Lunes 9 de febrero de 2026
Si ustedes vieron el informativo de EITB el sábado al mediodía y lo hubieran grabado, podrían llevarlo a la EHU para su estudio en relación a como manipular la realidad saltándose la máxima de que la democracia es un régimen de opinión pública, que la dirección de informativos de EITB manipula diariamente. Fue una vergüenza constatada por los miles de venezolanos indignados que desgraciadamente lo vieron.
Si se fijan el héroe de la jornada fue el ex presidente Rodríguez Zapatero al que le ha faltado tiempo para tratar de aprovecharse de la nueva situación creada tras la captura de un dictador sin entrañas como Nicolás Maduro. Ahora trabaja en Caracas para dividir a la oposición. Todavía hoy es el día en el que no ha reconocido la victoria de Edmundo González Urrutia y María Corina Machado. Le da igual.
Lo malo es que Mikel Reparaz, jefe de internacional de ETB, no quiere darse cuenta que el antichavismo en Euzkadi está contado, Llega al 93% como se comprobó el 28 de julio de 2024 cuando se produjeron las elecciones venezolanas. Sin embargo con una falta de profesionalidad y equilibrio y neutralidad total, en un claro abuso de posición dominante, el solo informa para ese 7% residual vinculado a Bildu, Podemos, Sumar, ELA y LAB. Grupos que han mantenido la dictadura estos 26 años. Nada nuevo. Es la tónica de su gestión que encima blanquea con charlas en la BBK hablando de lo mal y bien que anda el mundo.
Y para lograrlo hay que anular informativamente a María Corina Machado que siendo Premio Nobel de la Paz ha desaparecido de todos los informativos. Y sin embargo existe y se mueve
La líder estuvo con los senadores estadounidenses y de esa reunión salió esta censurada información para EITB: María Corina Machado desenmascara el plan macabro de Delcy Rodríguez y el régimen para engañar al mundo.
El aire en Washington se podía cortar con un cuchillo. En una reunión que marcará un antes y un después en la historia de la liberación venezolana, María Corina Machado, la líder indiscutible de la resistencia y hoy figura central de la transición, soltó una verdad que ha dejado a los senadores de Estados Unidos en estado de shock y a los aliados del régimen temblando.
Con la firmeza que la caracteriza, Machado lanzó una advertencia incendiaria que debería resonar en cada capital del mundo libre: el régimen de Nicolás Maduro está activando su arma más letal, la «fábrica de ganar tiempo», y lo está haciendo a través de figuras como Delcy Rodríguez.
El «Manual de la Estafa»: La eficiencia del mal
María Corina fue implacable. No se anduvo con rodeos diplomáticos. «Quiero advertir que, si hay algo que este régimen ha sabido hacer con eficiencia en el pasado, ha sido ganar tiempo y aprovecharse de los esfuerzos realizados de buena fe», sentenció ante un panel de senadores que escuchaban en silencio sepulcral.
Esta frase es una puñalada directa al corazón de quienes, desde la ingenuidad o la complicidad, siguen proponiendo mesas de diálogo infinitas. Machado ha identificado el cáncer de la negociación fallida: el régimen no dialoga para ceder, dialoga para respirar. Cada vez que Maduro se ve acorralado por las sanciones o el hambre del pueblo, envía a sus peones para simular una apertura que nunca llega.
Es una táctica de supervivencia parasitaria: succionan la esperanza de los venezolanos y la paciencia de la comunidad internacional para perpetuarse un día más en el poder.
Delcy Rodríguez: La cara del engaño
La mención de Delcy Rodríguez no fue casualidad.
En los pasillos de Washington y Bruselas, algunos sectores intentan pintar a la vicepresidenta del régimen como un «ala moderada» o un puente para la transición. María Corina demolió esa fantasía con un mazo de realidad: «Delcy Rodríguez es parte del régimen».
Punto.
Sin matices. Sin medias tintas.
Tratar de negociar con Delcy es, según la visión de Machado, tratar de negociar con el verdugo mientras este afila la guillotina. La advertencia es clara para los senadores estadounidenses: no se dejen seducir por el lenguaje técnico o los modales de seda de la cúpula madurista.
Debajo de los trajes caros y los discursos sobre «soberanía», solo hay una estructura criminal que busca inmunidad.
La mentira de la «Inversión Real» en un país en ruinas
Uno de los puntos más polémicos y realistas de su intervención fue el económico.
Mientras el régimen intenta desesperadamente vender una imagen de «Venezuela se arregló» para atraer capitales extranjeros, Machado puso sobre la mesa la cifra de la vergüenza: un país donde el 86 % de la población vive en pobreza.
«No hay manera de que un país con estos índices pueda atraer inversión real», afirmó con la contundencia de quien conoce el hambre de su gente.
¿Quién en su sano juicio invertiría miles de millones en una nación donde no hay seguridad jurídica, donde la infraestructura eléctrica colapsa y donde la mano de obra está sumida en la desnutrición? La respuesta es sencilla: nadie que sea honesto. Los únicos que «invierten» en la Venezuela de Maduro son los lavadores de dinero, las mafias internacionales y las potencias que buscan saquear recursos a precio de gallina flaca a cambio de apoyo político.
La inversión real, la que crea empleos, la que levanta fábricas y trae progreso, solo llegará cuando la tiranía sea un mal recuerdo y la democracia regrese de la mano de la libertad de mercado y el respeto a la propiedad privada.
El mensaje a los Estados Unidos: ¡No más oxígeno!
La reunión con los senadores no fue una simple visita de cortesía; fue una exigencia de acción. Machado dejó claro que cualquier alivio de presión, cualquier concesión de licencias petroleras o cualquier reconocimiento a los enviados de Maduro es, en la práctica, una traición a los millones de venezolanos que votaron por un cambio.
El régimen está herido, pero no muerto. Su estrategia actual es la de la «normalización».
Quieren que el mundo se acostumbre a su presencia, que acepten la miseria del 86 % como una fatalidad geográfica y que vean a Delcy y a Maduro como interlocutores válidos.
María Corina ha roto ese guion. Ha ido a la capital del mundo libre a decir que la buena fe de la comunidad internacional ha sido el combustible de la dictadura.
