Una historia de España: los dos necios

Ya era bastante padecer durante cinco meses el espectáculo del frustrante desacuerdo de la izquierda española para gobernar unida, como para, además, soportar el goteo aburrido de los comentaristas de la tele. Según los tertulianos, la clave del fracaso es el relato, no un relato, no; más determinante todavía: el relato, la historia contada de quién es el culpable y quién el inocente, Sánchez o Iglesias. “Quién puso más, los dos se echan en cara / quién puso más, que incline la balanza / quién puso más calor, ternura, comprensión / quién puso más, quién puso más amor”, cantó tristemente Víctor Manuel para lamentarse de la dolorosa ruptura de unos amigos. De esta otra pareja no nace un solo verso, solo sátira e indignación.

Es asombroso el modo en que algunas palabras se transforman en virus y se propagan en los debates. ¿Y qué demonios es el relato, a juicio de la opinión televisada? Algo así como una verdad absoluta depositada en la conciencia colectiva, la fábula simple y emocional de una batalla que consagra la victoria de uno y la derrota de otro, un dogma de mercadillo de estilo Ana Rosa. Ya tuvimos por aquí, y aún colea, el relato lapidario que el Estado español y sus siervos mediáticos patrocinaban tras el fin de ETA sobre el conflicto en Euskadi y su derivada terrorista, una de cuyas falacias era establecer la responsabilidad de la gente (“miraban para otro lado”) para salvar la incapacidad de la clase dirigente en su solución y el uso carroñero de las víctimas.

Y con este sainete pimpinela de la izquierda nos vamos, salvo advenimiento de un milagro, a nuevas elecciones. ¿De verdad creen nuestros narcisistas líderes que alguien tiene interés en señalar al culpable? El relato, el puñetero relato, no es más que un cuento pueril titulado Los dos necios, secuela hispana de La conjura de los necios.

Menú de carroña para España

Entre las 370 medidas de Pedro Sánchez “para un gobierno progresista” no está la abolición de la telebasura. Y eso que es una prioridad pública. Nos habría evitado la última fechoría, cuando la manada de cuervos -y cuervas- de Telecinco, oliendo la sangre de Blanca Fernández Ochoa, decidieron que la historia trágica de esta campeona de la vida, mujer de sonrisa limpia en su eterna cara de niña, fuese su podrido banquete y el refocilo de las comadres en Sálvame, donde toda degradación e infamia tienen cabida. Y así fue que Carlota Corredera en los días de la búsqueda y Paz Padilla, de luto riguroso, el miércoles en que fue hallado el cadáver, dirigieron el aquelarre del ultraje, ante mortempost mortem, de la medallista olímpica.

            ¿Por qué una ex deportista de élite, completamente ajena al mundo de la farándula y el alcahueteo nacional, fue raptada y engullida como carroña en el basurero de la tele? ¿Qué mente retorcida tuvo la idea de elegir el drama de esta delicada señora para dar de comer a los miserables que se alimentan de estiércol cada tarde? El crimen cometido contra Blanca es de los peores en su especie y sus autores y cómplices van a quedar impunes. Y en él persistirán el tiempo que necesiten para encontrar detalles morbosos de la desaparición y muerte, todo para aportar más dolor a la familia y mejor sustento a la plebe.

            Y si con este espectáculo Telecinco añade un delito más a su periplo de bazofia, las demás cadenas se han pasado de la raya. Al igual que el dispositivo policial, la información ha sido desmesurada, en horas eternas y también maliciosa en el relato. Han hecho, en general, más daño que servicio y han soliviantado a la comunidad hasta el desbordamiento emocional. España es un país sin gobierno, literalmente: en funciones sus políticos y en defunciones sus televisiones.

El hombre que daba oportunidades

¡Que levante la mano el partido que no haya fichado a un personaje de la televisión! Digo más. ¡Que levante la mano el que no haya nombrado a alguien sin formación académica para un cargo público! Así que no veo motivo para escandalizarse por la elección de Pedro García Aguado como director general de Juventud de la Comunidad de Madrid. En su currículum no hay licenciaturas ni másteres -algunos lo consiguieron haciendo trampas-, pero hay una exitosa carrera olímpica en el waterpolo y, lo que es más importante, una historia de superación personal contra las drogas tras un infierno de once años de adicción. Ay, amigo, eso vale más que un doctorado en Harvard. Este señor no tiene nada que ver con los borjamaris de Nuevas Generaciones del PP, de polo Lacoste y pulserita rojigualda.

