Parientes y parientas, a la tele

Arrimándose a los poderosos se lograba empleo, favores para los hijos y amparo para las amantes al precio de sumisión. En el Renacimiento se le llamó nepotismo y hemos transitado a la corrupción total, de arriba abajo. ¿De qué nos quejamos si esta práctica no ha parado de funcionar, también en televisión? El más antiguo es el de los Prats y todos se llaman Matías. El viejo franquista del fútbol y el Nodo fue el mito de varias generaciones atribuladas. Dio paso a su hijo que aún pone su engolada voz y su figura a los telediarios de Antena 3 los fines de semana. Y en tercera generación, el nieto hace información deportiva en Telecinco. Dios nos libre de que esta saga se perpetúe, como ocurre en Corea del Norte.

Por igual motivo Karlos Argiñano hace televisión familiar. De su familia, claro. Y si tener colocado en ETB a su hijo Joseba le parecía poco, ha obtenido de Antena 3 que sea el relevo en sus fogones. De Karlos a Joseba, como en las monarquías, ya tenemos heredero. Nuria Roca emplea en La Sexta a su marido, el escritor Juan del Val, como tertuliano y, para que todo quede en casa, ambos comparten horas de gloria en el fangal de El Hormiguero.

Otra dupla castiza la forman Iker Jiménez y Carmen Porter. ¿Cómo podría el gasteiztarra dejar sola a su parienta mientras avistaba fantasmas? Y la puso en nómina en Cuarto Milenio y la pocilga de Horizonte, del tálamo al tajo. Parecido es el caso de García Ferreras y Ana Pastor, los Ceaucescu de la tele. La cumbre del nepotismo la alcanzan las Campos por legado de María Teresa a sus hijas Terelu y Carmen y ahora a su nietísima Alejandra. Esta es la degradación española, privilegiar a la parentela sin mérito y así que el país lo desgobierne una factoría de delincuentes y, próximamente, la mafia neofranquista PP-Vox.

JOSÉ RAMÓN BLÁZQUEZ

Lolitas y lolitos

Que el destino nos libre de pleitos y querellas. Es la terrible pesadilla de un país donde la justicia es el servicio público peor valorado por la ciudadanía a causa de su parsimonia y politización, por kafkiana. Y si entre peinados, marchenas y con Aldama de santo patrón, no hay manera de confiar en la rectitud de los tribunales, vayamos a la justicia narrativa, esa que proviene de libros, series y audiovisuales en los que se desvela la verdad que se ocultó en los juzgados. Lean para ilustrarse “Bajo las togas. Errores judiciales y otras infamias”, de Carlos Castresana. Es la justicia española.

El caso Epstein es la pura ignominia, con su trama de superricos cometiendo abusos sobre chicas vulnerables y menores. En su orgía estuvieron Gates, Clinton, Andrés de Inglaterra y, por supuesto, Trump, que busca salir impune de esta historia macabra. Lo han contado con detalle las plataformas globales. Es la justicia digital. También lo es el reciente documental de Netflix, Michael Jackson, el veredicto, sobre el juicio al rey del pop en 2005. A pesar de las pruebas abrumadoras de las atrocidades sexuales cometidas sobre Gavin Arvizo, de 12 años, el cantante salió “no culpable” aunque no inocente. Ese monstruo mostraba pornografía a los críos, les daba alcohol, les metía en su cama, les masturbaba y les hacía sexo oral. Los que no le denunciaron recibieron millones por su silencio. Murió cuatro años después. Es la justicia americana.

Los que nunca leyeron Lolita, de Nabokov, pero vieron sus adaptaciones al cine, creen que la niña de 12 años (“nínfula”, en palabra del autor) incitaba a Humbert Humbert, su padrastro, 30 años mayor que ella, sumándose así al orfeón de los canallas que sostienen que la pederastia es culpa de lolitas y lolitos. Es una justicia de locos.

JOSÉ RAMÓN BLÁZQUEZ

Tostones de verano

Verano, estío y hastío. Y rebajas, algo así como una época de indolencia y dolce far niente. En la televisión es aún peor. Como la gente desconecta, las audiencias bajan más del 30% y las cadenas se dedican al relleno, reposiciones y subproductos de mercadillo. Si Apple TV estrena ahora un remake de El cabo del miedo, con Javier Barden, y Steven Spielberg pone en la gran pantalla su nueva película, El día de la revelación, hemos de sospechar, por lógica del marketing audiovisual, que son creaciones menores, de tanga y chiringuito. Así se entiende la llegada de programas con presentadores jubilados. A Iñaki Gabilondo le dan ocupación en La 2 con un ladrillo monumental, La gran aventura de la lengua española, fuera de todo contenido informativo. Y a Mercedes Milá le han obsequiado un espacio de marchitas entrevistas, Me meto en un jardín, como del siglo pasado. Apenas uno y otra alcanzan el 3% de seguimiento.

