Un fracaso bien ganado

Dos años y medio lleva Antena 3 liderando las audiencias en el Estado. Estar en cabeza tiene su importancia, por su atracción publicitaria, valor bursátil, rentabilidad y por ese oscuro y codiciado poder de la influencia social. El reparto de las preferencias de los espectadores (43 millones de personas) es más compleja que la foto de la clasificación general. Uno de los datos más relevantes de abril es el monumental fracaso de Antena 3 en Euskadi, donde es la cuarta opción tras Telecinco, TVE y ETB2, en contraste con la mayoría de las comunidades autónomas, en las que se impone. Asturias y Catalunya la dejan en segundo lugar. ¿Se han parado a pensar los dirigentes de Atresmedia por qué los vascos rechazan su canal de cabecera, hecho objetivo y no casual?

En mi opinión, la agresividad de sus informativos, fervorosos del PP y su alianza con la ultraderecha, crean una profunda antipatía sobre la marca y su oferta. Lo que impugnan los espectadores vascos es el explícito desprecio que los comunicadores de Antena 3, particularmente Vicente Vallés, muestran hacia ideas políticas distintas a las suyas, junto a la malévola confusión entre información y opinión. Al final, Vallés, Motos y Griso son percibidos como activistas de la polarización y oficiantes del odio entre ciudadanos, lo que arruina su programación de entretenimiento, de variados concursos y culebrones.

Corresponde discutir por qué ETB no es aquí la emisora favorita, como ocurre en Catalunya con TV3. Culpar a la realidad sociolingüística, que fragmenta la audiencia, sería engañarse y no aceptar la insuficiencia de nuestra cadena pública, superada por Telecinco y TVE. Con los recursos disponibles y casi mil profesionales en plantilla se podría hacer bastante más que ganar a la tele líder en España.

JOSÉ RAMÓN BLÁZQUEZ

Padres que matan

Los muertos mal enterrados resucitan como fantasmas en libros, películas y series. Asunta, de 12 años, es uno de ellos, asesinada por sus padres adoptivos sin un móvil claro y con muchas dudas. Para todos, Rosario Porto y Alfonso Basterra eran unos monstruos; también para el jurado que, emocionalmente condicionado, los condenó a 18 años de cárcel. El caso Asunta, de Netflix, penetra a fondo en el suceso de 2013 con todos los riesgos de la ficción. Ramón Campos ha creado un relato soberbio y sirve al espectador las tres hipótesis del filicidio y sus errores, para concluir que la madre, que se suicidó en 2020, se llevó el secreto a la tumba y que el exmarido jamás revelará.

La primera conjetura es que la oscura y frágil Rosario urdió el asesinato porque la chica, superdotada, la superaba. La segunda teoría es que el periodista Basterra, lejos de la caricatura divulgada de varón cuitado y calzonazos, tuvo la iniciativa con el fin de recuperar a su pareja y el estatus económico que esta le proporcionaba. Y el último supuesto es que hubo un tercer autor, a quien se eludió investigar. La trama nos sitúa ante un juez instructor prevaricador y el blanqueo de la Guardia Civil, además de la penosa actuación mediática al servicio de un juicio paralelo.

Hubiera sido una pieza perfecta si a Candela Peña, por un falso realismo, no la hubieran forzado a declamar con un exagerado acento gallego. ¡Menos mal que al bilbaíno Basterra, encarnado por Tristán Ulloa, no le impusieron un tonillo vasco a lo Txomin del Regato! El caso Asunta es una tragedia moderna con todos los ingredientes clásicos y ese patético corolario de la promesa de Alfonso de cumplir íntegra su pena, hasta 2031, como símbolo de su inocencia. Trágico y misterioso todo, con más incógnitas que certezas.

JOSÉ RAMÓN BLÁZQUEZ

La burla inaceptable

El humor tiene sus límites, como todo; pero, ¿dónde están? En el respeto a la dignidad de las personas y sus derechos inalienables. Sí, la frontera es difusa y se mueve en cada época, de lo que se deduce su dispar discernimiento. Wyoming, el chistoso de la izquierda en La Sexta, cree que no hay más límites que los que los que le imponen sus patrones de Atresmedia. Y así, bufoneando, hace El Intermedio con resultados estables en audiencia, en torno al 8% y un millón de espectadores. Y va para 18 años. La jugada maestra del cómico es saltarse la frontera del respeto de vez en cuando para seguir como siempre, con algún tirón de orejas de los jefes y la promesa de ser bueno en adelante. Es su perfil de cínico, el rojo rico y el todo vale.

