Televisión para minorías

Nadie sabría decir el número de canales de televisión que puede ver en casa. ¿Más de 100, unos 300? La mayoría se limita a elegir entre media docena de cadenas generalistas. La tele es como un buffet de hotel: mucha cantidad y poca calidad, un engaño por la fascinación de la abundancia. Entre el sinfín de canales abundan los temáticos: religiosos, de historia, deportivos, de naturaleza, gastronómicos, infantiles, musicales (como la divina emisora francesa Mezzo), informativos, de coches, de terror, económicos y hasta fascistas, como El Toro TV. Son las cadenas raras para no tan pequeñas minorías.

Uno de estos sitios es Canal Historia, perteneciente al grupo internacional AMC, que a partir de mañana ofrece una serie documental sobre la II Guerra Mundial, en 20 episodios y presentada por Tom Hanks. Con la de mentiras que se han contado en forma de historia necesitamos activar filtros de escepticismo para que no sigan manipulándonos. Lo hemos visto todo sobre una guerra que mató a 50 millones de seres humanos y destruyó Europa bajo una tiranía que ahora resurge y promete futuras tragedias. Solo esperamos que esta nueva narrativa no sea un espectáculo de efectos especiales e inteligencia artificial.

También el Canal Historia tiene en emisión un curioso serial sobre la vida de los santos, como Juana de Arco, Juan Bautista, San Sebastián, Francisco de Asís y María Magdalena.  Lo relata Martin Scorsese, cuyos años libertinos y adicciones no le santificarían; pero desde su catolicismo inicial, que le llevó a ingresar en el seminario, creó películas memorables como La última tentación de Cristo y la jesuítica Silencio. Pues ha incluido a San Sebastián entre sus admirados mártires, podría haberse ocupado, de paso, de San Mamés, San Prudencio y por qué no de San Fermín.

JOSÉ RAMÓN BLÁZQUEZ

Cantada de Europa

Los expertos en geopolítica aseguran que Europa ha perdido el liderazgo y que frente a Estados Unidos y China, reunidos estos días en Beijing para repartirse el mundo, somos una potencia menor, carente de rumbo y fortaleza internacional. Lo dijo la presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, al percibir en la Unión “una crisis existencial”. Es mucho peor, señora: es su ocaso moral y democrático. El espectáculo de Eurovisión es buena muestra de ello. Traicionando los valores éticos que la dieron sentido, Europa ha permitido que Israel, un Estado genocida, haya participado en el Festival sin que importase para su exclusión la destrucción perpetrada en Gaza, donde han masacrado a miles de niños, mujeres y hombres inocentes.

¿Dónde han quedado la solidaridad y la decencia del viejo continente? ¿Por qué se premia a Israel pese a sus matanzas? ¿Qué tiene el gobierno judío para estar por encima de Rusia, expulsada tras su invasión de Ucrania? Solo España, Países Bajos, Irlanda, Eslovenia e Islandia se han apartado, en un valioso gesto simbólico, de la sangrienta compañía de Netanyahu. El peso de la culpabilidad alemana por el nazismo, la complicidad ideológica y seguramente el dinero han hecho posible el abominable circo de Viena. Los ejecutivos de Eurovisión, además de darse su anual juerga prostibularia, han escrito una de las peores páginas de Europa al rendirse ante los destacados discípulos de Hitler en el arte de asesinar en masa.

Lo de menos es si hay razón artística para la continuidad del estrambótico Festival, que cuenta con un fervoroso público. Lo esencial es si su indecencia es motivo suficiente para que descienda por las letrinas. Acaso su final nos evitaría nuevas vergüenzas y daría muestra de que Europa reacciona contra su decadencia.

JOSÉ RAMÓN BLÁZQUEZ

El cuitado fiscal

 Hacer más de dos preguntas en una conversación se considera interrogatorio. ¿Cómo puede el género de la entrevista superar ese límite? Para que exista diálogo (arte mayor de la civilización) se necesita elevar el cuestionario a categoría informativa creando un interés público. La entrevista de Jordi Évole, en LaSexta, a quien fuera Fiscal General del Estado, Álvaro García Ortiz, alcanzó ese punto, pero a costa de demasiadas preguntas y de poner en evidencia las carencias comunicativas del personaje, hombre bueno y con estampa de cuitado, sobrio y emocionalmente contenido. La entrevista descubrió a la víctima de un doble castigo: del lawfare y del brujo de los bulos, Miguel Ángel Rodríguez, el mismo que mueve el circo de Ayuso.