Cosa distinta es El perro andaluz, que resuena a surrealismo de Buñuel y Dalí, con el que ha debutado en La 1 Manu Sánchez, famoso en Andalucía, pero desconocido en general. Tiene mucho de desmesura el sevillano, como en todos los corazones reivindicativos y afanes de justicia tardía. Peca de militancia zurda y ruido; pero su éxito es superar a El Hormiguero en el que se retuerce la peor España.

Será un trimestre de bazar. Con Ion Aramendi y su periplo festivo en un formato más viejo que la tos. Y con Paz Padilla y su irrelevante show de fin de semana. Entre tantos productos descongelados nada puede ser tan cutre que Cuatro con Horizonte, a cargo de un perito en ovnis y fantasmas que reúne a periodistas ultras y un psiquiatra facha para hablar de política y en esa orgía homenajear a Trump, su héroe, octogenario. Al borde del delito de lesa televisión.

JOSÉ RAMÓN BLÁZQUEZ

La tregua posible

España, crispada e incurablemente cainita, ha entrado en fase de tregua y así permanecerá tres meses, gracias a la visita del Papa, el Mundial de fútbol y las vacaciones de verano. Bendita sea. Es una paradoja que haya sido La 1, obligada a ser neutral por la aconfesionalidad del Estado, la que mayor cobertura ha ofrecido, quizás porque los mensajes de León XIV cargaban contra la “prioridad nacional” neofranquista y ensalzaban el multilateralismo. TVE nos mostró a una multitud de inmigrantes latinos, trabajadores explotados, que constituyen “la reserva espiritual” de un país poscristiano. Por contraste, veíamos en Madrid a muchos chicos y chicas exhibiendo su estética pija al grito de “esta es la juventud del Papa”, un lema excluyente que parece fusionar un febril catolicismo con la militancia en Nuevas Generaciones. Una vez más, Barcelona lo arregló con el impresionante espectáculo de la Sagrada Familia.

¿Quién iba a decirnos que el fútbol nos daría un respiro en la polarización? Ocurrirá hasta el 19 de julio, con la gran final. Y mientras, TVE emite 33 partidos en directo y DAZN, previo pago, sirve a los adictos los 104 encuentros del torneo, lo que hace imposible que la bronca partidista pueda continuar su intoxicación. Los líderes del PP y Vox se encomiendan a la Virgen del Pilar y a Santiago, sus patrióticos ídolos, para que la selección estatal no quede campeona, en la creencia de que el éxito deportivo favorece a Pedro Sánchez y perjudica a ultras y peperos. 

Euskadi seguirá libre de las hipertensiones del Estado, salvo que aparezca por aquí Miguel Tellado, insultador mayor del PP, y Ayuso vomite sus exabruptos. Pero, ¡ay!, llegan las fiestas y en su desmesura nos perderemos el respeto y los perpetuos activistas del conflicto arruinarán la convivencia. 

JOSÉ RAMÓN BLÁZQUEZ

El hombre que mató la televisión pública

Parece que España tendrá su Sarkozy y quizás veamos al expresidente Zapatero entrar en la cárcel como un delincuente. Más lo mereció otro ex, Felipe González, pero quedó a las puertas de la prisión de Guadalajara acompañando a su ministro Barrionuevo, condenado por terrorismo de Estado. Por la vagancia judicial, el insólito proceso a ZP se demorará muchos años. Sin embargo, la historia que importa es otra. El dirigente socialista fue responsable en 2010 de la Ley General de la Comunicación Audiovisual con la que se suprimió la publicidad de TVE, un montante de 500 millones de euros anuales, para regalársela a las cadenas privadas. ¿Cómo es que ahora en Atresmedia y Mediaset, sus beneficiarios, le atacan sin piedad? La operación dejó muchas dudas sobre su limpieza.

            El resultado fue la devastadora descapitalización del Ente estatal y la expulsión de miles de profesionales de considerable trayectoria. En el sector publicitario los anunciantes perdieron el soporte con mejor target comercial. Desde entonces, los canales de TVE han vagado como zombis, sin identidad ni capacidad de equilibrio en información y opinión, lo que ha permitido a Antena 3, libre de un eficaz contrapeso democrático, desparramar su influencia neofranquista y aniquilar el pluralismo. Quince años después, TVE sigue en la debilidad provocada por el leonés, aunque ha recuperado un poco el pulso mitigando su desigualdad con los canales privados.

            No fue la única bajeza de ZP, como su infantil negación de la crisis económica que retrasó la recuperación. Y qué decir de su impulso al pacto rojigualdo PSOE-PP en 2009, la mayor vergüenza política vista en Euskadi y que humilló a propios y extraños. Si al final cae, le acompañará en su derrumbe la memoria de los terribles destrozos causados. 

JOSÉ RAMÓN BLÁZQUEZ