Iker, profeta de la nueva telebasura

O no tan nueva. En la década de los 90 y siguiente, época siniestra en la que España estuvo gobernada por Vasile, Sardá, Jorge Javier, Pepe Navarro y las cotillas Belén Esteban, Patiño, las Campos y demás corte de chismosas y gárrulos, la privacidad quedó arrasada hasta el embrutecimiento. ¿Ya no existe? Pues sí, ha sobrevivido, pero con nuevos asuntos e igual propósito de intoxicación pública. El odio clasista y la miseria partidista de una sociedad crédula e inmadura son las claves de la telebasura actual, sin abandonar del todo la pornografía emocional.

Sorprende que un experto en fantasmas sea hoy el rey de la telebasura, el cínico Iker Jiménez. ¿Qué les ocurre a los conservadores para adoptar al vitoriano como su agitador de almas? Un tipo descarado, que no cree en nada ni en nadie, solo puede representar la indecencia y acompañarse de los más oscuros gurús de la ultraderecha, un par de resentidos de la izquierda y un psiquiatra desatado. En ese espacio las palabras vuelan como balas y se hace el saludo militar. En Horizonte, de Cuatro, habita lo peor del cainismo español ante más de un millón de seguidores, de esos que no distinguen entre discrepantes y enemigos. En Antena 3, Pablo Motos hace lo mismo con el cuchillo entre los dientes. Con poco éxito, por decadencia, están en la nueva telebasura Ana Rosa Quintana, Vicente Vallés y Nacho Abad.

Telecinco no ha renunciado a la basura clásica y ya están de regreso Belén Esteban con sus colegas de Sálvame de la mano de Ion Aramendi, porque la cabra tira al monte y los actuales jefes de Mediaset, desesperados en las audiencias, han traicionado su promesa de modelo familiar. Unos vuelven a su estercolero y otros chapotean en el rencor. La tele será, junto a la vivienda y la emigración, un gran tema electoral.

JOSÉ RAMÓN BLÁZQUEZ

¿Sufres de cronoalgia?

Le he preguntado a mi asistente de inteligencia artificial qué palabra denomina el dolor por el tiempo perdido. Su respuesta ha sido cronoalgia, un neologismo sin lugar en el diccionario de la RAE. El escritor Diego Garrido, en homenaje a Proust con su novela ¡Adelante, cronófobos!, se atreve con el vocablo cronofobia, pero es cosa distinta. A lo que voy es que existe en nuestra sociedad un dolor generalizado, de vacío existencial, causado por el despilfarro de las muchas horas malgastadas viendo la televisión y consultando redes sociales e internet. Es el dolor de malograr la vida. El alcance de la cronoalgia necesita comprobación empírica.

Según Barlovento, que mide las audiencias y el consumo digital, cada individuo invierte ante el televisor una media diaria de 4 horas y 43 minutos y el derroche en internet es de 3 horas y 10 minutos al día. Cualquier persona cabal sabe que tanto tiempo en las pantallas solo puede ser insano para su salud vital. Es por esta conciencia de exceso, al borde de la adicción, que experimenta una insatisfacción por estar despilfarrando años que podría dedicar a actividades más valiosas, como los libros, la música, la convivencia, el estudio, el deporte y el placer. Y así es que millones de personas sufren de cronoalgia y el pronóstico es grave: te quita mucho (tiempo de vida) y te da poco (triste pasatiempo).

Síntoma de este padecimiento es la negación. La gente miente (los audímetros no) sobre sus horas muertas de televisión y con qué cadenas se conecta; maldice las redes sociales, pero las usa con gusto. Se avergüenza de sus nocivos hábitos de ocio. Lo bueno es que este bochorno puede ser su motivación para un cambio, primero hacia la desintoxicación, después para redefinir su vida y, de paso, liberarse de la tiranía digital.

JOSÉ RAMÓN BLÁZQUEZ

90 años de una muerte misteriosa

El poeta más mágico y el pensador más lúcido murieron en 1936. Se han cumplido 90 años del asesinato de Federico García Lorca y la próxima nochevieja serán otros tantos de la muerte, en confusas circunstancias, de Miguel de Unamuno, poco después de su apabullante alegato contra los golpistas (“venceréis, pero no convenceréis”) en la Universidad de Salamanca. No, no fueron avatares de aquella contienda salvaje, sino resultado del odio falangista, la miseria de los curas trabucaires (que resurge ahora en el canónigo y párroco de Huarte, Javier Aizpun) y la violencia ciega del fascismo. Quizás el fusilamiento de Lorca salvó al bilbaíno de la misma suerte, como ha señalado el escritor Luis García Jambrina: “A Unamuno le podían haber fusilado, pero tras Lorca no querían otro escándalo”.

TVE ha conmemorado con honor la tragedia del poeta granadino produciendo el documental “Lorca, últimas horas”, magníficamente interpretado por Ángel Ruiz y comentado por historiadores y escritores para esclarecer el contexto y señalar las culpas y algunas pocas inocencias. En su veracidad el relato es asfixiante, con el reloj marcando los instantes que faltaban para la vil ejecución. La ruindad de España (la de entonces y la de ahora) queda simbolizada en que su cuerpo aún no ha sido encontrado y esa vergüenza la arrastra por el fango de la indecencia.

¿Qué piensa hacer de bueno ETB en el 90º aniversario de la muerte de Unamuno? ¿Cuenta el Ayuntamiento de Bilbao con un proyecto? Tenemos tantas deudas pendientes con don Miguel que no sé por dónde habría que empezar. Si fuera el alcalde pondría a las próximas calles nuevas los nombres de algunos de sus libros: Niebla, Paz en la guerra, San Manuel Bueno, El Cristo de Velázquez, Fedra, La tía Tula, Abel Sánchez… Sean de los que hacen.

JOSÉ RAMÓN BLÁZQUEZ

Más debate, mejor país

Un día lejano, en la televisión pública vasca pensaron que había exceso de debate político. Hasta entonces en ETB se discutía por todo, quizás para compensar nuestros desencuentros, dividida la sociedad en dos bandos, de paz y de terror. Las tertulias se esfumaron y no hubo más contienda. Y así nos encontramos hoy con un único espacio de debate en ETB2, salvo en período electoral. En Jake ha cumplido 11 años y siempre lo dirigió Xabier Lapitz quien, tan hombre de radio y despreocupado de su imagen, llevó aquello como si estuviera en una emisora, con su pecera de sonido, una mesa, cuatro sillas y la suya en el centro. Y lo ha dejado todo.

La nueva partida de En Jake la lleva con solvencia Miriam Duque, que ha optado por el buen rollo y no imitar el combate tóxico de las tertulias españolas en las que izquierda y derecha, entre gárrulos y garrulos, se zurran con munición de decibelios y ruindad. A la misma hora que acontece el debate vasco casi todos los canales, de la meseta para abajo, hacen lo mismo, discutir furiosamente. Euskadi es un oasis, aquí donde, aunque en precario, hay acuerdos entre desiguales, pluralismo convergente y un clima social respirable gracias a la decencia y la lluvia. Hace bien nuestra televisión pública en optar por el respeto en las polémicas, aunque esto sea aburrido. ¿Quién tiene nostalgia de las broncas de la década de los noventa y la hiperpolitización?

No le veo mucho sentido a que, con tan poco debate en nuestras pantallas, Radio Euskadi televise su tertulia e informativo Bulevar, de 7 a 10 de la mañana. Es un híbrido. A esas horas los ciudadanos, entre el afeitado y el aseo, el café y las tostadas, camino del trabajo están a la escucha de la radio, porque la tele inmoviliza. ¿Para qué necesitamos más debates? Para moderarnos.

JOSÉ RAMÓN BLÁZQUEZ

Alcalde en persona

España está que arde con incendios políticos que queman más que los fuegos estivales. Así de chamuscados están el país y sus groseros canales de televisión, con una clase dirigente que avergüenza y unos programas informativos y de debate que abren heridas y muestran bajeza y crispación. El regreso de Ana Rosa, Motos, Griso e Iker Jiménez no ha podido ser más incendiario, sobre todo el vitoriano, investido ya como el carroñero mayor del reino en su afán de conducir el periodismo a las cavernas. La España cainita premia a Horizonte con excelentes audiencias y él se carcajea de sus críticos, pues al oportunista solo le importa su ganancia miserable.

La esperanza ante tanta miseria es la excepción. Hace poco, ETB2 entrevistó al alcalde Bilbao, Juan Mari Aburto, quien enfila el final de su mandato tras 12 años, demasiados, en el cargo. El hondo diálogo, conducido por Juan Carlos Etxeberria en el espacio A un metro, nos deparó una imagen diferente del político al uso, cuando el regidor tuvo el coraje de mostrar la huella de sus enfermedades, que sobrellevó estoica y calladamente, y terminó, en su muestrario de vulnerabilidad, confesando su profundo pesar por tener a su madre en una residencia, aún después de que esta cuidara en casa a su madre, su suegra y su amama. Al borde de la emoción, añadió: “Me pregunto qué pensará ella, que ha estado toda la vida cuidando y que ahora no somos capaces de cuidar como ella cuidaba”. Honor para Aburto, valiente y veraz.

La realidad más cercana nos salva del desastre teatralizado de la política española y global, convertidas en trincheras y anticipo de futuras tragedias. Les recomiendo huir de la contienda eludiendo este espectáculo de locos. Menos ayusos, feijóos y abascales, mediocres asalvajados, y más aburtos de nobleza y alma. 

JOSÉ RAMÓN BLÁZQUEZ