Que manden ellas en el fútbol

Se acabó el empacho de Eurocopa y Juegos Olímpicos que han encumbrado a TVE al liderazgo y barrido a Antena3. Es un respiro democrático en un Estado donde las cadenas privadas controlan el 75% del consumo televisivo, frente al 25% de los medios públicos. Este jueves, en San Mamés, vuelve la normalidad de La Liga, el espectáculo que más espectadores, pasiones y dinero acapara entre todos los negocios deportivos y audiovisuales. Movistar+, DAZN y Orange tienen los derechos y ponen las taquillas, menos los lunes en ETB1 con los partidos de los equipos vascos. Los abogados de Javier Tebas no consiguen neutralizar la piratería, pese a las amenazas penales y la tecnología. Es como en el antiguo Atotxa, que dejaba ver el juego desde el balcón de un edificio próximo, pero en digital.

Hay novedades en el reglamento que nos afectarán. Que solo el capitán pueda protestar al árbitro ocasionará una plaga de tarjetas amarillas. ¿Quién puede callar a Vinicius y al Cholo, adictos a la queja?  El VAR es el rey del campeonato decidiendo goles, penaltis y resultados. En la era de la inteligencia artificial dos personas y una máquina tienen el fútbol en sus manos, dejando, con su arbitrariedad, descontentos a todos. La nostalgia nos lleva a tiempos en que los árbitros (Mejuto, Guruceta, Mateu) abandonaban el campo bajo una lluvia de almohadillas.

Hay otra revolución en marcha. La Federación tiene abierta una campaña para que las mujeres opten por el arbitraje profesional, un lucrativo y tenso oficio. ¡Hazte árbitra!, reza su lema. Ya hay linieres, pero aún no tienen el silbato. Cuando eso ocurra, el balompié adquirirá un valor social del que carecía. Que un deporte tan machista como el fútbol lo dirijan ellas es un gran un salto de libertad. Convenzan a sus hijas y nietas.

JOSÉ RAMÓN BLÁZQUEZ

París, récord de fantasías

Las Olimpiadas podrían ser el símbolo de la utopía de la fraternidad, pero los Juegos de París son lo más blindados de la historia ante la amenaza terrorista. Podrían ser un evento de patriotismo global, pero en ningún otro acontecimiento se dan cita más banderas nacionales. Podrían ser canto de libertad, pero ahí están China, Cuba, Corea (¡y menos mal que no está Rusia!) para afirmar deportivamente sus sistemas totalitarios. Podrían ser una fiesta de concordia, pero todo es aplastar al rival o morder el polvo. Podrían ser una aventura donde lo importante fuera participar, pero el medallero proclama las diferencias. Aquí el oro y la plata cotizan lo mismo que en el mercado de metales preciosos de Londres. Podrían ser un espacio de bandera blanca, pero brillan los logos de prendas deportivas y dioses del consumo, que patrocinan esta historia. Ciertamente, son un espectáculo mundial, pero no universal. Dejémonos de poesía.

Francia se lo ha montado como gran campaña de imagen. Es lo que fue la inauguración, cuajada de intenso chauvinismo, húmeda y romántica sobre el Sena y con Céline Dion al borde del patetismo. Memorable su globo de fuego. París no es la ciudad del amor ni de la luz, ni la grandeur, ni una novela de Víctor Hugo: esos son arcaicos eslóganes. Es una ciudad seductora, pero ombliguista y con un sinfín de dramas sociales. Lo que el espectador no sabe es que las retransmisiones se hacen con un preventivo retardo de diez segundos para evitar que atentados o hechos graves lleguen a los televisores.

¿Batirá París el récord de tres mil millones de espectadores alcanzados por Tokio en 2021? Creo que sí, porque todo es más grande, aunque no mejor. Sube la dimensión, pero se reduce la esencia. Al mundo le sobran símbolos porque le faltan realidades.

JOSÉ RAMÓN BLÁZQUEZ

ETB y la autoestima de Euskadi

Bien podría el lehendakari Pradales impulsar su primera legislatura con una fuerte campaña de autoestima de país para que la realidad social de Euskadi, basada en los mejores datos objetivos, no difiera de la percepción de la gente. Lo falso se derrumba con un buen empujón de racionalidad. Según el índice DEC 2023, los servicios de protección social de la CAV han sido los únicos en obtener la calificación de Alto, seguido por Nafarroa. Si añadimos la baja tasa de desempleo, el PIB per cápita y la actividad económica e industrial, tenemos un cuadro de situación que no se compadece con el catastrofismo que mercadean ELA y EH Bildu. Su activismo populista y virulento, replicado con nuestra parsimonia contemplativa, han adulterado el relato.