Al final de la pasada campaña vasca el cómico emitió uno de sus vídeos manipulados en el que Imanol Pradales, al poco de ser agredido con un spray de gas pimienta tras un mitin en Barakaldo, se mostraba con un parche en su ojo izquierdo sobre imágenes del debate de ETB. ¡Ni puñetera gracia que tiene hacer chanza de un atentado! Tan poca y tan vil como de cualquier otro acto de violencia en una sociedad que ha sufrido en sus entrañas los estragos del terrorismo. Maldito el sucio ingenio del payaso de la tele. No pueden frivolizarse los ataques a la integridad de las personas y convertirlos en hechos burlescos; pero le sale gratis.

Dudo que Wyoming se disculpe por trivializar el atentado sufrido por el próximo lehendakari; pero podía hacerlo Atresmedia si albergase algo de nobleza. Al fin y al cabo, el diseño de la corporación es igual de cínico: hace una televisión muy de derechas en Antena 3 y la contraria, de izquierdas, en La Sexta, con gente de la cloaca como Ferreras y el decadente Monzón Wyoming. Maldita la gracia.

JOSÉ RAMÓN BLÁZQUEZ

Poder duro, poder blando

Como los turrones de toda la vida, hay dos tipos de poder: el duro y el blando. El poder duro es imperativo, sin contemplaciones, a golpe de ley y bajo sanción. Y el poder blando es sinuoso, emocional y persuasivo para llevarte al huerto. De este soft power trata el nuevo espacio de Silvia Intxaurrondo, Geópolis, en La 2 de TVE, que recupera a la santurtziarra para la información tras el fiasco de El mejor de la Historia. Dicen que Geópolis es un programa transmedia por su origen podcast (audio a demanda) y su traslado a la pantalla. ¿Y cómo se denomina el tránsito de una novela u obra de teatro al cine? ¿Transgénero? Son ganas de obnubilar con palabritas, porque los géneros puros fallecieron hace siglos.

En la primera entrega cuentan los secretos del poder de la cosmética y sus tácticas de engaño para una belleza ficticia que compense la baja autoestima. La argumentación se sintetiza en media hora, con lo que pierde profundidad para ganar en agilidad. Tratarán los entresijos de Eurovisión, las redes sociales y la gastronomía diplomática. Sería preferible que se ocuparan de Gates y su Fundación de tramposa filantropía para sus propósitos monopolísticos, como denuncia el periodista Tim Schwab en El problema de Bill Gates, de ineludible lectura. Es lo que hay: la mentira es fácil de creer, mientras la verdad es difícil de entender.

A Silvia la han escarnecido con mentiras en El Mundo y otros medios ultras tras poner en evidencia pública a Feijóo por sus falsos datos sobre la subida de las pensiones. Hace unos días plantó cara a la embajadora de Israel por el genocidio de Gaza. La derecha española imita a la mafia en la pericia de la vendetta. No conocen bien a esta mujer, cordial como ninguna, pero profesional sin miedo. Cómo la echamos de menos en ETB.

JOSÉ RAMÓN BLÁZQUEZ

No es la tele: es la guerra

“Bronca por Broncano”: este es el chiste fácil a cuenta del azaroso fichaje del humorista David Broncano por TVE que ha provocado otra trifulca política en España, sin remedio como país de trincheras. ¿Es cierto que la contratación del comediante tiene el propósito de hacerle competir con El Hormiguero de Pablo Motos? Pues no saben bien en qué aventura se han metido. Mientras Motos, 60 años, de escasa formación y ultraderechizado, hace entretenimiento simple y al borde de la telebasura, con colaboradores de bajo nivel -Tamara Falcó entre ellos-, La Resistencia de Broncano, 40 años, es un late night de humor agudo, diálogos impertinentes con invitados ilustres y sketches gamberros. Es muy improbable que el público de lo banal vaya a trasladarse a un formato exigente. Broncano es un Buenafuente evolucionado, producto de tele de pago y no en abierto, para minorías. Broncano es ingenioso; Motos, vulgar.

El Hormiguero, fatigado por la rutina y maltrecho por su sectarismo, ha perdido un 20% de audiencia; pero mantiene la primacía en su franja horaria. La cuestión es que el PP y los canales privados son enemigos de la radiotelevisión pública. Aznar reconoció hace poco que se planteó su privatización. Atresmedia tiene a los consejeros del PP para proteger sus intereses en RTVE y siente el fichaje de Broncano como amenaza. Porque su vocación es el negocio y, a la vez, sojuzgar al espectador inclinándole a la derecha.

Si hasta la exaltada Ayuso critica el contrato, algo de razón debe tener RTVE. Por su conciencia pública, su oferta cultural y sin la presión de la publicidad, la tele estatal es la opción de confianza de un amplio sector social, muy transversal. No tendría que haber entrado en esta guerra de señoritos del show. La pública está por encima de la privada, por todo. 

JOSÉ RAMÓN BLÁZQUEZ