Juguemos a las teorías, que es el ensayo de las decisiones de futuro a partir de una serie de datos y tendencias. Es lo que se hace en los consejos ejecutivos de las organizaciones y en las consultorías estratégicas. Centrados en Euskadi, ¿qué pasa con las relaciones entre el PNV y el PSE, que en otro tiempo constituían con su alianza el eje de la sociedad vasca? ¿Cómo se ha llegado a esta situación de desencuentro hasta la plena hostilidad? ¿Hasta qué punto esta ausencia de sintonía perjudica a ambas formaciones y al conjunto de la CAV? Anticipo mi opinión en el sentido de que la putrefacción de las relaciones entre nacionalistas y socialistas constituye un desastre en sí mismo y un perjuicio para todos.
– Hipótesis más favorable: para un país plural como el nuestro los acuerdos realmente transversales son imprescindibles.
– Hipótesis condicional: antes que un acuerdo transversal debe existir un equilibrio entre las fuerzas antagónicas. Siendo los poderes del Estado -legal, institucional, económico y de capacidad coercitiva- superiores a los de Euskadi, podría ser necesario un reequilibrio de fuerzas mediante un potente pacto abertzale nítidamente democrático.
El principio del problema es que el PSE no se ha descabalgado todavía de la reacción contra el Pacto de Lizarra, que data de 1998. Han trascurrido más de trece años y sigue todavía instalado en su actitud antinacionalista, aún después de que aquel acuerdo (bien intencionado, pero mal planteado) perdiera su virtualidad con la ruptura por ETA de la tregua en noviembre de 1999. Desde entonces, los socialistas han dedicado todas sus energías a la expulsión del PNV del poder como método de apaciguamiento soberanista. Fallaron en 2001 y 2005, pero lo consiguieron en 2009 mediante la alianza estratégica con el PP y previa ilegalización de la izquierda abertzale, producto de lo cual es el actual Gobierno vasco presidido por Patxi López con el apoyo imprescindible de Basagoiti y todo el entramado político, económico, mediático, sindical e institucional del Estado español. Y ahí siguen.
En este contexto, el nacionalismo percibe con dolor incontenible y profundo rechazo su aislamiento de un poder que por legitimidad de las urnas y deseo de la mayoría social le correspondería. ¿Cómo tener buenas relaciones o pactos con quien te ha arrebatado con malas artes la primacía institucional? El desencuentro entre nacionalistas y socialistas es, pues, irremediable en tanto el PSE mantenga sus alianzas con el PP para “desabertzalizar” Euskadi. No hay la menor posibilidad de un restablecimiento de las relaciones entre PNV y PSE, más allá de las reglas de cortesía y de que el PNV, para profundizar en las contradicciones de los socialistas vascos, negociara contradictoriamente determinadas ventajas puntuales con Zapatero, jefe del plan de castigo español al PNV.
López y su partido están presos de sus planes antinacionalistas y ahora, sin las coartadas de ETA o planes soberanistas, no pueden salir del laberinto en el que se han extraviado sin salida. A esto añaden que sus resultados electorales, tanto en locales como en generales, han sido los peores de su historia, con visos de empeoramiento a corto plazo.
El juego de las teorías dice en una de sus reglas que para salir de una situación pésima hay que llevarla hasta sus últimas consecuencias, hasta el enfrentamiento absoluto y su descomposición. En esta situación estamos. El combate continuará hasta que López caiga con su Gobierno. No habrá concesiones porque no va a tirar la toalla.
Asistimos a un cruento enfrentamiento entre los bloques en asuntos de más o menos importancia: Metro Bilbao, Cajas, EITB, Ley Municipal, euskera, educación, fiscalidad, paz… Y así van a seguir las cosas, hasta el total pudrimiento de las relaciones. Porque se mantiene el problema divisor (la estrategia antinacionalista) y porque el PSE ha optado por situar en el cuadrilátero a los más agresivos, fundamentalmente Pastor, Mendia, Arriola, Ares y ha marginado a los más moderados, Jauregui, Eguiguren, Prieto… Así las cosas, PNV y PSE están condenados al desentendimiento.
Pero, ¿qué acontecerá después del pudrimiento total de las relaciones PNV-PSE? ¿Es posible atisbar un acuerdo entre ambos tras las elecciones autonómicas?
Para que los contactos de convivencia y acuerdo entre los dos partidos sean posibles, una vez puesto fin al acuerdo antinacionalista PSE+PP y liquidados de la primera fila política López, Ares y Pastor, sería posible un acuerdo alternativo entre PNV y PSE si se dan las siguientes condiciones:
1. Que el PNV no pueda encontrar en Amaiur un acuerdo sobre bases realistas para el avance de la soberanía vasca, un pacto necesario y deseable que depende de la capacidad de la izquierda abertzale de no lanzarse a lo imposible.
2. Que el PSE acepte algún tipo de revisión del marco político vasco, aproximado a lo que fue la revisión del Estatuto planteada en su día por el Lehendakari Ibarretxe.
3. Que el PSE no se suicide con un pacto de gobierno con Amaiur.
4. Que el fracaso de los dos primeros puntos no proyecte al PNV a un acuerdo con el PP, poco deseable por la mayoría, pero no descartable en función de la evolución de Rajoy y Basagoiti o como última solución institucional.
Como, siguiendo el juego de las teorías, veo poco maduro a la izquierda abertzale para un pacto histórico y ponderado con el PNV, será necesario que el PSE comprenda y acepte la necesidad de renovar el “traje político vasco”, actualmente viejo y estrecho de costuras, y de emprender en Euskadi una nueva transición, hacia una relación confederal con el Estado español.
Entiendo que el acuerdo trasversal es lo más deseable para la próxima década, incluso más que el pacto abertzale PNV-Amaiur. Para eso, y una vez llevada hasta sus últimas consecuencias las relaciones PNV-PSE, será necesario que el PSE supere sus contracciones con España para avanzar hacia un acuerdo que supere el actual Estatuto, y que el PNV no tenga vértigo a dejar al margen, por ahora, a Amaiur.
Pero todo son teorías. Un juego ingenuo.



