PNV, el adversario preferido

Han cambiado mucho las cosas -la comunicación universal instantánea, entre otras- desde que Alfred Adler sostenía aquello de que “no puedes caer bien a todo el mundo, aprende a que no te importe”. Sigue siendo válido en las relaciones interpersonales y en la gestión de la autoestima y los complejos, pero ninguna compañía u organización estarían hoy dispuestas a cargar con demasiada antipatía en la medida que ese caudal afecta directamente a su cuenta de resultados. Hay otro enfoque en la administración de los rechazos en el sentido de identificarlos, cuantificarlos y reducirlos a la mínima expresión. El paradigma es que un liderazgo se expresa también en una menor fobia a la vez que se cuenta con un fuerte caudal de apoyos. No se puede sostener una posición hegemónica si se despierta mucha repulsa. Donald Trump sería el ejemplo de líder descompensado, porque sus detractores en Estados Unidos son tantos o más que sus partidarios. Nadie puede gobernar una sociedad con la mitad de la gente en su contra, ni siquiera con la ayuda del populismo. ¿Y qué ocurre en Euskadi con las antipatías y simpatías públicas?

El último Deustobarómetro, encuesta que elabora la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad de Deusto, revela datos elocuentes sobre la antipatía hacia los partidos. Y así, la clasificación del repudio lo encabeza Vox, con el 74,3%, seguidos por el PP, con el 59,1%, y Ciudadanos, con el 54%. Es decir, a más de la mitad de la ciudadanía vasca les resultan aborrecibles estas fuerzas políticas. En un mejor equilibrio está EH Bildu, con un 26,9% de repudio pese a ser la segunda fuerza del país. Mejores son los números del PSE, con el 16,4% de antipatía; Podemos, con el 15,2%, y el PNV con la menor tasa de rechazo, el 14,2%. ¿Explica esto la recaudación de votos de unos y otros? Sí, por supuesto; pero el orden de las fobias no se corresponde del todo con los sufragios obtenidos. La izquierda abertzale tiene un notable problema de aversión social que le impedirá, por su incapacidad moral ante el pasado y los residuos de sus quimeras revolucionarias, ganar por ahora las elecciones en Euskadi, mientras que al partido de Pablo Iglesias le falta convertir sus simpatías en votos, es decir, cae bien pero no tanto como para ser considerado capacitado para gobernar.

            Para abundar en esta liga de apegos y desafecciones, la misma encuesta pone al PNV en casi todas las combinaciones de pactos tras las elecciones municipales y forales. ¿Cómo es que los votantes de Podemos niegan a sus líderes y apuestan en su mayoría por gobernar con jeltzales y socialistas? ¿Y cómo es que los electores de EH Bildu tienen preferencia en coaligarse con el PNV? Este es el clima emocional de la gente con las rivalidades. Dicho de otra manera, el PNV es el adversario preferido, lo que indica que los jeltzales no caen mal entre quienes no les votan y le reconocen su validez y primacía. Por el contrario, con el PP apenas nadie quiere acordar, precisamente porque el partido de Casado y Alonso se ha ganado a pulso la reprobación y andan descentrados y sin rumbo, apestados por la compañía de sus socios de la extrema derecha. El colmo del PP es que hasta entre los suyos está mal visto.

¿Por qué gana siempre el PNV? 

            En España te hacen esta pregunta, admirados por la fortaleza del partido presidido por Andoni Ortuzar. Y aunque no sea del todo cierto, porque Podemos ya se impuso al PNV en 2015 y 2016, en dos elecciones generales, y Zapatero le superó en 2008, hay un liderazgo nacionalista vasco indiscutible y sostenido, lo que se explica por diferentes motivos, entre los que está el tema objeto de este artículo: el PNV cae bien entre quienes no le votan. Nadie le ha regalado nada, tiene un largo periplo de servicio a Euskadi y de gestión eficiente de las instituciones propias y ha contribuido a la gobernabilidad del Estado desde sus posiciones. Y junto a estos méritos, ha hecho una buena administración de los sentimientos, que es clave a la hora de tener prestigio y menguar el desapego.

