Un comentario sobre “Bilbao desde Artxanda”

  1. Ese camino descendente desde la pista de patinaje de Artxanda hasta el barrio de Uribarri está impregnado en mi memoria de niño. Por él, brincando y sorteando algunos restos de chabolismo, bajábamos una decena de chavales de atuendo deportivo diverso a merendar a casa, tras haber disputado agotadores partidos en la campa del alemán o en algún otro descampado cercano a San Roke, donde un obús de la guerra atravesaba un magnifico árbol a los pies de la ermita.

    Artxanda era nuestro pueblo, un pueblo cercano e intimo, testigo de nuestras correrías infantiles.

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