Viejas historias

¿Jessica Fletcher ha resucitado? Encarnada en Angela Lansbury, fallecida en 2022, era una madura y asexuada novelista de Maine que a imitación de Miss Marple, personaje de Agatha Christie, y del Padre Brown, creado por Chesterton, se entrometía en la investigación de crímenes y todos los resolvía con su perspicacia. Existió durante doce temporadas en la popular serie Se ha escrito un crimen en los 80 y 90 y ahora parece haber revivido en ETB2 pero de otra manera, a través de ocho documentales del género true crime que, ¡viva la originalidad!, han titulado Así se escribe un crimen

La serie informativa nace muerta, pues nada nuevo aporta a los relatos sobre asesinatos reales que la propia ETB ya había emitido con mejores producciones que este refrito de ínfulas de nuevo periodismo. Recordamos Los siete pecados capitales, con el novelista Mikel Santiago; El Lector de huesos, con Dani Álvarez y el forense Paco Etxeberria, de excelente hechura, así como Caja negra y El sabor del crimen, con Iñaki López. Los asesinatos terroristas fueron nuestra peor pesadilla, pero sobre homicidios comunes ya lo habíamos contado todo. ¿Qué necesidad tenemos de este rancio experimento? Parece el resultado de un acuerdo humillante de la radiotelevisión vasca con Vocento que tanto la injurió desde su beligerante españolidad. La tele, como la política, hace extraños compañeros de cama. 

El primer episodio viaja a 2019 con el caso de Josetxu Delgado, vecino de Getxo a quien secuestraron, torturaron, robaron y enterraron vivo en Zaragoza tras contactar por las redes sociales con una mujer sin escrúpulos y su pareja, una trampa mortal. La narración es plana y sin tensión, como un teleberri viejo y muy por debajo de cualquier historia de la señora Fletcher y su otoñal ingenio.

JOSÉ RAMÓN BLÁZQUEZ

El FesTVal premia el neofranquismo

Vallés vitoreado. Mejor dicho, “vitoriado”. El FesTVal, radicado en Vitoria-Gasteiz, ha premiado a Vicente Vallés, conductor del informativo más sectario de la televisión, cuyo posicionamiento ideológico se ubica entre el PP y Vox, lo que el valenciano se encarga de hacer explícito cada noche para que nadie se llame a engaño y todos queden bien descalabrados por su sesgo ultra. Es verdad que los premios festivaleros son triviales, de purpurina; pero abochorna que una organización de nuestro país, que cuenta con el apoyo de las instituciones vascas, exhiba su entusiasmo por Vallés, la peor amenaza para Euskadi en las noticias por su especial dedicación a envenenarnos.

¿Cuáles son los motivos de este vitoreo? Podría ser que valoren sus estupendas audiencias desde hace más de cinco años, muy por encima de las demás cadenas; pero, ¿cantidad es mejor que calidad? En absoluto. Si el número de espectadores fuera mérito, ¿por qué no premiaron al extinto Sálvame y otros subproductos con mayor fervor ciudadano que los noticiarios de Antena3? Ser líder es una categoría ética superior que suele alejarse de muchedumbres e índices de popularidad. ¿Y por qué no ha “vitoriado el FesTVal a Donald Trump, un tipo que se hizo famoso en la tele con The Apprentice antes de ser doble presidente del mundo mundial?

Los antecedentes del obsequioso palmarés del FesTVal ya nos tenían advertidos de sus viciadas preferencias. En la pasada edición elevó a los altares a Iker Jiménez y Pablo Motos, agentes de la televisión más carca y entregada al proyecto del bulo neofranquista. Y antes había galardonado a Xabier Sardá, autor de la telebasura de los 90 y precursor de sucesivas plagas de excrementos. En fin, que el destino nos salve de los festivales sin alma, engrasados con el dinero público de Euskadi.

JOSÉ RAMÓN BLÁZQUEZ

Cuando un monte se quema…

Incendio forestal en Carballeda de Avia (Ourense)

Con los incendios forestales aún humeantes, España hace balance de su infierno: cinco vidas humanas perdidas, 400.000 hectáreas quemadas, cosechas, arbolado, animales, pueblos, historia y negocios aniquilados. El precio de la catástrofe es brutal. La hemos visto en directo como una serie de terror, con sus héroes y villanos. A la ineficacia y descoordinación compartidas se ha sumado el espectáculo a garrotazos de la derecha y la izquierda reprochándose mutuamente: una, en sus ventorros negando sus obligaciones competenciales; y otra, haciendo lo mejor que sabe, rebajar sus errores y resistir a los ataques. El PP se muere de ansiedad por alcanzar el poder y el PSOE se vuelve loco por mantenerlo. Este es el infierno español, la ruina de la gestión y el desastre democrático mientras la gente se queda sin nada.

