En Euskadi no tenemos un Museo de la Tortura

En un idílico pueblo de la Toscana descubrí su Museo de la Tortura. Extraña exposición en un entorno romántico. Allí mostraban técnicas y utensilios que los verdugos usaron durante siglos para destruir a los rebeldes y matar con delectación a los impíos. Si el suplicio fuera un asunto traspapelado de la historia ETB no le habría dedicado en 360º una hora de testimonios desgarradores de quienes lo sufrieron, ni casi 300.000 vascos se hubieran interesado por el programa de Eider Hurtado, uno de los mejores reportajes de este año. Son más de 4.000 los casos de maltrato físico, psicológico y sexual infringido por policías en nombre de la ley. Tan cierto como que aquí unos pocos justificaron el terrorismo es que allí otros muchos fueron indiferentes a que a los detenidos se les machacara convenientemente. Este es nuestro museo de los horrores.

Por alguna razón ETB decidió desdoblar 360º en dos versiones, una para el viernes, que han apellidado Tú decides, con Arantza Ruiz y la participación de 50 ciudadanos; y otra para el domingo, bajo la fórmula de periodismo de investigación, un género esporádico en Euskadi más por pusilanimidad que por falta de secretos. ¿A qué esperan para hurgar en los archivos de las diócesis vascas y redimir del silencio a las innumerables víctimas de la pederastia? En la era de la posverdad necesitamos como nunca la pura y balsámica verdad.

La última imagen del documental sobre las torturas fue también la primera del dedicado ayer a “impunes y condecorados”: la reportera captó al ex general Galindo saliendo de su domicilio como un respetable pensionista; pero este anciano libre fue condenado a 70 años de cárcel como causante del secuestro y martirio de los jóvenes Lasa y Zabala. Es el símbolo ignominioso de un país que exime a sus criminales. ¡Ay, España, también esto es el relato!

Juicio final a Catalunya

Mientras en Euskadi no ha existido estos días otra televisión que no fuera MTV con sus conciertos, estrellas y premios haciendo a Bilbao aún más capital del mundo, en el Estado se repetía la historia del odio perfectamente retransmitida por todos los canales, con meta volante en Altsasu. Un país incapaz de enmendar la cobardía de tener enterrado durante décadas y en lugar relevante a su último tirano y que prepara un aquelarre judicial              -llámelo venganza para ser exactos- contra quienes, en Catalunya, se atrevieron a rebasar la línea de la libertad permitida, no puede albergar expectativa de dignidad y autoestima. Ni siquiera se tolera la válvula de escape de la risa, pese a los honrosos intentos de Wyoming y Buenafuente.

El humorista Dani Mateo se la ha tenido que envainar tras soplarse la nariz con la bandera rojigualda en un sketch, lo mismo que la plataforma RTVE Playz por un tuit sobre la cursi intervención de Leonor, hija del rey español, en un acto conmemorativo de la Constitución. El anunciante de El Intermedio, de La Sexta, ha retirado su patrocinio y Rosa María Mateo, la jefa del Ente estatal, ha pedido disculpas. ¿De qué tendrían que excusarse? ¿De mofarse festivamente de lo divino y lo terrenal? ¿De representar mediante parodias el hartazgo social por las miserias de la autoridad?

Me imagino al Tribunal Supremo -que hoy nos puede helar el corazón y alegrárselo a la banca- haciendo los preparativos del escarmiento contra Catalunya. ¿Cómo será la emisión del proceso al procés de lunes a jueves, mañana y tarde, durante meses? ¿Creará Ferreras un espacio de 24 horas al modo Gran Hermano? Es todo tan absurdo que el mundo tendrá ante sus ojos otro Juicio de Burgos a 18 demócratas inocentes, como entonces a 17 antifascistas. Sí, románticos, discrepantes, catalanes, vascos… estamos prohibidos.

 

Mentiras sobre Bilbao

¿Qué le ocurre a La Sexta con Bilbao? ¿Qué fijación le impulsa a presentarnos como ciudad peligrosa? En vísperas de la Gala mundial de MTV, sus informativos han vuelto a exagerar (el argumento de los frívolos) un incidente de delincuencia de menor cuantía. La historia comenzó el pasado 5 de octubre. A la hora en que las aficiones del Athletic y la Real se daban cita en San Mamés para presenciar el derbi, Gloria Serra desataba su obsesión contra la capital vizcaína con un reportaje demencial en Equipo de Investigación. A partir de algunos hechos ciertos pero codificados en modo bellaquería, Bilbao fue escarnecida con una imagen negra que no se compadece con los datos objetivos de seguridad.