Antes de la emisión de la entrevista el director de un periódico de Madrid escribía: “García Ortiz buscará la absolución sentimental de la audiencia de Évole”, una profecía malévola e incumplida que da idea de la toxicidad acumulada por el neofranquismo. No, García Ortiz no salió bien parado, porque su exposición fue excesiva y no estaba preparado para tantas preguntas, a las que respondió sin brillo, y para tantos silencios, a los que tuvo que recurrir en su paradójica corrección institucional. La cámara captó su tristeza, incomodidad y acaso su resignación de que para cuando pueda ser rehabilitado a nadie le importará su inocencia.

Se parece al caso de Dolores Vázquez, aquella mujer a quien en 2001 el populacho, un jurado piojoso y la telebasura condenaron por un asesinato que, después 519 días en la cárcel, se demostró no ser autora y que el Gobierno homenajea tardíamente pero no indemniza. ¿Quién la recuerda hoy si la mataron civilmente? ¿Quién se acordará de un fiscal honesto cuando Feijóo y Abascal gobiernen España en comandita?

JOSÉ RAMON BLÁZQUEZ

El mito que mata

Televisión de lujo, pero televisión angustiosa. En 2023 fue Generación porno; al año siguiente, Generación click; en 2025 llegó Genderless y este año, Generación cannabis: series documentales de alto valor social que abordan las graves amenazas para nuestros jóvenes. Naturalmente, son los canales públicos los que abordan esta tarea, mientras los medios privados se entretienen con sus espectáculos y neofascismos, porque la realidad no les sale rentable. La alianza entre ETB y RTVE, con producción de Shine Iberia, ha hecho posible estos magníficos espacios que informan y educan sin alarmismo.

Los dos capítulos de Generación cannabis dejan mensajes útiles para que la conciencia ciudadana se remueva y actúe. Tenemos un conflicto brutal con el consumo de los derivados del cannabis (marihuana y hachís) que están destrozando a una parte de nuestros chicas y chicos, mientras la sociedad, por ignorancia y falsos mitos, le atribuye un valor festivo e inocuo. Los están envenenando entre las mafias y el modelo de diversión, mientras la Ertzaintza se muestra pesimista. Los psicólogos advierten de los tremendos daños cerebrales causados por el porro. Las esquizofrenias, la disminución intelectual y los brotes psicóticos están entre los males de su adicción, sin contar los dramas emocionales. El enemigo se nos ha colado en casa.

Hay esperanza, afirma el documental. Tenemos la misión de desmantelar la siniestra tolerancia hacia el porro y aclarar que su adicción tiene remedio, así como sus secuelas. Y queda la prevención y combatir a las mafias. Llevará tiempo, como con el tabaco que, tras asfixiar y matar a millones de personas, sigue vendiéndose libremente y rindiendo grandes impuestos. Generación cannabis alerta de que con el porro llevamos muchas verdades de retraso. 

JOSÉ RAMÓN BLÁZQUEZ

Está que arde

Hay guerras cruentas, como las que Trump, Netanyahu y Putin destruyen personas y países. Y hay guerras incruentas, necesarias, que enfrentan ideas y valores de signo contrario en una disputa sobre el mundo. Es la batalla cultural, cuyo escenario es, entre otros, la tele. Conservadores contra progresistas. ¡Es la guerra! Y van a por todas, aprovechando nuestra actitud pasiva frente a la pantalla. Y en medio, los escépticos, que amamos el gran mosaico de la diversidad y no dos únicas opciones, los románticos, razonablemente transversales.

Los bandos de la batalla cultural los forman, por un lado, TVE, La Sexta, ETB y TV3; y por otro, Antena 3, Cuatro, Telecinco, Trece y El Toro TV. La pugna ideológica aparece entreverada con la información, porque es electoral; pero también con el entretenimiento, donde es más eficaz. El nuevo espacio de Marc Giró, bajo el ocurrente título de Cara al Show, junto con el de Henar Álvarez, Al cielo con ella, que ha subido a La 1, así como La Revuelta, son instrumentos útiles para el feminismo, el colectivo LGTBI y la democracia contra posiciones ultras, atrincheradas en El HormigueroHorizonte y Ana Rosa.

Es tan simple el ideario conservador que atribuye a la película Los domingos, de Alauda Ruiz de Azua, y a las canciones de Rosalía el simbolismo de un resurgir espiritual. Y resulta cómico que este grupo tradicionalista tenga como predicadores a Tamara Falcó, Díaz Ayuso y Juan Manuel de Prada, émulo de Chesterton; y más arriba, la psiquiatra Rojas Estapé. La emigración, la educación, la memoria histórica, la religión, el clima y la familia son la artillería de esta guerra sin armas, pero con intransigencia. El fracaso del progresismo es la cultura woke, muy estética y poco sincera. Tengan cuidado con la tele, está que arde.

JOSÉ RAMÓN BLAZQUEZ