El lema del lehendakari Urkullu era “Euskadi, bien común/Euskadi, auzolana”, hacia el compromiso social y la implicación colectiva. Ahora, con la mejora cualitativa de áreas sensibles y la narrativa, hay que neutralizar el descontento (y a sus falsarios) para que no se convierta en un mal crónico, esquizofrénico. Creo que no se valora a EiTB su aporte democrático de equilibrar, día a día, con su liderazgo informativo la tutela y el control pretendidos por Vocento y Atresmedia. ¿Qué serían de la libertad y la identidad de Euskadi sin el contrapeso informativo de la radiotelevisión vasca?

¿Quién nos regalaría el espectáculo único de las traineras, los partidos de pelota, quién nos ofrecería una plataforma streaming como Primeran, quién daría a nuestros niños y jóvenes la maravilla de Makusi, quién podría hacer más por el euskera y la cultura vasca, quién nos serviría la fuerza de El Conquistador y un entretenimiento sano? ETB es espejo y reflejo, para vernos y que nos vean, autoestima y cohesión de país. Pues así en todo.

JOSÉ RAMÓN BLÁZQUEZ

Crimen sobre Ortuella

Con insólita unanimidad y “de manera respetuosa y enfática”, los grupos políticos de Ortuella han requerido a Netflix que “no se realice ninguna película o producción audiovisual que trate sobre el drama que nuestro pueblo vivió en el pasado”. La localidad minera perdió de golpe, en 1980, a cincuenta de sus niños y a tres adultos por una explosión de gas en el colegio Marcelino Ugalde. Más de cuarenta años después su recuerdo y sus heridas incurables merecen cierta delicadeza. Sea compasiva o no con Ortuella la plataforma de streaming, el mal ya está hecho.

El Niño, la novela de la que podría surgir la serie televisiva, es un fangal oportunista. Y no crean que sus 272 páginas profundizan en el dolor del pueblo y las familias afectadas. Nada de eso, Fernando Aramburu nos presenta un culebrón sórdido acerca del verdadero padre del crío de 8 años, una de las víctimas de la tragedia. En suma, estamos ante un folletín sexual reiteradamente utilizado por la peor literatura de masas y no muy diferente a lo escrito por Sonsoles Ónega en Las hijas de la criada, el mayor atentado literario desde 50 sombras de Grey, libros tan vendidos como embaucadores.

El sufrimiento de Nicasio, el abuelo que visita cada jueves la tumba de Nuco, y el desgarro de los padres serían de igual entidad si el niño hubiera muerto de cualquier otra forma accidental y si en vez de Ortuella hubiera acontecido en un condado de Carolina del Norte. El propósito es revolver suciamente la vida íntima de una pareja con la excusa de la pérdida de su hijo. Lo demás es pirotecnia de marketing editorial. En Euskadi tenemos la ventaja de conocer el percal con el precedente de aquella historia mediocre y simplista que fue Patria, tomada después como relato conveniente por el Estado. Aramburu ha confesado no haber estado nunca en Ortuella. ¿Y por qué iba a visitarlo si todo lo escrito era ajeno al pueblo?

JOSÉ RAMÓN BLÁZQUEZ

Tregua en San Fermín

Las fiestas son pura contradicción. Según donde se celebren, por ejemplo, en Iruñea, muchos antitaurinos dejan de serlo milagrosamente al llegar los Sanfermines y hasta corren los encierros; mientras que, digamos en Bilbao, esa misma gente vocifera contra el cruel festejo. En este cinismo los dirigentes de la izquierda abertzale (y el alcalde Asiron) son campeones: lo que vale en un territorio, no vale en otro. Para este viejo antitaurino, que publicó su primer artículo contra la tauromaquia en 1979, las fiestas de nuestros pueblos y ciudades son un horror, pero las acepto con entereza democrática confiando en que pasen rápido. O salgo pitando.

Televisan las fiestas porque a la gente le gusta que se vea lo bien que lo pasan, aunque sea aparente como todo retrato costumbrista. TVE, que tiene contrato eterno con San Fermín, ha hecho madrugar a 1,4 millones de curiosos de media en los ocho encierros y difundido sus icónicas imágenes a multitudes de todo el mundo. De nuevo Julian Iantzi y Ana Prada han tocado la tradicional sinfonía navarra en tres movimientos: primero, allegro, pre-encierro y cántico al santo; segundo, presto, la carrera; y el tercero, adagio, el parte de heridos. ETB1, con Iban Garate y sin margen de maniobra, los ha transmitido en euskera con su propio estilo y solvencia.

Las corridas no se emiten en la cadena estatal por decencia, a lo que se oponen PP y Vox, la España “devota de Frascuelo y de María”. La televisión autonómica de Aragón sí lo hará diez años después de haberlas cancelado. No por casualidad, allí mismo, en Teruel se ha celebrado -con permiso de la autoridad- un festejo del bombero torero; sí, ese atroz esperpento que creíamos caducado en el que la chusma se ríe a costa de personas con enanismo. Estas cornadas nos matan.

JOSÉ RAMÓN BLÁZQUEZ