            La gestión emocional del PNV se basa en su propio espíritu de partido vasco, su exclusividad y su vocación esencial por Euskadi. Es una fuerza nacional y en esto se incluye lo que pertenece al alma del país: su cultura, su lengua, sus instituciones y su gente, de manera que tiene la misión, básicamente defensiva incluso de resistencia, de garantizar su supervivencia y su inserción en el mundo moderno. Con 125 años de experiencia, ha sabido conservar su espíritu original y proyectarse en la economía, la industria productiva y la innovación, el desarrollo democrático y la cohesión social. Nadie en España hace políticas de solidaridad tan avanzadas como las impulsadas por el PNV, eso sí, con la participación de otros partidos. Hasta en España se reconoce este valor: tumbó con sus cinco votos al corrupto Rajoy y sus seis escaños actuales contribuirán a hacer presidente a Sánchez, dejando en evidencia la demencia retrógrada y hostil de las tres derechas.

El liderazgo del PNV es completo, de la cabeza al corazón. Ha pactado con todos, a la europea. Y esto crea respeto entre sus rivales, incluso en España donde cuesta tanto ponerse de acuerdo entre desiguales. Poco dado a giros extraños y palabras altisonantes, que disgustan a la mayoría, los jeltzales son bastante previsibles. Algunos querríamos algo más de atrevimiento en soberanía, educación y demografía y un cambio de aliados, pero son tiempos de calma.

El populismo como sucedáneo emocional

            Uno de los males del populismo, enfermedad de la democracia actual, es su fijación en el uso de la vía emocional para alcanzar lo que es imposible con el argumento y la razón. Por este atajo trata de cautivar el descontento y a quienes son poco dados a pensar. No les importa gestionar la antipatía, sino conducir la mala leche y otros sentimientos de este género elemental. Así lo ha hecho Trump, el Brexit y también Vox, el partido del patriotismo ofendido, como antes lo desarrollaron los movimientos fascistas de Le Pen, en Francia, y Salvini en Italia. Les da igual caer mal a muchos, mientras se ganen por vía neurótica a una mayoría. No aspiran a ser líderes morales, sino a tutelar la frustración y el miedo. Ganan el presente, pero pierden el futuro. 

            Durante siglos la Iglesia católica sembró su autorepudio mediante dogmas forzosos y control de las conciencias. El resultado es que hoy su fe suscita indiferencia y su rechazo es general. Es curioso que ahora sea más valorada como ONG, por la labor de Caritas y otras entidades de su iniciativa, que como religión. Su tardía y opaca reacción contra la pederastia de sus pastores deja un profundo rencor social, mucho más que simple repulsión. Según datos de la Fiscalía General del Estado, en 2018 se registraron 1.091 casos de abusos y agresiones sexuales a menores en el entorno de la Iglesia católica frente a los 965 de 2017. ¿Aspira al odio absoluto?

            Lo inteligente es aceptar el grado de antipatía que despertamos en otros y sobrevivir a ella. En su soberbio libro, “Atrévete a no gustar”, Ichiro Kishimi apunta que “es como el político que recurre al populismo y empieza a hacer promesas imposibles de cumplir y a aceptar responsabilidades que lo superan. Irremediablemente, las mentiras saldrán a la luz antes de que pase mucho tiempo. Dejarán de confiar en él y empezará a sufrir mucho. (…). Entiéndelo. Cuando vivimos para satisfacer las expectativas de los demás y les confiamos nuestra vida, vivimos mintiéndonos a nosotros mismos y, por extensión, a quienes nos rodean”. Lo que señala el psicólogo japonés es que el rechazo es inevitable y no se puede vivir como desgracia a condición de mantenerla a raya. Ser antipáticos es una patología, pero querer caer bien a toda costa es mayor inmadurez.

3 comentarios sobre “PNV, el adversario preferido”

  1. Es evidente. y Vd. lo eplica bien que Trump se equivoca. Busca adhesiones sin importarle el rechazo que genera. Un presidente, debe, intentarlo, ser presidente de todos, esa es la máxima.

    Meterse con negros u otras etnias, en américa quien procede de europa es ridículo. Es mas que eso, los europeos fueron a colonizar américa, desgraciadamente aniquilando al mismo tiempo los pueblos autóctonos. Los africanos fueron como esclavos de los europeos que se decian cristianos iban a misa y no pasaba nada.

    Otra cuestión es a quien prefiero como superpotencia, a rusia, EEUU, o China……… EUROPA¡¡ pero sin Gb no puede ser, quizá este esto detrás del brexit.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *