
El poeta más mágico y el pensador más lúcido murieron en 1936. Se han cumplido 90 años del asesinato de Federico García Lorca y la próxima nochevieja serán otros tantos de la muerte, en confusas circunstancias, de Miguel de Unamuno, poco después de su apabullante alegato contra los golpistas (“venceréis, pero no convenceréis”) en la Universidad de Salamanca. No, no fueron avatares de aquella contienda salvaje, sino resultado del odio falangista, la miseria de los curas trabucaires (que resurge ahora en el canónigo y párroco de Huarte, Javier Aizpun) y la violencia ciega del fascismo. Quizás el fusilamiento de Lorca salvó al bilbaíno de la misma suerte, como ha señalado el escritor Luis García Jambrina: “A Unamuno le podían haber fusilado, pero tras Lorca no querían otro escándalo”.
TVE ha conmemorado con honor la tragedia del poeta granadino produciendo el documental “Lorca, últimas horas”, magníficamente interpretado por Ángel Ruiz y comentado por historiadores y escritores para esclarecer el contexto y señalar las culpas y algunas pocas inocencias. En su veracidad el relato es asfixiante, con el reloj marcando los instantes que faltaban para la vil ejecución. La ruindad de España (la de entonces y la de ahora) queda simbolizada en que su cuerpo aún no ha sido encontrado y esa vergüenza la arrastra por el fango de la indecencia.
¿Qué piensa hacer de bueno ETB en el 90º aniversario de la muerte de Unamuno? ¿Cuenta el Ayuntamiento de Bilbao con un proyecto? Tenemos tantas deudas pendientes con don Miguel que no sé por dónde habría que empezar. Si fuera el alcalde pondría a las próximas calles nuevas los nombres de algunos de sus libros: Niebla, Paz en la guerra, San Manuel Bueno, El Cristo de Velázquez, Fedra, La tía Tula, Abel Sánchez… Sean de los que hacen.
JOSÉ RAMÓN BLÁZQUEZ