Diario de cuarentena. Día 15. Parar un país

Esencial es la palabra dominante en esta crisis pandémica. Pero no se habla de lo permanente o invariable del ser, la esencia. No estamos para filosofar. Primero vivir. Han tomado la palabra esencial en su acepción de imprescindible o necesario. ¡Ay Dios! ¿Y qué es lo esencial, lo que no puede parar? Cualquier respuesta es arbitraria.

Esenciales, para mí, en cuanto a actividades económicas sería toda la cadena industrial. Y toda la cadena alimentaria. Y toda la cadena de transportes. Y, por supuesto, toda la cadena sanitaria y de cuidados a las personas. 

Prescindibles y no necesarias, sería aquello de lo que se puede renunciar durante un tiempo y cuya reanudación no sea irreversible. No se puede cerrar una acería. Ni una planta química. Ni una cinta de reciclaje. Ni la producción que enlaza sectores. Se puede parar una discoteca o la tienda de caramelos; pero eso ya estaba parado. ¿Qué pretende detener ahora el presidente Sánchez? ¿Quiere darle al botón de stop y que después la maquinaria no funcione? ¿Qué cree que es una planta de fabricación, una barraca de feria?

Hay cosas absurdas en esta historia. Esta mañana he ido, como cada día, a por la prensa y el pan. Y con el pan he comprado unos croissants, para acompañar el café y las noticias, un ritual. ¿El pan y los croissants son esenciales?, me preguntaba. Pues no, no lo son. Podría vivir son ellos, peor, pero sobreviviría. 

Cuando estos días voy al súper, puedo comprar perfumes y latas de caviar. Y champán. Y licor de limoncello, que me encanta. ¿Son esenciales? Claro que no. ¿Y ahora quiere Sánchez parar Euskadi, que es una gran fábrica de casi todo y dejar que viva el limoncello? Los croissants que sigan, pero la industria de la automoción que se detenga. No es coherente.

¿Van a ir Belén Esteban, el loco Matamoros y María Patiño, cada cual con su veneno, a trabajar mañana a Telecinco? Allí estarán. Por lo visto son esenciales. Y sin embargo, cerrarán Euskadi. No puede ser. 

Si esta decisión desesperada de parar -¡menos lo esencial!- todo el país no se aplica con flexibilidad e inteligencia podría dar lugar a situaciones de rebelión. El Gobierno Vasco, por su autoridad, podría permitir la actividad del sector industrial y auxiliar. Y entonces, ¿va a enviar Sánchez o Marlaska a la Guardia Civil a cerrar esas fábricas? ¿A tiros? Es kafkiano esto.

Parar el contagio del virus no puede ser matar de pobreza a todo un país. Destruir la epidemia así, a lo bestia, es como matar moscas a cañonazos. Escuchen a empresarios y trabajadores. Y decidan con criterio de presente y de futuro.   No vamos a suicidarnos.

11 comentarios en «Diario de cuarentena. Día 15. Parar un país»

  1. Pues acabo de leer que si te ven comprando cruasanes te puede caer una bronca de la policía vasca que te revisa la bolsa de la compra.
    O si en un súper compras cosas no esenciales las cajeras te riñen.
    Y si paseas al perrillo te miran algunos como si fueras un criminal.
    Desconcierto y mala h..a partes iguales.

  2. ¿Cuánto ha pensado usted antes de escribir este artículo, señor Blázquez? Minuto y medio?
    Pues mira, a mí me parece que está fatal.
    Se pueden cerrar los 8 días que pide el gobierno cantidad de fábricas sin que se resienta ABSOLUTAMENTE NADA la economía de Euskadi: concretamente todas las que cierran un mes entero en Agosto todos los años. O no?
    Es que estamos todos tontos? No tiene usted más materia gris?

  3. Parece que no le importa a usted salvar quizá decenas o centenares de vidas……
    Recuerdo los buenos tiempos, cuando se decía aquéllo de «no hay razón que justifique la pérdida de una vida humana».
    Ahora queda claro que sí que la había: el dinero. Y no mucho

    1. Falsa alternativa y falaz a más no poder, Fernando. No es elegir entre vida o trabajo. Es vida y vida. No hay causalidad entre cerrar las fábricas y para la epidemia. No, señor. Pero si usted lo ve así, pues muy bien.

  4. Lo escribí ayer referente al artículo de Javier Vizcaíno, pero viene a cuento:
    Hola, Javier; pues no sé, creo que estamos yéndonos por las «hojas», cuando el problema es de una entidad que se nos escapa, por inédito y desconocido. Está muy bien hacer crónicas sociales sobre aspectos periféricos de la situación, cuando lo que está ocurriendo tiene una proyección sideral. Hoy El Gobierno de España ha decretado el cese por dos semanas de todos los servcios «no esenciales». Esto va ha generar que, a la crisis de «demanda» se añada una crisis de «oferta»; o sea, que ya el problema no va a ser tener dinero para comprar bienes esenciales, sino que exista una oferta mínima de dichos bienes para poder adquirirlos, a pesar de tener dinero para ello. Existen unos stocks de productos, de los que se está haciendo uso; si estos stocks no se renuevan…, pues bueno, no creo que haya que echar mucha imaginación para saber lo que puede pasar: escasez, inflación desbocada, racionamiento, indisciplina social y saqueos,… ¿Que me estoy poniendo apocalíptico? Pues nada, leer la la crónica de Angel Gómez Fuertes desde Roma del 28/03 para el ABC.

  5. Amigo Fernando; no es comparable un parón brusco e inesperado de «toda actividad» económica de un país entero que un cierre programado en el tiempo y que no afecta a toda la actividad a la vez. Hay pedidos en fabricación que hay que cumplir, lineas de producción en marcha que tienen su tiempo y que es nociva e incluso peligrosa su paralización, actividades de reparación y mantenimiento, etc que no se pueden interrumpir de sopetón, salvo riesgo de desastre. A eso vamos. No sé porqué me da que, los mismos que reclamáis el «cierre total», sin importar el precio, al día siguiente de que se empiece a atisbar la salida a la crisis sanitaria, vais a exigir que no haya ni un despido, trabajo para todos y con salarios «dignos», subsidios generosos para el resto de la población que no pueda o quiera trabajar. Y «dos huevos duros». Y que lo paguen «los ricos», o los holandeses, que ya han dicho que «ni flores». «Pos muy bien, pos me alegro».
    En cuanto a la valoración de los muertos, pues ojito con mentar la soga en casa del ahorcado. Creo que todavía no hemos llegado en el trascurso de esta crisis a la mitad de los muertos causados por «alguien» o «alguienes» en la búsqueda de no sé muy bien que «Arcadia feliz». Durante muchos años mucha gente en este país ha tenido un aprecio muy relativo de la vida humana, por lo que creo que es mejor ser prudente y discreto en la utilización del argumento de la absoluta prioridad de una vida humana para acallar cualquier tipo de discrepancia sobre la consigna emitida por los «líderes supremos».

  6. osakidetza es la organización sanitaria pública responsable en Euskadi y dependiente del Gobierno Vasco. Puentearla además de feo es contraproducente porque nadie mejor que ella sabe que y como hay que hacerlo.
    Pero claro, Pedro no se atreve.

    Aqui vamos a lo de siempre y es que unas son CCAA( algunas uniprovinciales) y otras nacionalidades, con un nivel de organización superior como creo que ha quedado patente tanto por competencias determinadas, como por los éxitos de gestión. Y esto ya debía de estar superado.

    El perfil de Euskadi es distinto luego la solución se antoja también distinta

  7. Amigo Vázquez: Me quedo con el paisaje de circo que aciertas a presentar: Belén Esteban y Matamoros (y otras eminencias menos evidentes, pero igualmente prescindibles) funcionando a toda pastilla e ingresando sus buenos fajos en la faltriquera a cuenta del morbo. Mientras, Sidenor, ITP, Cie, y cerrado, con un gasto reconocido para su reapertura. Los empleados no lo pagarán, pero tampoco lo ahorrarán.
    Los ERE’s y despidos que se avecinan formarán olas, no, tsunamis, que es lo que pasa después de un maremoto, como el que ha decidido Sanchez, el plurinacional.
    La contrapartida (dinero o vida) es propia de un sermón medieval, que es al contexto en que nos movemos (la peste, Europa enfrentada, la inquisicion en los balcones…)
    Mañana me comeré un croissant de desayuno en tu honor. Eso sí, con un hijo que no irá a Cie Automotive a morir, porque estará conmigo, que no tengo ningún peligro, ya que voy con mi mascarilla a Eroski con otras 200 personas.

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