejidad técnica contraria al estilo de rodaje del proyecto (con movimientos de cámara e improvisaciones de los actores) y por lo tanto implicaba cambiar el estilo y diseño de la serie.

En todo este asunto sí cometimos un error de comunicación. Ante el riesgo de no encontrar ninguna solución para que Aina pudiera estar en la serie, en paralelo se activó un proceso de casting alternativo. Se le iba a comunicar a Aina enseguida, pero una tercera persona se nos adelantó. Fue una cuestión de horas. Tanto yo como el productor de la serie le pedimos disculpas en su momento, por teléfono y en persona. Aprovecho para volver a hacerlo, esta vez públicamente. Entiendo la tristeza que esta noticia le causó y me hago cargo de su decepción.

Se han tomado muchas decisiones feministas en esta serie, tanto a nivel de contenido como en la composición del equipo. Lamento mucho que en este caso no lográsemos, pese a intentarlo, una solución ideal para todas las implicadas. Darnos cuenta de que no podíamos contar con Aina para interpretar el papel de Cris fue algo difícil de asumir para mí y para el equipo.

En este equipo, donde somos una gran mayoría de mujeres, tenemos claro que no se puede discriminar a ninguna mujer por una cuestión de género y/o embarazo. En España se producen muchos despidos por este motivo y es una injusticia social muy grave.

En esta producción ha habido cinco mujeres embarazadas. Dos de ellas son actrices que aparecen en la serie estando embarazadas de cinco y ocho meses. Otras dos de estas cinco mujeres fueron contratadas estando su embarazo ya avanzado, sabiendo que tendrían a su bebé en mitad de la producción y asumiendo la contratación de otras dos personas para sustituirlas. El sobrecoste que ello implicaba no fue nunca un problema, faltaría más. Y cuando alguna de ellas lo necesitó puntualmente, cambiamos horarios y nos adaptamos. No pretendo mostrar esto como un acto heroico, lo vivimos en su día con absoluta normalidad, pero lamentablemente no sucede así siempre.

Por último creo, que podemos ver todo esto como una oportunidad para hacer una reflexión colectiva, constructiva, rigurosa y valiente entre profesionales del sector sobre como la maternidad afecta a todas las mujeres de la industria, no solo a las actrices, que en la mayoría de los casos no tienen contratos fijos y son contratadas de forma temporal y que por lo tanto se encuentran en una situación de vulnerabilidad. También valorando la especificidad de las actrices, donde la vulnerabilidad se agrava dado que nuestro cuerpo es nuestra herramienta de trabajo, así como abrir un diálogo con las aseguradoras respecto a las dificultades de asegurar actrices embarazadas.

Podemos abrazar estas reflexiones en los foros adecuados, junto con asociaciones como Cima, Dones Visuals, el Sindicato de Actores, el sindicato Tace, Proa, la Unión de Cineastas, etc.. y decidir colectivamente hacia dónde queremos caminar.

Atentamente,

Leticia Dolera.

El tamaño sí importa

Me gusta mucho comprobar que a mi alrededor son cada vez más personas las que viven con las gafas moradas puestas. Quiere esto decir que estamos mirando la vida con los ojos alerta ante la desigualdad, que no pasamos por alto las situaciones discriminatorias y que alzamos la voz cuando vemos algo que nos chirría. Lo digo porque cada día me llegan denuncias de titulares en prensa, imágenes publicitarias, diferencias en empresas, etc, etc, etc. Son denuncias que lanzan hombres y mujeres comprometidos/as y militantes, como yo, del feminismo, es decir, de la igualdad entre sexos.

Ayer fueron varias las personas que me enviaron una doble fotografía con la imagen de las y los ganadores del trofeo Teresa Herrera de fútbol. Las dos categorías, la masculina y la femenina, las ganó el Athletic de Bilbao, pero recibieron premios diferentes. Ellos, una enorme Torre de Hércules que está considerado uno de los trofeos más grandes del mundo. Para ellas otra Torre de Hércules pero 50 centímetros más pequeña.

¿Qué mueve a un Club a no equiparar los tamaños de los trofeos para no dar lugar a situaciones de desigualdad? Posiblemente no lo hagan con intención de establecer diferencias, pero lo hacen. Puede que la falta de personas en su directiva que vivan con las gafas moradas puestas o con cierta sensibilidad hacia la perspectiva de género sea el motivo de tan burda diferencia.

Las redes sociales han echado chispas con este asunto. En general, tanto hombres como mujeres han opinado que no hay razón para esta diferencia de tamaño pero también he leído muchos mensajes en los que se afirma que el fútbol femenino no genera los mismos ingresos que el masculino y que por tanto los premios han de ser acordes a su rentabilidad.

Opino que la repercusión del deporte femenino será mayor y más rentable cuanta más difusión le den los medios de comunicación. Hasta hace bien poco, las disciplinas femeninas pasaban absolutamente desapercibidas. Ha sido la labor de quienes estamos «dale que te pego» a la reivindicación la que nos ha llevado a ocupar algo más de espacio en la prensa, la radio y la televisión. Solo un poco más que hace unos años, de momento. Cuanto más se hable de nuestro trabajo más conocerá el público la existencia de mujeres en todos los deportes y mayor será su repercusión. Aumentará así el público y con ello, los ingresos publicitarios.