Es la misma historia del Covid, la dana valenciana y el apagón de abril: las dos Españas enfrentadas, boicoteándose con mezquindad. Veíamos los estragos del fuego y la tele se poblaba de expertos con su tecnocracia y oportunismo, catedráticos del apocalipsis: que los incendios de verano se apagan en invierno, que el cambio climático, que la España vaciada, que la prevención ha fallado por invertir en toros y no en el campo, que los bomberos están mal pagados, que la vieja burocracia y que no falte meternos miedo. Lo único que no ha fallado, menos mal, ha sido la información, donde han destacado La 1, con Silvia Intxaurrondo, y la Sexta, apagando bulos.

Cómo no, los bobos de siempre han señalado al sistema autonómico como culpable, obviando que la autoestima es liberadora. Los ultras, tan nostálgicos, deberían recordar aquella campaña franquista cuyo eslogan era: “Cuando un monte se quema, algo suyo se quema”. La dictadura quemaba bosques, ideas y vidas.

JOSÉ RAMÓN BLÁZQUEZ

Verificar, tarde y mal

De repente, a la televisión le ha dado un ataque verificador y somete las noticias a la máquina de la verdad, poniendo en duda la capacidad de la gente para discernir la certeza entre los bulos. ¿Y por qué los periódicos publican cada día el horóscopo, soberana tontería? La Sexta, capitaneada por Ceaucescu Ferreras, y también TVE se ocupan hoy, pero antes no, de verificar la información como arte dogmático y en esa tarea, un poco de tutelaje, se afanan Javier Ruiz y Jesús Cintora en sus respectivos espacios de debate, Mañaneros y Malas lenguas. Ya me conformaría con que esas y todas las cadenas cuidaran el pluralismo y la calidad de los telediarios y, de paso, echaran un vistazo a su pretérito profesional.

El problema es que tenemos memoria. En Euskadi estamos doctorados en la abominación de las noticias amañadas tras años de sufrir la tergiversación que tanto daño produjo a nuestro país y ser testigos de campañas de destrucción personal contra Garaikoetxea, Ibarretxe, Urkullu, Ardanza, Atutxa y Arzalluz, el más castigado por los medios españoles y los diarios locales de tradición franquista. Aún recordamos entre vómitos la patochada del “espíritu de Ermua”. ¿Y qué decir de la tromba de falsedades que aún soporta Catalunya y sus líderes soberanistas, humillados hasta el oprobio por las emisoras que transmitían fielmente el veneno del laboratorio de Villarejo?

Me río de la verificación y sus ínfulas parroquiales cuando las comparo con la intoxicación informativa antivasca, no tan lejana. Si tuvieran conciencia de la repulsa que hemos guardado los ciudadanos vascos hacia la tele y los medios españoles no se atreverían a aparentar ahora rigor en las noticias. Tienen un pasado que abochorna, pendiente de un buen repaso moral, como Felipe González y Aznar.

JOSÉ RAMÓN BLÁZQUEZ

El balón apaisado

Hay tanto fútbol en televisión y entre ambos hay tanta relación de dependencia que el balón ha dejado de ser redondo para adoptar la forma apaisada de los televisores y así rueda de maravilla. Sin el espectáculo del fútbol la televisión decaería y sin la financiación de la publicidad el fútbol retrocedería a los años sesenta del siglo pasado. Cuando se queje usted de tanto anuncio, recuérdelo: la publi financia la tele y toda la prensa libre. ¿O prefiere el modelo público británico BBC, con el pago del canon anual de 174,50 libras, unos 200 euros? Pertenecemos a la era del homo publicitarius, desarrollo perfecto del homo sapiens.

Con la Liga ya en marcha comienza un periplo de 380 partidos de pago, más los de las competiciones europeas y sin contar los de Copa que ofrece gratis TVE. Serán decenas de millones de telespectadores en casa y en el bar, sin incluir a los piratas que encuentran un atajo. Ir contra ellos como si fueran delincuentes es como los normandos persiguiendo a Robin Hood. Hasta la selección estatal femenina alcanzó una audiencia de seis millones en la final de la Eurocopa. Una locura que riega de riqueza a jugadores, clubes, ciudades y una economía de consumo apabullante.

La tele quiere innovar sus retransmisiones, pero fracasa. Los comentaristas suspenden en retórica, aburren. Originarios de la radio, con exceso de verbo y pobre narrativa, pretenden dejar su sello y quedan lejos de Carlos Martínez y sus solventes crónicas. Agarran el micrófono como estacas y dicen palabras pretenciosas como cuerpear, opacar y encimar. Los antiguos pasaron de orsay a fuera de juego, de balón a esférico, de árbitro a colegiado, sin más historias. ¿Y no podría haber alguna mujer más entre los locutores? Solo hay una, Sandra Díaz, y no es de las mejores.

JOSÉ RAMÓN BLÁZQUEZ