            Aguado es de lo mejor que ha habido en la tele. Su espacio Hermano Mayor, de matriz francesa, tuvo una enorme relevancia social durante las once temporadas -otra vez once- que duró en Cuatro, con registros elevados. Tuvo la valentía de presentar con crudeza los conflictos derivados de conductas agresivas de adolescentes; pero acertó en un mensaje de oportunidad para los chicos y chicas sin salida. Algunos dijeron que aquello era una teatralización pactada. Pues no, no era Sálvame

            Ya político, García Aguado ha anticipado que se volcará en la prevención de las dependencias, incluida a las nuevas tecnologías. Veremos si le dejan, porque su problema es el PP, una formación de derechas que se funda en la ley del más fuerte, tan darwiniana. Depende de su presidenta, Isabel Díaz Ayuso, quien también llega con su drama familiar a cuestas y que tanto le pesa. Pedro vuelve a la pantalla, ahora en el escaparate de los telediarios. El hombre que daba oportunidades merece la suya. Ya saben: nos juzgarán por las oportunidades que dimos.

Klaudio Landa, defenestrado

Ocho años no son tantos para renovarse. En televisión se considera quemado a un profesional cuando su imagen comienza a alejarse de la realidad: un año ante las cámaras equivale a cinco en la radio o en prensa. Por sorpresa, nuestra cadena pública va a relevar a Klaudio Landa al frente de la tertulia sociopolítica de las tardes de ETB2 para encomendarle un espacio satírico de la actualidad en ETB1. Es un error estratégico, salvo que el objetivo sea rebajar aún más el contenido de debate ideológico y su sustitución por el entretenimiento. Tiempos de éxito hubo en que la programación vespertina eran cuatro horas de discusión política a toda caña. A partir de la próxima semana, solo una hora y gracias. Esto es una despolitización programada que, por lógica vasca, no fructifica en audiencias ni en reputación.

            De lunes a viernes nos servirán un potaje bajo en calorías compuesta por un concurso nuevo, una reunión cursi de té y pastas, lo que queda de la tertulia, su versión grotesca y el menú de Ander y Gabriela, resalados. Arantza Ruiz tendrá que moderar el minidebate y resistir las comparaciones con Klaudio. En fin, que hay poco que dialogar y mucho que reír. El humor es una obsesión de los jefes en busca de un filón de oro como Vaya Semanita. De hecho, han rescatado a Javier Antón, uno de sus cómicos.             

Entretener es el modelo impulsado por ETB con merma de la información, que es lo más rentable en lo público. De ese estándar es víctima Landa, un hombre bueno y afable que hizo de su manera de ser una profesión. No sé si le echaremos de menos, porque solo cambia de canal e idioma. Se suma a la lista de los caídos por la despolitización programada. Menos mal que ETB estuvo el sábado en directo en la cumbre del G7 de Biarritz, un pequeño lugar de Euskadi demasiado grande para los dueños del mundo.  

¿El honor de la Real Sociedad vale 10 millones?

RUBIALES y Tebas han empatado en el primer partido, disputado antes de que comenzara a rodar el balón en San Mamés. Los lunes se quedan sin fútbol, pero lo habrá los viernes. ¿No creerá la Federación que va a ganar el campeonato del dinero a la Liga? Del lado de los intereses de los clubes está la televisión con los 3.500 millones de euros que han desembolsado Movistar y Mediapro por los derechos de retransmisión. Es cierto que Tebas es un pésimo gestor;pero Rubiales aún no se ha enterado de que la Federación es un dinosaurio, como esos entes corporativos (colegios profesionales, confederaciones hidrográficas y procuradores) que impiden la competencia y engordan la administración.

El fútbol y la tele se necesitan para sobrevivir. Quienes quieran fútbol en la tele tienen varias opciones y ninguna es barata. Pueden asociarse a Movistar+ y pagar una cuota mensual de unos 85 euros, incluyendo Internet, dos líneas móviles y el fijo. Orange y Jazztel tienen ofertas parecidas. O pueden suscribirse a la nueva plataforma Mitele Plus, de Mediaset, y abonar 35 euros al mes; pero sepan que solo se podrá ver en dispositivos móviles hasta que resuelvan los problemas técnicos con los televisores conectados a la red. La competencia es real, pero desigual.

Disfruten a través de Gol del único partido en abierto. O sigan la alternativa de los menesterosos acudiendo a su taberna a hacer ambiente de estadio entre gintonics. Compartir el fútbol en la superpantalla del bar es de las mejores ideas de socialización desde el invento griego del ágora. Hay nuevas reglas y el videoarbitraje aumentará la ansiedad de los espectadores, nada comparado con escuchar al locutor “bienvenidos al Reale Seguros Stadium”. El autogol de Anoeta vale 10 millones de euros y el fin de la autoestima de los seguidores de la Real Sociedad.