Mientras tanto, dejémonos de trofeos grandes y pequeños. El grande para ellos, los futbolistas. El pequeño para esas chicas que dan patadas al balón. Así no.

Y tampoco fomentamos la participación de las mujeres en otros deportes haciendo pruebas diferenciadas para ellas y para ellos. Es el caso de esta carrera a disputar en Llanos del Camello. Propone para ellos un recorrido de 6,4 kilómetros y para nosotras uno de 4,6. De locos.

 

La moda y los depredadores sexuales

ACLARACIÓN: Por error, en este post se citaba el nombre de un fotografo italiano y se enlazaba a un perfil de linkedin que nada tiene que ver con el fotografo denunciado. El error se produjo por coincidencia de nombre y apellido.  Pido disculpas por los daños que este error haya podido causar al aludido. El denunciado es un fotógrafo que trabaja en Milán y el enlazado es un profesional que trabaja en Valencia y que nada tiene que ver con los hechos.

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Zuriñe Aspiunza es una modelo profesional vasca. Anda todo el día con su maleta a vueltas, de Madrid a Barcelona, de Barcelona a París a Milán o donde haga falta. Lleva ya mucho tiempo en el mundo de la moda, tanto en pasarela como en sesiones de fotografía para publicidad, catálogos, etc.

El caso es que a lo largo de su carrera ha tenido oportunidad de ver cómo los depredadores sexuales campan a sus anchas y se aprovechan, en ocasiones, de la ilusión y las ganas de las jóvenes modelos para cruzar la raya, es decir, para intentar obtener favores sexuales a cambio de los que les prometen como una brillante carrera. Ha conocido situaciones de este tipo y ha visto como la mayoría de las chicas víctimas de esos desalmados se lo han guardado para ellas, no lo han denunciado por miedo, por vergüenza o por creer que su carrera terminaría en el momento de salir de una comisaria con la denuncia en la mano.

Esta semana ha sido la propia Zuriñe la que se ha convertido en agredida. Sucedió en su última visita a Milán para realizar un trabajo al que se sumó una sesión de fotografía con un fotógrafo italiano. Como tantas otras veces acudió a la cita sola. Nadie va acompañado por su pareja, su madre o cualquier otro familiar al trabajo. Una vez preparada la sesión, el agresor bajó la luz, pidió al resto del equipo que saliese de la sala y se abalanzó sobre la modelo intentando desnudarla y sometiéndola a tocamientos. Su intención no era parar en ningún caso. Tras unos segundos de parálisis, Zuriñe comenzó a gritar, salió de la habitación y contó lo sucedido a los y las compañeras del fotógrafo. Encontró apoyo, sí, pero también la insinuación por parte de los responsables de la agencia que la había contratado de que era mejor «dejarlo estar».

El siguiente paso, tras el estupor inicial, debía ser el que fue. Acudir a una comisaria de policía para denunciar los hechos y que el tal Marotta sea investigado y puesto a disposición judicial.

No fue fácil para Zuriñe dar el paso. Dudó, se lo pensó mucho antes de presentarse ante la policía. ¿Por qué? Precisamente por lo que les sucede a muchas mujeres que son víctimas de agresiones sexuales. Temor a que no te crean, sobre todo. No tienes ninguna señal, no hay ojo morado que demuestre que le han agredido ni hay muestras de abuso. Quienes recogen la denuncia te creen o no. No sabes si poner la denuncia servirá para algo o se quedará en un cajón y además te encuentras en un momento en el que te sientes especialmente vulnerable e impactada por lo ocurrido.

Afortunadamente Zuriñe superó todos esos pensamientos y decidió que su denuncia servirá seguramente para que otras chicas estén alerta en situaciones como esa y, sobre todo, para que el fotógrafo italiano sea conocido como lo que es, un depredador sexual.

La denuncia de los hechos ante la policía es el único arma del que disponemos para sacar a la luz situaciones tan asquerosas y desgraciadamente frecuentes, no solo en el mundo de la moda sino en todos los ámbitos. Si no lo hacemos público, si nos lo guardamos para nosotras mismas, permitiremos que los agresores se sientan libres e impunes para seguir actuando de esa manera.

Gracias a Zuriñe y a todas las mujeres que superan esa barrera, lógica y normal tras una agresión, y se plantan en una comisaria venciendo sus miedos y sus vergüenzas. Por el momento es el único camino que tenemos para erradicar esta lacra. Y no digo que tenemos otras vías pero que no os van a gustar porque me caería una multa como ya le ocurrió a la Presidenta de una asociación de mujeres que lo apuntó recientemente.

Ánimo y fuerza para todas las Zuriñes del mundo. Yo hoy me siento muy orgullosa del paso dado por mi sobrina.