La Europa de las 5 tribus

Lo más chocante de Eurovisión 2021 no estuvo sobre el escenario, con sus estrafalarias escenografías, sino en TVE, que eligió como uno de los patrocinadores de la gala un producto de belleza (aceite de argán) de origen marroquí y fabricado en Israel. Con lo que está cayendo es impertinente otorgar tal distinción a una marca de sonoro nombre rifeño. En la superportuaria Rotterdam ha resurgido el dinosaurio. Lo del sábado fue una edición inane en lo artístico, pero servicial en el mensaje de vuelta a la vida tras la devastación de la pandemia. Simbólicamente, las mascarillas brillaron por su ausencia. Y así poco más de 4 millones de espectadores vieron en La 1 (y el triple en redes sociales) una esperanza de regreso de los turistas y no tanto el inmerecido éxito de Italia.

La ansiada normalidad se plasmó en una espesa salsa holandesa, con la mantequilla de la diversidad y las yemas de las luces y efectos especiales, pero tirando a salsa americana, como en una final de los premios MTV. ¡Fueron 26 veces el mismo show de Beyoncé! Algunos países renunciaron a su idioma por el inglés. Solo Francia puso el acento europeo con una canción de cuño continental. Se da la circunstancia de que tanto el tema galo, como los de Suiza y Bulgaria, precisamente los mejores, fueron estrenados durante la docuserie sobre Rocío Carrasco, en Telecinco. Incluso la melodía helvética es la base de la sintonía del drama nacional del momento.

¿Y España? Ay, pobre, tercera por la cola tras una actuación delictiva. Adviertan los dirigentes del PP que el desastre no es culpa de Sánchez. Eurovisión lleva zombi varias décadas y enmascara la confraternidad en lo anticultural. Vamos hacia la Europa de las cinco tribus: las tribus de Pfizer, Moderna, Janssen, la apestada AstraZeneca y los postergados sin vacuna. Lo anterior es historia.

JOSÉ RAMÓN BLÁZQUEZ

Detrás de las cámaras

Al igual que viajar a otros países abre la mente, ver televisiones extranjeras enriquece nuestra percepción del mundo y permite constatar la diversidad de culturas y modos de vida. ¿Y qué hay detrás de este medio de masas? Una industria competitiva pero cruel en el trato con sus trabajadores. No es un secreto. Ellen DeGeneres, superestrella en Estados Unidos (llegó a presentar la ceremonia de los Oscar 2014), además de icono lésbico, ha puesto fin a su show tras 19 años en la Warner. El conocimiento público del acoso laboral a sus colaboradores condujo a la caída de la audiencia, la pérdida de anunciantes y su dramático ocaso. El suyo fue puro bossing, despotismo del jefe hacia el subordinado, una de las más frecuentes formas de bullying.

Los canales españoles no son ajenos al terror interno, más aún después de que la crisis de 2018 precarizara a sus profesionales, jóvenes sin opciones en un sector derrumbado. Lo que ocurre en las productoras daría para una serie de lágrimas, despidos y abusos. Madrid es una selva brutal. Hemos visto a Josep Pedrerol (el de Jugones y El Chiringuito) vejar en directo a uno de sus becarios. También en ETB ha existido esa relación despótica, yo lo he visto: directores de programa atrabiliarios y gritones contra los que se inhibió un sindicalismo fracasado. Hay muchas DeGeneres, como Cruella De Vil, al otro lado de las cámaras.

El maltrato al espectador es parte de ese despótico vínculo. En la novela Luz de febrero, de Elizabeth Strout, el viejo protagonista se percata de que el policía que acababa de multarle por exceso de velocidad tenía una erección, provocada por “el sentimiento de ira y poder”. A la tele le excita implantar un despotismo ilustrado (todo para el pueblo, pero sin el pueblo) y aterrorizar a sus servidores. Es el medio rey, dicen. Y lo es, absolutamente.

Zaldibar, ya llegan los carroñeros

Como los buitres tras la carroña, la ultraizquierda política y sindical, la derecha y la ultraderecha españolas vuelan bajo dispuestas a sacar partido de la tragedia de Zaldibar. Los que apoyaron el asesinato durante años y los que no dudaron en sacar rédito electoral de las víctimas del terrorismo hacen ahora causa común contra el Gobierno Vasco una vez que ha sido imposible encontrar los restos del trabajador sepultado bajo miles de toneladas de residuos tóxicos y tras más de 14 meses de ardua búsqueda y la inversión de ingentes recursos públicos.

Es la historia, una más, de la política rastrera en Euskadi.

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Elogio de Euskal Telebista

La hipocresía vasca mutó hace años hacia los desapegos sociales, entre ellos su vínculo con la televisión, de manera que un ciudadano ejemplar en apariencia está obligado a decir perrerías de la tele como vicio de la plebe y a hacer jactancia de que apenas la ve, salvo en magnas circunstancias.  ¿Cómo se explica entonces que el consumo medio actual en Euskadi sea de 3 horas y 48 minutos? ¡Diarios! De este fingimiento forma parte el golpear sin piedad a las públicas denunciando como cierta sus bajezas informativas y el sectarismo gubernamental, lo que convierte a los críticos en agentes del descrédito de las cadenas institucionales promovido por los grupos privados en pos del monopolio. Casi lo han conseguido en España, donde los medios audiovisuales de empresa representan el 72% a base de hacer apetecible la mierda.

¿Y qué pasa con ETB? Que resiste bien, pero no hace lo que podría. El pasado abril alcanzó el 14% de cuota, sumando sus cuatro canales, por debajo de TV3, la autonómica catalana, que llega al 18%. El liderazgo de los informativos es su mejor baza, al aportar contrapeso a la comunicación estatal y equilibrar el poder de la vieja corporación local que pugna por tutelar nuestra sociedad. ¿Qué sería de Euskadi sin ETB? Imagínatelo: seríamos más España, asimilados, sin autoestima, indefensos, mansos y menos soberanos. Necesitamos consolidarla.

La nueva ley de EITB, relevo de la arcaica de 1982, duerme en un cajón del Parlamento, quizás a la espera de que EH Bildu arriesgue a perder influencia en la redacción y mandos intermedios y opte por hacer país. La izquierda y la derecha no son confiables y prefieren encomendarse a Ferreras o Ana Rosa. No podemos esperar a que el futuro de la radiotelevisión vasca se garantice por cambio generacional: las renovaciones generacionales son solo cobardes aplazamientos.

 

Demasiado de derechas

Madrid ha votado. Ha optado por un gobierno de depredación en el que los fuertes se comerán a los débiles. Un gobierno sin contrapesos ni equilibrios democráticos. Demasiado de derechas. Rematadamente de derechas.

Ayuso, populista y frívola, es una amenaza. Como Trump. Y ya sabemos cómo acabó Trump, propiciando un asalto terrorista al Capitolio.

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