Fue alucinante. Para dibujar un panorama apocalíptico convocaron a un periodista de El Español y tomaron imágenes del Diario Digital de Getxo, ambos de ultraderecha, además de al director local de El Mundo, que también amarillea. Había que ver a uno de ellos, cual general Patton, desplegando un mapa de Bilbao con los nombres de las escuadras enemigas situadas sobre los barrios. Qué escena. Patética como la sexta (de Tchaikovski). Esto huele tan mal que nos retrotrae a lo que en su día denunciara el lehendakari Ardanza. Por entonces una multinacional iba a realizar una fuerte operación industrial en el Estado y dudaba en ubicarla en Catalunya o Euskadi. El entonces Molt Honorable Jordi Pujol, hoy presunto corrupto, alentó a la prensa que controlaba a exagerar hasta lo indecible las acciones de violencia que sucedían aquí. La inversión se fue a tierras catalanas. ¿Disputa hoy Bilbao con Madrid algún evento u contrato importante? ¿De eso se trata, otra vez?

¡Ay, compañeros de La Sexta, qué papelón! El mundo es imperfecto y difícil; pero recuerden el endecasílabo de Unamuno: “el mundo entero es un Bilbao más grande”.

 

Maltrato nutricional a los mayores

Alberto Chicote es un crack y la ha vuelto a armar con su nuevo programa en La Sexta, ¿Te lo vas a comer?, que no solo conmovió a 2,2 millones de espectadores, sino que también superó al líder indiscutible de los miércoles, la serie médica The Good Doctor. No todos los días la cuarta cadena en audiencia derrota a la primera, algo así como que el Eibar le gane por méritos al Barça. ¿Qué hizo el cocinero para alcanzar semejante proeza? Fue a tocar en fibra sensible, el trato dispensado a las personas mayores en las más 5.000 residencias del Estado. Y lo hizo con criterio y valentía, porque no se limitó a poner de manifiesto el maltrato -sí, maltrato nutricional- que sufren los ancianos y tuvo la decencia profesional de mostrarnos un geriátrico de gestión ejemplar, en nombre de tantos que se desviven por el bienestar de los abuelos. No cayó en la generalización.

El espacio tuvo momentos épicos, como cuando Chicote fue perseguido por una turba de trabajadoras, con banda de música de cacerolas y pitos, hasta el ayuntamiento de una pequeña localidad de Salamanca. La imagen era surrealista, digna de Berlanga, de risa y espanto a la vez, y prueba evidente del atraso intelectual de una parte de España, la misma que se aferra con fervor a la momia de Franco. Allí zarandearon al presentador a instancias de la rufiana directora del centro en el que, literalmente, se mata de hambre a los ancianos.

Chicote es feo, gordo, bajito y viste estrafalario; pero es mi héroe. Se sale de lo convencional y se atreve con todo. El servicio público prestado con su denuncia de la desnutrición de nuestros viejos en ciertas instalaciones tendrá efectos preventivos y sanadores. Se le olvidó mencionar que lo que de verdad extermina a los mayores es la soledad. Un eterno minuto de silencio por la gente que se muere de tristeza.

Atentado en Bilbao

El 8 es el número de la suerte en la cultura china y en numerología significa poder. Está el feminista 8 de marzo y las exitosas películas 8 apellidos vascosy su secuela, 8 apellidos catalanes. Ahora, ha llegado la serie vascomadrileña La víctima número 8, compuesta de 8 capítulos y 8 horas de metraje. ETB prefirió el 10 de octubre y no el 8 para emitir el primer capítulo, que reunió a más de 200.000 espectadores entre quienes lo vieron al completo o en parte. No está mal para empezar un 13%, el doble que en Telemadrid y a la par que The Good Doctor. La historia es buena y la producción, modesta. Quiero decir que el guion (de los autores de Vis a vis) ha bordado un thriller intenso, pero le ha faltado presupuesto. La escena inicial, el atentado yihadista en pleno corazón del Casco Viejo bilbaíno, no tiene soporte en imágenes; y no por admiración a Chejov y su técnica de la acción indirecta, sino porque para representar la explosión de una furgoneta en un entorno urbano, con los efectos realistas a los que el cine nos tiene acostumbrados, son necesarios muchos medios.

Por fortuna no es un relato sobre el islamismo y se cuida de las emociones xenófobas que provoca. Aquí hay venganza, amor y avaricia, dolor. El título enfoca a los malvados y despeja la inocencia de Omar, el magrebí integrado y novio de la enfermera Edurne al que persigue la Ertzaintza dirigida por la comisaria Koro, embarazada, soltera y feminista. Es imperdonable el personaje del periodista freelance, enfermo y cínico, caricatura de la prensa vasca. Y quizás el protagonismo secundario de Adela González y algún tertuliano de ETB sea pura anécdota. Hay narrativa y eso es lo que importa. Hay una apuesta por la ficción propia que el próximo año nos traerá La Sala, otro serial de las cadenas autonómicas. Ningún país con imaginación se siente solo.