Alcalde en persona

España está que arde con incendios políticos que queman más que los fuegos estivales. Así de chamuscados están el país y sus groseros canales de televisión, con una clase dirigente que avergüenza y unos programas informativos y de debate que abren heridas y muestran bajeza y crispación. El regreso de Ana Rosa, Motos, Griso e Iker Jiménez no ha podido ser más incendiario, sobre todo el vitoriano, investido ya como el carroñero mayor del reino en su afán de conducir el periodismo a las cavernas. La España cainita premia a Horizonte con excelentes audiencias y él se carcajea de sus críticos, pues al oportunista solo le importa su ganancia miserable.

La esperanza ante tanta miseria es la excepción. Hace poco, ETB2 entrevistó al alcalde Bilbao, Juan Mari Aburto, quien enfila el final de su mandato tras 12 años, demasiados, en el cargo. El hondo diálogo, conducido por Juan Carlos Etxeberria en el espacio A un metro, nos deparó una imagen diferente del político al uso, cuando el regidor tuvo el coraje de mostrar la huella de sus enfermedades, que sobrellevó estoica y calladamente, y terminó, en su muestrario de vulnerabilidad, confesando su profundo pesar por tener a su madre en una residencia, aún después de que esta cuidara en casa a su madre, su suegra y su amama. Al borde de la emoción, añadió: “Me pregunto qué pensará ella, que ha estado toda la vida cuidando y que ahora no somos capaces de cuidar como ella cuidaba”. Honor para Aburto, valiente y veraz.

La realidad más cercana nos salva del desastre teatralizado de la política española y global, convertidas en trincheras y anticipo de futuras tragedias. Les recomiendo huir de la contienda eludiendo este espectáculo de locos. Menos ayusos, feijóos y abascales, mediocres asalvajados, y más aburtos de nobleza y alma. 

JOSÉ RAMÓN BLÁZQUEZ

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