Sábado 9 de mayo de 2026
Estuvimos en la conferencia que ofreció el ex presidente del Parlamento Europeo, Enrique Barón en la Bilbaina. Venía a hablar de su libro “Paz y Guerra” con apuntes sobre su visión europea. Es una persona muy experimentada que ha conocido muchos de los líderes actuales, habida cuenta su representación.
En la charla no podía faltar una mención a su esposa, Sofia Gandarias, fallecida y el cuadro que pintó tras una conversación que tuvo con el entonces alcalde de Gernika y buen amigo, Eduardo Vallejo. Posteriormente el cuadro ha paseado errante por varios países, estando expuesto en las Naciones Unidas de Nueva York y ha vuelto a Gernika para quedarse. Enrique Barón mencionó al alcalde Vallejo y eso nos gustó.
El regreso ya se produjo el mes pasado. En 2026, el imponente tríptico Gernika de Sofía Gandarias volvió al Museo de la Paz de Gernika para quedarse de forma definitiva en su exposición permanente. Una obra monumental, cargada de memoria y simbolismo, que durante años recorrió el mundo como “El Gernika Peregrino” y que hoy vuelve al lugar del que nunca debió salir: la ciudad que la inspiró.
La pintora gernikesa presentó el cuadro en 1998 y lo donó posteriormente al museo tras su presentación oficial en el Parlamento Europeo el 24 de marzo de 1999. Entre 1999 y 2002 pudo verse en Gernika, pero la remodelación del museo obligó a retirarlo de la exposición. Desde entonces, el tríptico y los cinco bocetos preparatorios viajaron por distintos países -España, Italia, Suiza- manteniendo viva la memoria del bombardeo del 26 de abril de 1937.
Ahora, tras una adecuación específica de las salas, la obra regresa con carácter permanente. Y no es un regreso menor: es un acontecimiento cultural y simbólico.
Un grito pictórico contra la barbarie
El tríptico no es solo una representación histórica del bombardeo perpetrado por la Legión Cóndor. Es una interpretación profundamente personal. Gandarias, nacida en 1951 en una Gernika reconstruida por el régimen franquista, hablaba de aquella ciudad “regalada por los vencedores”, de una memoria contenida, de un pueblo al que “le dejaron su árbol”, pero al que también le impusieron un relato.
En la primera parte del tríptico, las bombas matan la esperanza, representada en una madre embarazada. Una procesión de fetos dibuja una danza macabra. La Iglesia de San Juan aparece destruida. El reloj marca la hora exacta del bombardeo. Y sobre todo, una imagen impactante: del cielo llueve sangre. La ciudad es un horno rojo, una herida abierta.
George Steer, la memoria y la dimensión universal
Gandarias quiso tener muy presente al periodista británico George Steer, cuya crónica internacional dio a conocer al mundo la tragedia de Gernika. Su cuadro no es solo memoria local; es denuncia universal. Es la constatación de que los vencedores escriben la historia, pero el arte puede reescribir la conciencia.
La pintora evocaba también versos de León Felipe para describir aquella ciudad sola, crucificada, herida por la lanza cainita. Su Gernika no compite con el de Picasso: dialoga con él desde otra generación, desde la memoria heredada y desde la vivencia íntima.
Un regreso que reabre la conversación
El retorno definitivo del Gernika de Sofía Gandarias al Museo de la Paz no fue ni es solo una noticia cultural. Es una invitación a volver a mirar. A preguntarse qué significa hoy Gernika. A entender que la memoria no es un ejercicio del pasado, sino una responsabilidad del presente.
En un momento en el que Europa vuelve a escuchar ecos de guerra, el tríptico de Gandarias recupera una vigencia incómoda y necesaria. No es un cuadro para observar de lejos. Es una obra que interpela, que duele, que obliga a detenerse.
